Los Terribles PADECIMIENTOS de mujeres REPUBLICANAS presas en cárceles franquistas. Parte 3.- Vejación, Agravio, Humillación, Penuria, Degradación

presas de franco 3 word pressA las mujeres españolas les arrebataron los derechos conseguidos durante la República, perdiendo la oportunidad de participar en la vida cultural, económica y social. El régimen franquista acabó con las nociones de igualdad. La represión sobre la moralidad y la conducta privada fue mucho más acusado sobre las mujeres que en los varones. El término despectivo de la roja hacía referencia a una opción política reprobable, y a una condición moral censurable y punible. En el imaginario de los vencedores, la representación cultural de la roja encarnaba un modelo de feminidad opuesto al que ellos defendían, como guardiana de la moralidad, la obediencia y los valores de la tradición. Las republicanas, las rojas, padecieron la violencia y la represión, al ser consideradas como una opción política y moral infame en la percepción indignada y la memoria colectiva de los franquistas.

Las encarceladas políticas eran doblegadas a través de una acción integral sobre su cuerpo y atuendo, que debía hacer sucumbir a quien no quería ser redimida. La presión de género sobre la población penitenciaria femenina conllevó duros y sórdidos castigos. Muchas presas capturadas en plena juventud, algunas casi adolescentes, alcanzaron la menopausia por los largos años de encerramiento, lo que hizo estragos en su estabilidad emocional. Fueron ridiculizadas por monjas y funcionarias que atribuyeron un castigo divino merecido por su condición política.

Los agentes religiosos católicos, como institución íntimamente aliada con el Ejército, tuvieron una presencia dominante. La sintonía entre ambas instituciones como protagonistas del hito histórico fue total, con un calculado reparto de papeles. A las vencidas había que vigilarlas, reeducarlas y purificarlas, y a ello el sistema carcelario franquista se dedicó con especial ahínco. La actividad cotidiana de las prisiones femeninas se concentró en las manos de religiosas, funcionarias, guardias y capellanes. Un amplio colectivo de presas que no estaban bautizadas o cuya práctica religiosa era prácticamente nula estimuló una intensa actividad catequizadora.

La asistencia a misa, las confesiones, bautizos, comuniones eran obligatorio para las reclusas, desempeñando un lugar central en la actividad cotidiana de la prisión, y generando una reacción de rechazo por parte de un sector importante de las internas. El bautizo de sus hijos era publicado en la prensa como una noticia de sociedad y el matrimonio eclesiástico necesario para consentir comunicar a una pareja. En este contexto cabe situar el suicidio de la dirigente comunista Matilde Landa Vaz. Incapaz de hacer frente al asedio de las autoridades religiosas para que se bautizase, acabó precipitándose desde una terraza al patio interior del establecimiento, pasando a ser considerada una heroína antifranquista de la resistencia comunista de posguerra.

La práctica totalidad de los servicios quedaban bajo la responsabilidad de monjas: desde la custodia y control de las reclusas, la vigilancia de la puerta, la enfermería, la escuela, la biblioteca y la capilla en colaboración con el capellán. La imposición de sanciones y castigos quedaba en manos de la madre superiora, jefe de servicio permanente. Órdenes religiosas femeninas como las hijas de la caridad, las oblatas, adoratrices, mercedarias y tantas otras, volvieron a las prisiones de mujeres de la mano de los sublevados, tras el hiato republicano, para desempeñar una función que habían venido realizando durante décadas.

Algo, sin embargo, había cambiado irremediablemente: Una guerra en la que habían tomado claramente partido, una Cruzada en la que habían resultado vencedoras. La politización de estas órdenes era más que evidente, pero es que las usuarias de las cárceles también habían cambiado radicalmente. El perfil dominante durante la guerra y la primera posguerra fue el de la roja como encarnación concreta de enemiga de la religión. La tradicional dialéctica ya de por sí conflictiva entre correctoras y corregidas, entre carceleras y encarceladas, vio reforzados sus términos de oposición con el aporte de la variable político-ideológica.

El «rescate espiritual» se conquistaba con «actos positivos de enmienda», la sumisión del disidente político. El rescate, dirigido por el Patronato Central de Redención de Penas, gestionaba el trabajo realizado en la cárcel en condiciones de explotación: Incluía, el trabajo, la conducta y la instrucción primaria y religiosa, alcanzando la colaboración periodística de las reclusas en el órgano del Patronato, el semanario Redención, destinado a los presos y a sus familias. Se trataba de una colosal empresa de explotación laboral y de una gigantesca operación de «propaganda» entendida en un sentido «evangélico». El universo penitenciario franquista devino coto prácticamente cerrado de acenepistas, en estrecha relación con las autoridades eclesiásticas, al amparo de los diversos ministros de Justicia del campo tradicionalista.

Pero muchas presas organizaron su capacitación política, trabajos de subsistencia, discusiones con otros grupos, generando una gran familia antifascista, sobre todo en la prisión de Ventas convirtiendo a la cárcel madrileña en símbolo perfecto. Los relatos fueron corriendo de cárcel en cárcel, sus condiciones de hacinamiento, el alto número de ejecutadas de posguerra, su condición de prisión central que acogió a mujeres de toda España. Cada episodio de martirio y resistencia devino narración, relato de un patrimonio memorialístico colectivo que fue circulando con fines ejemplarizantes. La resistencia femenina antifranquista carcelaria fue notable, abarcó todos los sectores de la lucha y gracias a una tenaz voluntad política muchas mujeres construyeron y mantuvieron en la clandestinidad una red de solidaridad, de información y de documentación de altísimo valor moral y académico.

Para todas ellas, mujeres Republicanas, que sufrieron desdicha y desgracia en las crueles prisiones franquistas, nuestro recuerdo emocionado, nuestra solidaridad y gratitud por haber defendido, y mantenido en alto los valores Republicanos de libertad, democracia e igualdad que el nazismo, el fascismo, el franquismo cercenaron violentamente en nuestra patria España.


Parte 1.- Represión violenta, Palizas, Torturas, Muerte

Parte 2.- Hambre, Enfermedad, Suciedad, Miseria, Carencia, Robos de hijos


Documentación: Foro por la memoria Castilla y León. Juan López (1 y 2). Radio recuperando memoria (Nanny García Gómez). Las rosas de Saturraran (Pilar Molina). Búscame en el ciclo de la vida. Público (Lidia Falcón). Mujer, guerra civil y represión franquista en Cantabria, j. R. Saiz Viadero. Jack chatterley. Línea 36 (Rafael Narbona). Las galeras de mujeres. Presas de Franco.


Y los libros: Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas. Tomasa Cuevas
Desde la noche y la niebla (Mujeres en las cárceles franquistas). Juana Doña
Juana Doña y el manantial de la memoria. Memorias de las cárceles franquistas de mujeres. Fernando Hernández Holgado
Cárcel de Ventas. Mercedes Núñez
Presas de Franco. Ed. Sergio Gálvez Biesca. Fernando Hernández Holgado
Víctimas de la Guerra Civil. Francisco Moreno
Cárceles de mujeres: La prisión femenina en la posguerra. Ángeles Egido León
La violencia política contra les dones (1936-1953). Ricard Camil Torres y Antoni Simó
La memoria histórica de algunas mujeres antifranquistas. José Romera Castillo
La prisión militante. Ventas (Madrid) y Les Corts (Barcelona). Las cárceles franquistas de mujeres de Barcelona y Madrid (1939-1945). Fernando Hernández Holgado


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Los Terribles PADECIMIENTOS de mujeres REPUBLICANAS presas en cárceles franquistas. Parte 2.- Hambre, Suciedad, Enfermedad, Miseria, Carencia, Robos de hijos

presas de franco 22 word pressLa enfermera Trinidad Gallego, antigua presa de Ventas, tenía claro el objetivo de los franquistas, «Deshacer las casas de todos los que hubieran pensado diferente. Por eso se ejerció la represión «familiar», en la cárcel había familias enteras». Ingresaban madres con hijas, varias hermanas, incluso las 3 generaciones de una misma familia. Falangistas y policías detenían a las mujeres de la familia cuando no encontrar a los varones que buscaban. Presas republicanas como Pilar Soler y María Pérez, dieron a luz estando en prisión.

A las Republicanas encarceladas se las privaba su derecho a ser madres en condiciones, y a sus hijos de recibir los cuidados y atención necesarios. La hispanista Shirley Mangini describió la tragedia carcelaria: “Sentadas en los petates o en el suelo muchas mujeres jóvenes, con un enjambre de niños, pálidos, delgaditos, muchos llenos de pupas, menores de 5 años, viven día y noche encerrados, hambrientos, temblando ante las funcionarias, presenciando “sacas”, oyendo los fusilamientos al amanecer. Todo esto se reflejaba en su mirada, en una expresión en los ojos que hacía daño”.

La ex presa y militante comunista Adelaida Abarca, cuenta que con el implacable calor madrileño del verano de 1939, morían cada día unos 7 u 8 niños en la cárcel de Las Ventas. En la cárcel de Saturrarán murieron 116 mujeres y 56 niños. El paternalismo franquista se encargó de que las embarazadas condenadas a muerte vieran postpuesta su ejecución durante 40 días después de dar a luz, como ocurrió con Julia Lázaro,  embarazada de los policías que la habían violado, o con Amada García. Los hijos que sobrevivían iban a parar a hospicios, así ocurrió con las hijas de Selina Casas y Margarita Navascués tras ser fusiladas en Zaragoza.

El psiquiatra franquista Antonio Vallejo Nágera insistía en segregar a los niños de sus padres republicanos, porque el marxismo era una enfermedad mental que debía ser extirpada expeditivamente: “La mujer, más aún la roja, tiene rasgos de extraordinaria inferioridad en relación al hombre; la mujer marxista es un ser degenerado, feroz con rasgos criminales”. El colmo de la abominación se materializó cuando, durante los años 40, unos 40.000 menores fueron sustraídos por los franquistas a sus madres Republicanas presas, y entregados a familias derechistas, trasladados a hospicios donde se les maltrató sin piedad redimiendo las penas de sus padres, o utilizados como trabajadores o sirvientes en establecimientos del régimen. La presión constante para separar a los hijos de las presas facilitó el dominio y control en el encierro femenino.

Se dormía en el suelo en espacios diminutos. Miles de mujeres durmiendo en el suelo o en sucias colchonetas, con piojos, chinches, en edificios viejos, miseria y suciedad por todas partes, madres con hijos pequeños llenos de infecciones. El agua racionada era tan escasa que el mismo plato utilizado para comer, sin lavarse, servía para la cena. No habían duchas o no funcionaban, por turnos las prisioneras conseguían lavarse una vez por semana o por mes. Las epidemias se ensañaban en estas personas debilitadas por la falta de higiene.

La comida era escasa y repugnante, la pésima alimentación a base de almortas, verduras podridas y sin lavar, les llevaba a comerse las pieles de las patatas, frutas y otros desperdicios. La alimentación era infame, el café con leche de la mañana era una taza de agua sucia, un panecillo de pan negro, rancho para comida y cena (potajes con habas, patatas, algunos trozos de tocino rancia de vez en cuando, lentejas con sus respectivos gusanos y piedras) y nada más. En ocasiones las lentejas eran reemplazadas por un caldo negro que se obtenía de cocer vainas de habas o por algarrobas o arroz. La mala calidad del rancho era también origen de enfermedades. En el economato de las monjas había de todo.

Hacinadas y hambrientas, devoradas por la sarna, los parásitos y la avitaminosis, las presas se llenaban de llagas que tapaban con trozos de tela que hacían las veces de vendas. Las pésimas condiciones de higiene, con los retretes llenos de excrementos y con los grifos y cisternas sin aguas empeoraban la situación. Las penosas condiciones higiénicas y sanitarias, caldo de cultivo de enfermedades infecto-contagiosas, derivó en una mortandad sorda, propia de aquella guerra invisible y alejada de la de las tapias. De un total de 59 muertes por enfermedad ocurridas entre 1939 y 1941 en la prisión de Ventas, 14 lo fueron de mujeres menores de 30 años y 12 de mayores de sesenta.

A muchos políticos y autoridades “constitucionalistas” del actual estado español, se les llena la boca hablando de estado de derecho. NO HAY ESTADO DE DERECHO si el estado olvida los derechos de los ciudadanos, que solo pueden garantizarse mediante la aplicación de la VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN para las víctimas del franquismo.

 


Parte 1.- Represión violenta, Palizas, Torturas, Muerte

Parte 3.- Humillación, Vejación, Agravio, Penuria, Degradación


Documentación: Foro por la memoria Castilla y León. Juan López (1 y 2). Radio recuperando memoria (Nanny García Gómez). Las rosas de Saturraran (Pilar Molina). Búscame en el ciclo de la vida. Público (Lidia Falcón). Mujer, guerra civil y represión franquista en Cantabria, j. R. Saiz Viadero. Jack chatterley. Línea 36 (Rafael Narbona). Las galeras de mujeres. Presas de Franco.


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Desde la noche y la niebla (Mujeres en las cárceles franquistas). Juana Doña
Juana Doña y el manantial de la memoria. Memorias de las cárceles franquistas de mujeres. Fernando Hernández Holgado
Cárcel de Ventas. Mercedes Núñez
Presas de Franco. Ed. Sergio Gálvez Biesca. Fernando Hernández Holgado
Víctimas de la Guerra Civil. Francisco Moreno
Cárceles de mujeres: La prisión femenina en la posguerra. Ángeles Egido León
La violencia política contra les dones (1936-1953). Ricard Camil Torres y Antoni Simó
La memoria histórica de algunas mujeres antifranquistas. José Romera Castillo
La prisión militante. Ventas (Madrid) y Les Corts (Barcelona). Las cárceles franquistas de mujeres de Barcelona y Madrid (1939-1945). Fernando Hernández Holgado


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Los Terribles PADECIMIENTOS de mujeres REPUBLICANAS presas en cárceles franquistas. Parte 1.- Represión violenta, Palizas, Torturas, Muerte

presas de franco 1 word pressEl falangista Ernesto Giménez Caballero anunciaba en 1939 que “..la guerra no ha terminado, sigue en silencio contra los mismos enemigos, la misma canalla que no se resignará hasta su aplastamiento definitivo, histórico..” amenaza explícita de los campos de concentración, cárceles y cementerios. Miles de mujeres Republicanas fueron encarceladas, brutalmente torturadas, vejadas, calumniadas, y ejecutadas como las presas de la prisión de Zamora, en las tapias del cementerio de Gijón, en el cementerio del Este en Madrid, o en el Camp de la Bot de Barcelona. En 1940 la población reclusa había alcanzado mas de 270.719 personas, de ellas al menos 23.232 eran mujeres. Probablemente ambas cifras son excesivamente bajas.

Los vencedores aplicaron una tradición militarista represiva contra la «anti-España» desactivando las reformas penitenciarias de la «nefasta República». Mujeres formadas e iniciadas en la política al calor de las reformas republicanas vieron castigada su osadía de desafiar al fascismo y a una sociedad patriarcal de raíces seculares, con largas penas de cárcel e incluso con la muerte. El régimen franquista llevó a cabo cotidianamente una política carcelaria mezquina ilimitada, para la aniquilación de los derrotados mediante la humillación, el hambre, el miedo, la suspensión de la dignidad humana. Desde los interrogatorios en los sótanos de Seguridad con apaleamientos y torturas, se pasaba a la horrorosa vida en las cárceles de mujeres. Los verdaderos protagonistas del «fracaso histórico del franquismo», son muy especialmente las presas políticas de las dos primeras décadas de vida del régimen.

En los interrogatorios en las comisarías se aplicaban descargas eléctricas en los ojos y genitales, la bañera, extracción de las uñas con alicates, simulacros de ejecución. Las mujeres sufrían especialmente, pues a las torturas se sumaban las vejaciones sexuales, el aceite de ricino y el corte del pelo al cero. En algunos casos, se les afeitaban incluso las cejas para despersonalizarlas aún más. Las violaciones eran moneda corriente. El testimonio de Antonia García, de 16 años, es escalofriante: “Me quisieron poner corrientes eléctricas en los pezones, como no tenía apenas pecho me los pusieron en los oídos y me saltaron los tímpanos. Ya no supe más. Cuando volví en mí estaba en la cárcel. Estuve un mes trastornada”.

Enriqueta Otero, militante comunista luguesa, sufrió hasta 6 ciclos de torturas, llegó a su consejo de guerra ayudada de muletas. Condenada a 30 años, penó por los peores penales franquistas de mujeres hasta 1965. Cuando regresó a su aldea natal, le habían quitado todo, casa y tierras, igual que a Irene Rodríguez García. Las 2, apodadas “Pasionarias”, tuvieron de narrar durante años su historia en voz baja. El ruido de las tablas sobre las que durmieron, como tantas otras presas gallegas, incordiaba en exceso la conciencia de la generación que trajo la democracia.

Desde el principio de la guerra y durante la larga posguerra, fueron denunciadas y encarceladas mujeres por su condición de Republicanas, por desempeñar tareas en la retaguardia, enfermeras, maestras, funcionarias, cocineras, limpiadoras de cuarteles, porteras, cobradoras de tranvías, amas de casa. Muchas no estaban formadas políticamente, pero otras habían desempeñado un papel consciente y activo en la lucha contra los sublevados, lo que pagaron con la muerte como las tristemente famosas 13 Rosas fusiladas en agosto de 1939 (catorce en realidad), las rosas de Guadalajara, o las condenadas en la causa general entre otras muchas. En ocasiones existía una motivación suplementaria para su detención: la de ser madres, esposas, hermanas o hijas de resistentes republicanos o antifranquistas. Hubo juicios morales descalificatorios plagados de falsedades, acusaciones de “conducta licenciosa”, “vivir amancebada”, “organizar orgías”, etc, que tenían un objetivo represivo, específico de género sobre las republicanas, para despojarlas de su condición de presas políticas, tratando de considerarlas delincuentes.

Pagaron caro su colaboración durante el conflicto en hospitales, comedores infantiles, escuelas, administración, víctimas de delaciones auspiciadas por un clima de venganza. Acusadas en las auditorías militares por delitos políticos como “actuación durante el dominio rojo”, “actuación rebelde”, “actividades rojas”, “adhesión, inducción o auxilio a la rebelión”, “delitos contra la seguridad del Estado”, “locutora de radio roja”, “roja pagesa”, “patrullera”. Más de la mitad de las presas fueron condenadas a penas de 30 años o de muerte, así fueron asesinadas las mujeres del Grupo Obrero Femenino de Benavente, Milagros Rendón, Teresa Trullenque, las cigarreras de Cádiz, Carmen Mora, Encarnación Magaña, o Matilde Zapata. Muchas por casos de parentesco o ayuda a familiares o amigos, Antonia Rodríguez fue detenida en Cártama por dar comida a Juan Cantarero en la sierra de Granada; Juana Almellones fue arrestada en Casarabonela porque era mujer de un huido, ella pastoreaba en la sierra a las cabras y cogía leña. Una mujer de Benamargosa de 34 años porque enviaba a su hijo pequeño al campo con comida para que su marido Antonio Hijano huido pudiera resistir.

Algunas fueron encarceladas por responsabilidades anteriores o por la de sus maridos, padres o hijos, por esconder a alguien, facilitar víveres, por reuniones o encuentros con huidos o guerrilleros en su casa, encubrimiento o abastecimiento de la guerrilla, por simples acciones de colaboración puntual con los perdedores, Josefa Barragán Haro, de Algeciras, fue condenada a 30 años de prisión por “seducción a la rebelión”, haber inducido “a su novio, soldado, a marchar al extranjero y a zona roja”. A María López Álvarez, de Muros de Nalón (Asturias), se le impuso la misma pena por “propagar en el pueblo noticias tendenciosas contra el glorioso Movimiento Nacional”.

Rosa Estruch, alcaldesa de de Villalonga (Valencia), militante del PCE, detenida en mayo de 1939, condenada a 15 años de reclusión, las torturas infringidas la dejaron inmovilizada de por vida. María Pérez, militante de las Juventudes Libertarias, detenida en 1939, fusilada en agosto de 1942. Remedios Montero, militante del PCE, encarcelada dese 1952 hasta 1960 quedó incapacitada para tener hijos debido a las torturas: “La rabia, rebeldía, la necesidad de resistir y no delatar a nadie era un valor moral prioritario, porque era entregar a gente”…“ mataron a mi padre, a mis dos hermanos, a mi madre y a mí me faltó un pelo”… “Al camarada Vías lo mataron a mi lado y él veía lo que me hacían a mí y yo lo que le hacían a él, eran crueles, crueles, como no os podéis imaginar”. Y la complicidad y justificación de la represión con el beneplácito eclesiástico: “llegaba un domingo y te dejaban tirada en el suelo de la paliza que te habían dado y te decían: Bueno ahora tienes una horita para descansar porque nos vamos a misa”.

Han pasado millones de minutos de silencio forzado, un tiempo que refuerza el recuerdo de la mejor generación de mujeres españolas de la historia de España, nuestras mujeres Republicanas, valientes, luchadoras por la libertad, la democracia y la República. NUNCA LAS OLVIDAREMOS


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Desde la noche y la niebla (Mujeres en las cárceles franquistas). Juana Doña
Juana Doña y el manantial de la memoria. Memorias de las cárceles franquistas de mujeres. Fernando Hernández Holgado
Cárcel de Ventas. Mercedes Núñez
Presas de Franco. Ed. Sergio Gálvez Biesca. Fernando Hernández Holgado
Víctimas de la Guerra Civil. Francisco Moreno
Cárceles de mujeres: La prisión femenina en la posguerra. Ángeles Egido León
La violencia política contra les dones (1936-1953). Ricard Camil Torres y Antoni Simó
La memoria histórica de algunas mujeres antifranquistas. José Romera Castillo
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CUANDO EL AVERNO SE CERNIÓ SOBRE SEVILLA. Los franquistas exterminaron a cerca de 13.000 Republicanos

SEVILLA word pressEl martirio de la provincia y ciudad de Sevilla fue el mayor de España, y Andalucía la región mas represaliada. Hubo hasta 3.028 muertes sumarísimas desde julio de 1936 hasta enero de 1937. Ejecuciones sin juicio, como el profesor Joaquín León, el abanderado del proyecto andalucista Blas Infante, los diputados José González y Fernández de la Bandera. Según los investigadores Francisco Espinosa Maestre y Jose María García Márquez, en la provincia de Sevilla los franquistas fusilaron casi a 2.000 personas sin juicio, y por aplicación de los bandos de guerra a 10.590 personas. Hay 1.255 desaparecidos y 465 muertos en prisión. El exterminio puede superar las 12.854 asesinados. Hasta Marzo de 1953 los sublevados arrojaron 3.520 cadáveres anónimos a la fosa común del Cementerio de San Fernando de Sevilla. Entre ellos el alcalde sevillano Horacio Hermoso y el presidente de la Diputación Provincial José Manuel de Puelles.

La leyenda sobre Queipo de Lano es falsa. Queipo contó con casi toda la guarnición de Sevilla, varios miles de soldados, no solo un puñado. Los barrios de izquierdas no pudieron resistir por carencia de armamento, que estaba en manos de los golpistas, especialmente un potente e indiscriminado uso de la artillería, y en los días siguientes el salvaje terror africanista del Tercio y los Regulares. Entre sus cómplices, el comandante del Estado Mayor José Cuesta Monereo, el responsable de Orden Público capitán de la Legión Manuel Díaz Criado, el cacique Pedro Parias nombrado gobernador civil, el auditor Francisco Bohórquez, quien con Felipe Acedo planificó la represión según ley marcial dictada por el Bando de Guerra. Manuel Giménez al frente de la derecha local, y el comandante de la Guardia Civil Gregorio Haro Lumbreras, que llegó a gobernador de Huelva, y que se guardaba en sus bolsillos las alhajas que las señoras regalaban para la causa “nacional“, Hitler mediante.

Durante la sublevación se fusilaba sobre la marcha a todo Republicano capturado. Los responsables fueron los militares, dirigiendo arrestos, torturas, fusilamientos, llevados a cabo por falangistas, carlistas, paramilitares, sin procedimiento judicial. Antes del bando de Guerra hubo asonadas de comandos civiles armados para destruir físicamente a las fuerzas políticas Republicanas, los cuadros de los partidos del Frente Popular, sindicatos obreros, organizaciones masónicas, partidos más moderados, personalidades independientes. Los pistoleros aterrorizaron la ciudad y luego sembraron de miedo los campos, una “policía montada”, que utilizaba garrochas para reducir a los campesinos fugitivos.

El Tercio no tenía límites, cuando abandonaba un pueblo, dejaba incendios y cadáveres de hombres, mujeres y niños. Los golpistas empleaban las medidas represivas de Marruecos, una combinación brutal de detenciones, violaciones, fusilamientos, emasculaciones y otras sevicias. Los crímenes sin juicio se sucedieron mucho tiempo junto a los cementerios o en las cunetas. Las víctimas eran acusadas de ser votante de izquierda, familia de republicanos destacados, haber discutido de política, haber mirado mal al cura. En las plazas públicas se implantaba el “estado de guerra” con todas sus consecuencias, muchas víctimas eran denunciadas por vecinos. Se dictaron órdenes de que no se inscribiera a los asesinados en los Registros civiles para dejar el menor rastro posible.

Hasta 727 mujeres fueron víctimas de la represión franquista en la provincia de Sevilla. En pueblos como Fuentes de Andalucía, Villanueva del Río y Minas, Arahal, Paradas, Marchena, Guillena, Lora del Río y Morón de la Frontera hubo más de 200 asesinatos; en 66 localidades se produjeron más crímenes de mujeres y faltan muchos casos por registrar. En Fuentes de Andalucía fueron asesinadas 27, entre ellas 5 jóvenes de entre 16 y 22 años que fueron secuestradas, violadas, torturadas, asesinadas y arrojadas a un pozo de la finca de El Aguaucho por un grupo de “señoritos” del régimen franquista.

Miles de sevillanos se agolparon en cárceles improvisadas en la ciudad de Sevilla, la prisión provincial hacinaba 1.438 detenidos. Se activaron múltiples centros de reclusión, el cine Jáuregui, el cabaret Variedades, los sótanos de la plaza de España, ayuntamientos, escuelas servían de prisiones en pueblos, y campos de concentración por toda la provincia. La familia Ybarra ofreció el vapor Cabo Carvoeiro para utilizar como celdas sus 2 bodegas. Albergó a mas de 550 presos, apresados en pueblos de la cornisa del Aljarafe, la vega del Guadalquivir, la campiña sur de Sevilla, incluso de Huelva y Badajoz. Muchos fueron sacados de allí para ser fusilados. La mayoría eran obreros, militantes, jóvenes de 16 años, como el panadero de Camas Miguel Expósito Marín, el vendedor ambulante del barrio de la Macarena Manuel Rodríguez Llauradó, o los 60 años del ferroviario cenetista José Jiménez Ojeda.

La actual España se traiciona a sí misma una y otra vez, cada día que pasa que no se ejerce la debida justicia, que los crímenes se ningunean, que las víctimas siguen desaparecidas en cunetas, fosas, cada día que pasa que el franquismo sigue siendo legal en este país.


Documentos: Cosas de Andalucía (Fernando Repiso). Sevillapedia. Wikipedia. Público (Juan José Téllez). El Correo Web (Horacio Raya). ABC (Jesús Álvarez). El Plural (Juan Luis Valenzuela). Unidad Cívica por la República (Juan Miguel Baquero). Europa Press. Véanse los trabajos de José María García Márquez: La represión franquista en la provincia de sevilla. Estado de la cuestión, y Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla (1936-1963).


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EN HOMENAJE A LOS 9 VECINOS DE VILLANUEVA DEL CAMPO que fueron asesinados por los franquistas el 13 de noviembre de 1936

VILLANUEVA DEL CAMPO word pressRecordamos a los 9 vecinos sacados de la cárcel de Benavente para asesinarlos: El alguacil Felipe Hernando Holguín, de 23 años; su hermano Joaquín Hernando Holguín, jornalero de 18 años, que dejó un hijo póstumo; el sastre Nemesio Calderón Gallego, de 48 años, casado y con 2 hijos; el comerciante Bonifacio Calderón Rodríguez, de 46 años, casado y con 2 hijos; Pablo Fernández Cepedello, de 40 años, obrero en una fábrica de harinas, casado y con 2 hijos; Adriano Ovejero López, jornalero de 30 años, casado; Gaspar Pérez Carreño, jornalero de 31 años, casado y con 2 hijos; Severiano Pérez Guaza, jornalero de 33 años, casado y con 3 hijos; y José Palmero González, de 31 años, obrero en una fábrica de harinas, casado y con 4 hijos (uno de ellos póstumo).

También recordamos y homenajeamos a otros vecinos del pueblo que fueron asesinados por el fascismo: Fusilados en el cementerio de Zamora, Julián Sanz Calvo, el alcalde Tomás Febrero de Castro, jornalero de 51 años, casado y con 2 hijos; el secretario de la agrupación socialista Julián Cañibano Fernández, jornalero de 58 años, casado y con un hijo; el presidente de la agrupación socialista Alejandro González Lorenzo, jornalero de 50 años, casado y con un hijo; Igualmente, el secretario del Ayuntamiento, Desiderio González Masero, de 45 años, casado y con 3 hijos, que encontró la muerte en Villanueva del Campo; así como a Teodoro Boyano Sinde, de Villalpando, asesinado en las inmediaciones de Villanueva, en el Pozo Viejo, donde está enterrado. Junto a ellos queremos recordar a Alonso Domínguez Escarda, ya fallecido, que consagró sus últimos años a recuperar la memoria de las víctimas del franquismo. Su novela “El Glorioso” narra los hechos ocurridos en su localidad natal, y en el homenaje celebrado en 2005 en el cementerio de Benavente.

En 2006 se celebró un homenaje en el cementerio de Benavente, pero pocos hijos pudieron acudir ayer a la cita para recordar los nombres de quienes fueron fusilados contra la pared de este cementerio. La mayoría de ellos han fallecido sin poder rendir un homenaje diciendo sus nombres en voz alta y con el gesto erguido. Pero allí estaban los nietos y esos familiares que durante toda su vida han guardado su recuerdo.


Documento original en Foro por la Memoria de Zamora. Homenaje en El Norte de Castilla


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LOS FRANQUISTAS EXTERMINARON A SEIS MIEMBROS DE LA FAMILIA LARAÑO DE GRANADA EN 1936

familia Laraño Granada 2 word pressTrinidad Capeli Guerrero era madre de Eloísa, Trinidad, Rafael, Rosario y José Laraño Capeli. Miguel Gutiérrez Gil era marido de su hija Eloísa. Toda la familia fue fusilada en los primeros meses de la guerra civil. Solo se salvó del fusilamiento familiar su hija Trini, por la influencia de la abuela de Enrique, su novio, cocinera en la casa de un alto mando militar.

El marido de Trinidad Capeli la había abandonado, los 6 hijos del matrimonio quedaron a su cargo. Trinidad era una Madre Coraje, que no se arredraba ante ninguna situación, crió a sus hijos desde su puesto de pescado, con esa fuerza de las mujeres andaluzas, que entienden su responsabilidad de Madres sin dejar las riendas del hogar donde reinaba la armonía.

Trinidad era de ideología libertaria, el primer mandamiento era la solidaridad, para todo necesitado que se le acercara, era conocida su acendrada conciencia social. Iba siempre a la cabeza de las manifestaciones de su sindicato, la CNT. Trinidad junto a sus hijas, que se tocaban con un gorro frigio, abanderadas con un rotundo “¡Viva la República! participaron en la conmemoración del 14 de abril de 1931, que se dirigió a la plaza de la Mariana en homenaje a Mariana de Pineda, aquella mujer que había muerto por la libertad. Nunca le faltaron las flores y corona de laurel de Trinidad.

La persecución y el exterminio llevado a cabo por los sublevados del 18 de julio de 1936, contaba con la complicidad del Ejército, la Falange y la Iglesia católica, para la desatada captura del rojo/a, bajo el terror de la violencia, el saqueo y la venganza. La familia Laraño reunía suficientes méritos para estar en las infamantes listas de los criminales. En los primeros días de agosto detuvieron en su casa a sus hijas Rosario y Trini, después fueron a por Eloísa, que traía en brazos a su niña Encarnita, de 27 meses, hija del taxista Miguel Gutiérrez Gil. Todas fueron a la prisión de mujeres. Eloísa sabía que su hermana Trini se salvaría, y le entregó a su hija, pidiéndole que la criara como suya. Rosario, la menor, de 17 años, no tuvo suerte aunque su novio era militar, cuando fueron a pedirle ayuda, negó conocer a su novia.

Trinidad, la madre y sus dos hijas, Eloísa y Rosario fueron fusiladas el 31 de agosto, y sus cadáveres aparecieron en el Camino Viejo del Cementerio. Los hombres estaban en la Prisión Central, por las mismas fechas fueron fusilados, al parecer en Víznar.

Para Trini, la conmoción de haber visto a su madre y hermanas salir hacia la muerte la marcó para toda su vida. Se le borró la sonrisa, se le cayó el pelo, su juventud murió en las mazmorras de Torres Bermejas, donde enfermó del corazón. Después fue trasladada al convento-cárcel de San Gregorio custodiada por monjas carcelarias. Miles de niños perdieron su identidad en conventos, orfanatos, reformatorios o dados en adopción a familias adictas al régimen. Encarnita la hija de Eloísa y Miguel fue entregada a la madre de Enrique, novio de Trini, hasta que ella salió del convento-cárcel. Años más tarde, se casó con su novio. Encarnita vivió amorosamente junto a ellos, llamándoles padres. La pesadilla de Trini, durante muchos años fue el temor de que le quitaran a su niña.

Tras asesinar a los padres Republicanos, los franquistas destrozaron la infancia de sus hijos, que debían de expiar la conducta de sus progenitores. A los 5 años llevaron a Encarnita externa a un colegio de monjas, para hacer méritos de arrepentimiento. La ponían de rodillas, “mira, estas aquí por roja”, y le insistían que no importaba que hubieran fusilado a sus padres, a su abuela, a sus tíos. La madre de Trinidad Laraño Cano, huérfana de José Laraño, se fue a Madrid con su hija, pues se volvía como loca en Granada al cruzarse en la calle con los asesinos de su marido. El drama de los Laraño ha crecido con la sombra de aquella exterminación familiar.


Atribuido a Antonina Rodrigo en Granada Hoy y en República y Guerra Civil en Granada


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VICENTE MARTÍN ROMERA, SOCIALISTA, PRESTIGIOSO MÉDICO, fusilado por los franquistas en Córdoba en 1936

VICENTE MARTÍN ROMERA word pressVicente Martín Romera nació en Madrid en 1889. Se licenció en medicina en la Universidad Central de Madrid en 1926. Completó su formación en Alemania desde donde viajó para visitar diversos centros médicos en Rusia y otros países europeos. A su regreso fue cirujano del cuerpo médico de la Beneficencia Provincial de Córdoba, donde además llegó a ser concejal.

Afiliado a la AS de Córdoba, perteneció al sector de derecha del PSOE y fue delegado al XIII Congreso en 1932, donde fue secretario de la 13ª sesión. Colaborador del semanario Democracia de Madrid en 1935. Elegido diputado en la candidatura del Frente Popular del PSOE por Córdoba en las elecciones generales de febrero de 1936, formó parte de las Comisiones de Peticiones,de Guerra (suplente) y de la de Instrucción Pública (suplente).

En la tarde del 18 de julio de 1936, Romera se encontraba junto al alcalde de Córdoba, Manuel Sánchez Badajoz, el presidente de la Diputación José Guerra Lozano en el Gobierno Civil de la ciudad intentando convencer al gobernador civil Antonio Rodríguez de León de hacer resistencia frente al levantamiento militar. En ese encuentro se hallaban también el diputado socialista Manuel Castro Molina, el ex-diputado Joaquín García Hidalgo y el presidente de Unión Republicana Pedro Ruiz Santaella.

No pudiendo resistir logró escapar con otros, escondiéndose en la conocida como Huerta de los Aldabones en la Ronda del Marrubial junto al alcalde y los concejales socialistas Pedro León, Francisco Copado Moyano y Ruiz Santaella. Tras ser delatados sería fusilado el día 8 de agosto de 1936 con sus compañeros de partido Manuel Sánchez Badajoz, Pedro León Fernández y el también político de Unión Republicana, Pedro Ruiz Santaella.

La muerte del doctor Romera conmocionó a Córdoba, donde se le consideraba el “médico de los pobres”, creando aún mayor terror del que había, especialmente entre los ciudadanos de clase humilde. Hay que destacar que a Vicente Martín Romera se le impuso la pena más alta de las establecidas en la provincia: 125.000 pesetas, que tuvo que abonar su familia para disponer libremente de sus bienes.


Documentos originales: Fundación Pablo Iglesias. Wikipedia. Cordobapedia. Generaciones de Plata (Mikel Astrain)


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