ÁGUEDA CAMPOS BARRACHINA y su marido ARMANDO MUÑIZ RUIZ, militantes del POUM, fueron fusilados por franquistas en el paredón de Paterna (Valencia) en 1941

Agueda Campos Barrachina y Armando Munniz Ruiz word pressLas mujeres antifascistas de la España franquista no eran presas políticas; sólo delincuentes. Entre abril y noviembre de 1939, los franquistas encerraron en el centro penitenciario Nueva Convento de Santa Clara a unas 1.500 mujeres. Una de ellas era Águeda Campos Barrachina, natural de Sóller (Mallorca), tenía 29 años. Fue militante y portera de un local del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en Valencia, como explica la doctora en Historia por la Universitat de València Vicenta Verdugo.

Junto a Águeda fueron encerrados sus 2 hijos, Vicente y Pepe, de 4 y 3 años. La experiencia de niño encarcelado junto a su madre ha sido relatada por el hijo de Águeda, Vicente Muñiz Campos, en su libro “Agualimpia. Hijos de la República”.

Verdugo advierte de que «el mero hecho de ser militante era suficiente para ser detenido, encarcelado, castigado y fusilado». A Águeda Campos se la sometió a un consejo de guerra en el que el abogado defensor tenía como mucho 3 horas para preparar la defensa. No se le permitió ni siquiera establecer un careo», continúa Verdugo. Las palabras del nieto de Águeda son contundentes con respecto al juicio: «No existía la presunción de inocencia. Entonces, si tú eras un rojo o una roja y estabas en la cárcel después de la guerra, tú no eras presuntamente inocente, sino lo contrario».

Pero Águeda Campos, además de su vinculación al bando Republicano, fue acusada del asesinato de 3 mujeres. «Realmente no hay ninguna prueba, no hay ni siquiera un nombre», denuncia la doctora en Historia. En realidad, los franquistas le tenían ganas a Águeda, por su actitud antifascista. Águeda protagonizó episodios de resistencia al sometimiento religioso y a las exaltaciones del franquismo. La monja superiora dio parte de que “realizó junto con otras 2 reclusas actos contra el Glorioso Movimiento Nazional por lo que se la recluye en celda de corrección”.

El 14 de abril de 1940 Águeda confeccionó con unos trapos y un palo de escoba una bandera Republicana que exhibió alrededor del patio de la prisión junto a otras 2 reclusas. Era una mujer muy convencida de lo que hacía, fueron por toda la cárcel con la bandera con vivas a la República y con abajo la dictadura. Ahí es donde prácticamente se ganó la pena de muerte y, por simpatía, también su marido.

Milagros Querol, presa también en Santa Clara, relataba así a Tomasa Cuevas en su libro “Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas” el momento en el que Águeda Campos fue trasladada del convento a la prisión, donde los franquistas conducían a quienes iban a fusilar: «Un día la llamó el director: ‘Águeda Campos, la llaman a usted a comunicar’. Águeda no se lo creyó. ‘Nada de comunicar, yo estoy pendiente de un fallo o de una ejecución’. Con toda dignidad, se vistió, se pintó, se arregló y se fue. Y al irse me dijo: ‘Milagros, tú tendrás más suerte que yo. Prométeme que irás a ver a mis hijos’ «.

La desobediencia de Águeda Campos no cesó hasta momentos antes de su ejecución. María Añó, otro de los testimonios reunidos por Tomasa Cuevas, rememoraba: «Esta mujer no se había querido confesar, ni se confesó, realmente ni quería, ni quiso, ni lo hizo. Cuando entraron en su celda para que se confesara la directora de la Provincial, el cura y Ramón de Toledo (director de la cárcel Modelo de hombres), ella dijo que “no podía confesarse ante unos señores que iban a fusilarla y que dejaban a sus hijos sin padre y sin madre, que ella no se confesaba».

El 5 de abril de 1941, Águeda Campos y su marido Amando Muñiz, de 30 años, fueron asesinados por un pelotón franquista en el «Paredón de España» (Paterna) junto a otros 10 antifascistas. Los huesos de ambos todavía están sepultados en una fosa del cementerio de Paterna. Fue una de las 41 mujeres fusiladas en territorio valenciano, según el historiador Vicent Gabarda. El único crimen de Águeda Campos denuncia Verdugo, «fue ser militante del POUM y ser pobre». Tuvo que pagar un alto precio por defender la libertad en la que ella creía. Por ser mujer.

Sus hijos quedaron huérfanos. Pasaron el resto de su infancia y adolescencia en hospicios. Cuenta Vicente que “Más que las monjas no parecían de la caridad sino de las SS. No se quitaban la vara de la mano. Palizas y castigos diarios. Toda nuestra educación fue el nacionalcatolicismo. El cara al sol, las misas y los rosarios eran diarios. Y además el silencio. Como miles de hijos de antifascistas represaliados, también fuimos víctimas del régimen franquista”.

Vicente Muñiz guardaba con ahínco un trocito de tela que les cortaron a sus padres antes de fusilarlos. Su única herencia. En la memoria permanece el recuerdo de una lucha que Águeda Campos pagó con su vida acusada de un delito que nunca cometió.


Documentos: Eldiario.es (Marta García / María Palau). Represión franquista sobre las mujeres. Cárceles y Tribunales de Responsabilidades Políticas (Ana Aguado Y Vicenta Verdugo). Recuperant República (Vicente Muñiz)


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española