JOSÉ GÁLLEGO ARAGÜÉS, Teniente Coronel del Ejército Republicano, FUSILADO por rebeldes franquistas en Bilbao en 1938

José Gállego Aragüés word pressJosé Gállego Aragüés nació en Aragüés del Puerto, Huesca, en 1893, y como otros oficiales españoles de la época se formó en la Academia de Infantería de Toledo. En 1913 se incorporó al Regimiento de Infantería Galicia nº 19 en Larache (Marruecos). Ascendido al grado de Teniente formó parte de la Policía Indígena integrada en el Grupo de Regulares n.º 4 hasta 1917. Tras el Desastre de Annual fue ascendido a Capitán. En 1924 fue destinado al Regimiento de Infantería «Saboya» n.º 6 de Madrid.

Durante la sublevación militar de 1936 se encontraba de permiso en Gijón, de donde era oriunda su mujer. Se puso a las órdenes del Comité de Guerra, y se le asignó la comandancia militar de Gijón. Logró tomar los cuarteles de Zapadores y Simancas de Gijón, acabando con toda resistencia el día 21 de agosto. Al día siguiente, Gállego ya se había integrado en la Comandancia del Frente Occidental, para detener el avance de las columnas gallegas en la zona de La Espina.

El comunista Juan Ambou, al frente del Departamento de Guerra del Consejo Provincial del Frente Popular destacó su lealtad a la legalidad republicana así como sus dotes de mando: “Al comandante Gállego le preocupaba cómo había de conducirse la guerra. Describía la función del cabo en relación con los soldados de su escuadra, humana, política, muy inteligente. Gállego escribió como organizar a los grupos y las columnas mientras no se llegara a la militarización regular, e instrucciones tácticas para el combate para uso de los jefes de grupo y columna: ocupar el objetivo con la debida protección y apoyo; mantener el enlace con los grupos o columnas de los costados y retaguardia; impedir que las retiradas se convirtieran en desbandadas; condenar los rumores acerca de la supuesta inferioridad del enemigo, y lo que pueda ir en detrimento de la moral del combatiente republicano.

Fue destinado a Santander, donde convirtió a las milicias en tropas regulares. En febrero de 1937, las fuerzas republicanas lanzaron una ofensiva para cerrar el pasillo Grado-Oviedo y tomar la capital asturiana. Gállego, ya teniente coronel, se incorporó a la ofensiva al mando de la brigada de Santander. Avanzada la contienda ostentaría el mando de la 2.ª División santanderina, y posteriormente del XVI Cuerpo de Ejército. En julio de 1937 sería nombrado jefe del Estado Mayor del Ejército de Euzkadi.

Julián Zugazagoitia, tal y como recogen Gutiérrez y Gudín cuentan de él: “Apasionado por su oficio, le atribuía un sentido profundo que no era frecuente. Su concepción de la guerra chocaba con la de sus superiores y la de sus subalternos. Con orgullo español, se afirmaba en una lealtad profunda, que se sentía interpretada en los discursos de Azaña. Su personalidad estaba como desterrada por las carreras improvisadas, no gustaba de ser confundido con los que, de una a otra exigencia, hicieron mercancía del oficio y papel de renta de la lealtad. Quienes trabajaron a su lado, compartiendo los riesgos de los combates y las pausas de los intermedios, no olvidan su recuerdo ni sus lecciones de moral.”

Ante el avance rebelde y el fin inevitable del Frente Norte, Gállego tuvo oportunidad de abandonar Santander en los buques de guerra del puerto, pero no lo hizo. Al contrario, trató de retirarse a Asturias con sus hombres, cayendo prisionero de las fascistas Navarros en Cabuérniga el 1 de septiembre de 1937. Tras pasar por la Prisión Provincial de Santander, se le trasladó a la de Bilbao. Su cautiverio duró 8 meses. En la declaración ante consejo de guerra en Santander en noviembre de 1937, publicada en La Nueva España el 1 de diciembre de 2002 Gállego afirmó:

—“..No haber pertenecido jamás a ninguna agrupación sindical ni política..he puesto freno a cualquier brutalidad estúpida de las que en la guerra se producen..me prometí servir esa redención justa de sus afanes para las masas proletarias..España no se ha apartado un momento de mi juicio a la que he servido con la mejor eficacia..la lealtad es de rango muy superior a la traición y he prestado con toda generosidad y devoción, sin ninguna clase de reserva la lealtad de mis servicios a la República..El 19 de julio de 1936 el español solo tenía una representación: la de los poderes de la República a los que he tributado toda fidelidad..De rebelión no podéis acusarme, en mi conciencia no cruza la más leve sombra de esa responsabilidad; yo no soy ése..Me siento un combatiente que, rezumando devoción a España, ha sido vencido y es prisionero de guerra en vuestras manos, dictad sentencia..”

Fue condenado a muerte por dos consejos de guerra, y fusilado el 28 de mayo de 1938, en el cementerio bilbaíno de Vistalegre. Decía Juan Ambou que: “Durante su cautiverio conservó alta su moral, y lo que es más importante: mantuvo hasta los últimos momentos una lealtad intachable al régimen republicano y a la nación”.


Documentación: Wikipedia. Historia DesterradaLa Nueva España (Javier Rodríguez Muñoz)


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El TENEBROSO penal franquista de Ocaña, donde fueron asesinados mas de 1.300 presos REPUBLICANOS

penal de Ocaña word pressLa luna lo veía y se tapaba / por no fijar su mirada / en el libro, en la cruz / y en la Star ya descargada / Más negro que la noche / menos negro que su alma / cura verdugo de Ocaña.

Estos versos anónimos escritos por presos republicanos de la cárcel de Ocaña (Toledo) en 1941 bajo la supervisión de Miguel Hernández da fe de los crímenes cometidos por “el cura verdugo de Ocaña”, como los reos le bautizaron. Era el capellán del penal también conocido como el “cura asesino”, quien daba el tiro de gracia a los Republicanos condenados a muerte. “El cura participaba en las palizas y después gustaba de coger su pistola y dar el último disparo. Poco se sabía de él, no se dejaba ver por el pueblo y un buen día desapareció de la prisión. Ni siquiera recuerdo su nombre”, cuenta a Público Celedonio Vizcaíno, de 75 años. Su abuelo fue fusilado el 8 de julio de 1939 por pertenecer a las Juventudes Comunistas.

Celedonio recuerda la imagen de decenas de presos cabizbajos caminando en una larga fila desde el penal hasta el cementerio en mitad de la noche. Después el ruido de una ametralladora. Los cadáveres eran transportados en carretilla desde la valla del cementerio donde los fusilaban hasta una fosa, donde eran arrojados unos sobre otros y cubiertos de cal viva. Celedonio y su madre llevaban flores a la fosa común donde descansan los restos de su padre. LPermanecieron abiertas 3 fosas hasta 1945 y él, siendo un niño de 5 años, podía ver los cuerpos de los fusilados comidos por la cal, entre ellos, el de su padre. A veces llegar a la fosa era imposible. “Las familias de derechas nos señalaban, insultaban, temíamos que nos mataran, íbamos a escondidas al cementerio”. El miedo no era de extrañar. Además de su abuelo otros 3 familiares fueron fusilados en el penal.

Entre 1939 y 1959, 1.300 presos políticos fueron asesinados en Ocaña. Los registros recogen hasta 57 fusilamientos en una noche. La mayoría murieron fusilados, pero un gran número de ellos lo hicieron enfermos dentro de la prisión. La Asociación de Familiares de Ejecutados en la Cárcel de Ocaña, AFECO, señala que en invierno la lista de fallecidos aumentaba considerablemente debido a las penosas condiciones de vida de los presos, los verdugos no necesitaban balas para cometer sus crímenes. Los penados procedían de toda España, había adolescentes, mujeres y hombres, ancianos, apresados y llevados al penal de Ocaña para morir fusilados.

“Hemos encontrado varias partidas de defunción de bebés, que morían en la cárcel. Era habitual que las presas tuvieran allí a sus hijos. Carmen Díaz, vicepresidenta de AFECO narra un caso escalofriante:“Una presa fue condenada a muerte pero tenía un bebé en edad de lactancia. Las monjas permitieron que la presa continuara con vida hasta que el bebé cumplió 2 años. Entonces, se lo quitaron de los brazos y la fusilaron. El bebe fue abandonado entre los matojos, aunque me consta que logró sobrevivir”.

La historia familiar de Carmen no es menos trágica: Su abuelo murió en la prisión tras ser juzgado 3 veces: una para condenarle a muerte, otra para conmutarle la pena por 30 años de prisión y una última para condenarlo de nuevo a muerte. La sentencia fue ejecutada inmediatamente sin avisar a los familiares. Carmen cuenta que “Sospechamos que el último juicio fue un fraude ya que no aparece en ningún registro. Simplemente, querían verlo muerto”.

La cárcel de Ocaña es un triste símbolo de la represión franquista. Allí estuvieron Miguel Hernández en 1940-41, y el poeta Marcos Ana de 1944-46. “Miguel Hernández enseñaba a leer y a escribir a los presos republicanos y a escondidas de los guardias, organizaba clases de poesía. El poema de El cura verdugo surgió de esas clases”, asegura Julián Ramos, cuyo abuelo fue fusilado en el cementerio de Ocaña por ser el alcalde socialista de San Bartolomé de las Abiertas (Toledo).

Marcos Ana, el reo político que pasó más tiempo en las cárceles franquistas (23 años), describió las condiciones de vida del penal: “En Ocaña conocí la dureza de la soledad para un condenado a muerte. La celda era de unos 2 metros de largo, con los brazos en cruz tocaba las paredes. Una puerta de hierro, un retrete en un rincón, un colchón de esparto y un pequeño y alto tragaluz enrejado eran mi nuevo universo. Salíamos al patio 2 horas veces al día, por la mañana y por la tarde, el momento más triste era el atardecer, se despedían unos de otros sin saber si sería el último abrazo..”.

El 10 de junio de 2012 en el cementerio de Ocaña tuvo lugar un emotivo homenaje a los allí asesinados por el franquismo. En el acto congregado por AFECO, se manifestó la prioridad de esclarecer los crímenes del franquismo, identificar a los familiares asesinados y sepultados en las fosas comunes. Tras un arduo y laborioso trabajo, están consiguiendo sacar del anonimato a cientos de víctimas. En el homenaje y ofrenda floral se han inaugurado unas placas con los nombres de 1.500 personas exterminadas. Han dejado espacio en las losas para seguir sacando del anonimato las víctimas de aquel genocidio y poder cincelar los nombres que sigan apareciendo.


Documentos: Efe (Silvia Bejarano). Público (Alejandro Torrús). La Sexta. CNT.es (C.M Homer)


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Capitán ANTONIO FENOLL CASTELL, un brillante profesional, REPUBLICANO, FUSILADO por agentes franquistas en Granada en 1936

Antonio Fenoll Castell word pressAntonio Fenoll Castell, era natural de Orihuela, hijo de José y de Concepción. Fue un oficial genuinamente comprometido con la causa Republicana, con una dilatada y brillante hoja de servicios: más de 24 años de profesión militar, sobresalió por sus dotes de mando, eficacia, disciplina y eficiencia en la instrucción, con cualidades excepcionales en orden de batalla, como pudo comprobarse en la campaña de Marruecos, que le hizo acreedor de recibir la Cruz de Primera Clase de Mérito Militar con distintivo rojo como oficial del Tercio, así como la Medalla militar de Marruecos, entre otras distinciones.

Fenoll era desde 1930 capitán en el Regimiento de Infantería Lepanto nº 5 (Córdoba nº 10) con mando en Granada. Fue su último destino, fue separado del mando y detenido en prisión militar el 25 de julio de 1936. El falangista José Valdés Guzmán, comandante sublevado de Intervención y flamante gobernador civil de Granada desde 20 de julio 1936 (por “autoproclamación”), fue uno de los principales testigos de cargo contra Fenoll Castell. En la instrucción de la causa Valdés y otros oficiales de Infantería afirmaron: “que respecto al Capitán Fenoll sabe que es de ideas izquierdistas, de todo tiempo que lo conoce llegando a su conocimiento, sin que pueda precisar por qué conducto, el que en la Sala de Banderas en ocasión de audiciones de radio había hecho algunas manifestaciones en que calificaba de descabellado el movimiento militar”.

Cuando Arjimo Hach Ali, esposa de Antonio Fenoll, intuyó las consecuencias dramáticas de la detención y procesamiento de su esposo, se personó en las dependencias del Gobierno Civil (Duquesa). Allí se produjeron instantes de máxima tensión protagonizada por Valdés y la compañera de Fenoll que reclamaba, en vano, la libertad y clemencia para con el padre de sus hijos. Arjimo Hach llegó a “zarandear” a Valdés, en tono amenazante, por la impotencia de la situación. Valdés, fríamente, reaccionó: “Que me la quiten de enmedio también”. Pero, según recuerda su hija Purificación Fenol, “..no se atrevieron por miedo a las repercusiones de haber fusilado a una mujer musulmana..”

Antonio Fenoll y el resto de procesados, militares leales a la República (Oterino, Martínez Álvárez-Valcárcel y Muñoz Punzano, de Infantería y el capitán de Intendencia Bonifacio Jiménez Carrillo) se negaron a acudir el 17 de agosto de 1936 al lugar fijado para la vista militar “en protesta por la falta de garantías en el procedimiento”. Fueron obligados finalmente a comparecer y, con entereza, Fenoll les habría lanzado: “Solo soy un militar y soy inocente de los delitos que se me imputan”.

Pero la sentencia venía ya hecha. Todos los procesados fueron condenados a la máxima pena por considerárseles autores (¡del delito de traición!, pena que le fue conmutada por prisión perpetua a Bonifacio Jiménez Carrillo), con accesorias de degradación de sus insignias militares porque formaban un comité dentro del Cuartel del Regimiento celebrando entre sí frecuentes reuniones y manteniendo relaciones con el espía marxista (Alejandro Otero), cooperando todos ellos dentro de su esfera y a la medida posible a cada uno en el suministro de datos de necesario conocimiento a las fuerzas marxistas.

Se casó con Arjimo Hach-Blach horas antes de ser asesinado. El 18 de agosto de 1936 Antonio Fenoll fue fusilado, tenía 48 años. Terminaba así una brillante carrera militar. Atrás dejaba 4 hijos menores y una esposa a los que se les obligó a partir “con lo puesto y sin medios económicos” al destierro en Larache, hasta su retorno a Granada en 1945. Pudieron rehacer sus vidas gracias a la solidaridad de gentes de bien que admiraban la valía de un prestigioso militar injustamente fusilado que nunca fue olvidado, aunque llorado en silencio.

Purificación Fenoll rememora con ternura y admiración a su madre quien educó a ella y hermanos en el respeto alejándoles del odio estéril y del rencor paralizante. Les supo insuflar el valor de principios ciudadanos nobles y el valor del esfuerzo y de la educación. Con las dificultades obvias de ser “hija de rojo” culminó sus estudios y consiguió una cátedra universitaria, puesto en el que se jubiló.


Extractado del artículo de Rafael Gil Bracero en Granada Hoy


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La terrible REPRESIÓN franquista contra la población REPUBLICANA de la Sierra Sur de Sevilla

Sierra sur sevilla word pressEn la provincia de Sevilla los fascistas ocuparon con rapidez los pueblos gobernados por alcaldías del Frente Popular que apoyaban al Gobierno Republicano, y que carecían de medios para ofrecer resistencia. El 20 de agosto solo aguantaban Martín de la Jara, Los Corrales, el Saucejo, Villanueva y Algámitas. Desde Osuna, punto estratégico, se inició el ataque, ya que aunque eran pueblos pequeños, pobres y mal comunicados, estaban en el camino de Ronda, Republicana, por donde pasaba el ferrocarril Algeciras-Granada, ambas controladas por los sublevados.

El 4 de septiembre los franquistas, bien pertrechados, tomaron El Saucejo, los milicianos armados con escopetas de perdigones tuvieron que huir. El 7 de septiembre, los requetés cañonearon Los Corrales, cientos de hombres, mujeres y niños llenos de pánico huyeron hacia Campillos. Al día siguiente ocuparon la Jara. El 11 de septiembre los fascistas tomaron Villanueva y Algámitas. Cientos de familias de los pueblos conquistados tuvieron que escapar. El día 12 cayó Almargen, donde los fascistas ocasionaron numerosas víctimas. La represión que le siguió después fue de las más sangrientas de toda la zona. En Campillo fueron fusilados cientos de Republicanos. En Cuevas del Becerro se produjeron nuevos tiroteos dominados sin dificultad, volviéndose a repetir el rito de los fusilamientos.

Los franquistas incendiaban los locales Republicanos. Los vecinos desperdigados por pueblos y cortijos próximos que fueron regresando, pensaban que, si ningún daño habían hecho, nada tenían que temer, tampoco tenían donde ir en medio de la desolación general. Las familias que se atrevieron a regresar a sus lugares de origen no imaginaban el terrible castigo, el escarmiento, la operación de limpieza que preparaban las derechas locales en aquellas localidades con fama de rojas. La venganza quedó a cargo milicias falangistas y guardia civil, bandas coordinadas con las comandancias militares, que comenzaron a actuar inmediatamente. Los delitos de sus víctimas podían ser haber votado al Frente Popular, haber sido interventor de éstos, ser familiar de algún republicano destacado, haber hecho algún comentario a favor de los rojos o en contra de los golpistas, haber discutido con alguno de ellos ya fueran asuntos políticos o personales, tener rencillas familiares, etc., etc. Cualquier detalle era suficiente para el escarmiento.

Se inició así el terror más espantoso y sanguinario que jamas conocieron los vecinos de estos pueblos en toda su historia.“La noche del 10 de septiembre, la pareja de la guardia civil pasó carretera abajo, y me dijeron: ¡Ya mismo venimos pa arriba!. Al rato vi que venían 4 más, 2 de ellos amarrados y otros 2 detrás con pistolas. Cogieron el camino del cementerio y al poco tiempo sentí los tiros. Cuando venían de vuelta, parecía que venian de una feria y me dijo uno: ¡Que..! ¿Has escuchao los tiros de gracia?.¡ Esos se los he dao yo”. Los crímenes de este tipo se sucedieron casi a diario sin ningún tipo de juicio ni declaración. La mayoría de ellos tuvieron lugar junto a las tapias de los cementerios, tras el famoso paseíllo.

Tras apresar a los elegidos, eran conducidos después de fuertes palizas a las propias fosas cavadas por ellos, en la que macabramente caerían durante la noche. Las victimas sufrieron terribles crueldades cuando fueron arrancados entre gritos y llantos desesperados de sus familias, para ser conducidos a golpes hasta la cárcel, o al matadero. No faltaron las venganzas por simples rencillas personales o los que se revolvieron en los paseíllos contra sus verdugos, negándose a continuar hasta el cementerio, cayendo masacrados en el camino.

Hubo casos también de los que, quedando malheridos con vida, escaparon en la oscuridad de la noche, pero localizados después escondidos en algún lugar fueron rematados. Asesinatos en calabozos, manos o brazos amputados después de muertos pusieron de manifiesto las bestialidades cometidas. Mujeres embarazadas, algunas violadas antes y después de ser asesinadas, por haber bordado la bandera republicana o tener familiares huidos. Diversas monstruosidades corrieron durante el mes de Septiembre la muerte, el terror y el espanto hasta limites insospechados.

Algunos fueron entregados a fascistas de localidades próximas que los llevaron en camiones o amarrados a la grupa de caballos, para ser asesinados por algún camino del término, o para hacerles sufrir largas agonías. Sobre centenares de mujeres consideradas republicanas o familiares de rojos se cebó la humillación y el odio rapándolas y forzándolas a beber aceite de ricino. Los nazionales burlaban a las “pelonas” haciéndolas barrer las calles con escobones cortos, pelandoles las cejas o sus partes íntimas, paseándolas en manifestación tras la bandera franquista gritando: “¡Viva España!”. Como las casas de los ausentes permanecían cerradas, fueron asaltadas, saqueadas, rapiñadas, limpiadas de mobiliario, enseres, y otros objetos.

Cuando los vencidos que habían sobrevivido a la “desbandá” malagueña volvieron llenos de frustración y temerosos, no sabían lo que les esperaba, las cárceles se quedaron pequeñas. Se les aplicaron consejos de guerra durante meses o años. El balance de victimas y represaliados en 6 localidades de la Sierra Sur de Sevilla da una idea del terror vivido en estos pueblos. En Osuna; 242 muertos y más de 300 presos. En el Saucejo; 160 muertos y 180 presos. En Algamitas; 182 muertos y 150 presos. En Villanueva; 162 muertos y más de 150 presos. En Los Corrales; 115 muertos y 152 presos. En La Jara; 31 muertos y otros tantos presos. Sólo en estos 6 pueblos, casi 900 muertos y más de 1000 presos fueron silenciados y ocultados en nombre de Dios y de España. Ni fueron inscritos en los libros de defunciones de los Ayuntamientos, ni reconocidos por la Iglesia. Capítulo aparte merecen los exiliados, los que acabaron en los campos de concentración nazi, o los que regresaron y tras el presidio tuvieron que huir de nuevo.


Extracto del documento publicado en Memoria antifranquista del Baix Llobregat: La represión franquista en Andalucía, Consecuencias de la ocupación militar en la sierra sur de Sevilla y el noroeste malagueño, por Manuel Velasco Haro, pg 10. Historiador. Presidente AGEMHA (Asociación Guerra Exilio y Memoria Histórica de Andalucía)


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JAVIER BUENO BUENO, SOCIALISTA, periodista ejemplar, ASESINADO por mercenarios franquistas en Madrid en 1939

Javier Bueno Bueno word pressJavier Bueno nació en Madrid, en 1891. Hijo de la actriz Soledad Bueno y el periodista José Nakens, autodidacta, de joven vendedor de periódicos, ocasionalmente escribía en prensa. Fue uno de los redactores de El Radical, fundado por Lerroux en 1910, donde escribía sus “Notas de un regocijado” y la columna “Palabras de un salvaje”. Por unos artículos fue procesado y tuvo que exiliarse en París, pero pudo regresar a Madrid gracias a un indulto de Canalejas, aunque sufrió otras detenciones. Se incorporó al diario El Sol en 1917, simultaneando empleo con “La Voz”, donde años más tarde sería redactor-jefe. También fue jefe de redacción de los periódicos madrileños Crisol y Luz. Presidió la Asociación de la Prensa de Madrid desde 1915 y fue fundador en 1927 de la Agrupación Profesional de Periodistas. Bueno se desplazó a Alemania donde entrevistó a un desconocido Adolf Hitler, entrevista que se publicó en ABC el 6 de abril de 1923 bajo el pseudónimo de Antonio Aspeitua.

Con la llegada de la República Javier Bueno dejó el periódico y pasó a “jefe de prensa” del Ministerio de Estado, del que era titular Alejandro Lerroux, formando parte de su directiva en varias ocasiones; en 1932 ya era presidente. En Noviembre de ese año se aprobó el ingreso de la Agrupación en la UGT, siendo Bueno su presidente hasta el final de la guerra. En 1931 publicó en Madrid un folleto titulado El Estado socialista. Nueva interpretación del comunismo, en el que afirmó que la llegada del socialismo revolucionario era inminente si se lograba la unidad de la clase obrera “por encima de líderes y exegetas”. En 1933 Bueno recibió el encargo de dirigir el diario ugetista asturiano “Avance”. Antes de aceptar recorrió Asturias, visitó centros fabriles, minas, Casas del Pueblo, sindicatos, empapándose totalmente del ambiente proletario astur.

Entonces se comprometió, se fue para Oviedo en julio de 1933 asumiendo la dirección del periódico “Avance” en Gijón. Lo convirtió en el periódico de más tirada de la región y en el de referencia de la clase obrera asturiana. Abrió sus páginas a los trabajadores para contar sus problemas y montó una red informativa en toda Asturias, con corresponsales y colaboradores espontáneos. El espectacular crecimiento del periódico, sumó más y más lectores. La expansión del diario captó la atención de muchos asturianos porque recogía el sentir y las historias de quienes se sentían reconocidos en aquellos sufrimientos, luchas, experiencias y anhelos. Fue un medio fundamental para que las localidades aisladas conectasen con el resto de Asturias. La tirada de Avance rondaba los 23.500 ejemplares diarios, una cifra inusitada para un diario obrerista de ámbito regional.

Javier ingresó en la UGT, manifestó un espíritu libertario marxista, antiestalinista y antiburocrático. Mediante su pluma acerada y curtida Avance se convirtió en prensa socialrevolucinaria contra la derechización del régimen republicano, que en 1934, estaba enfrentado al PSOE y UGT. Sus virulentas críticas al gobierno le acarrearon 32 secuestros de la edición en 1934, y dos cuantiosas multas, el periódico fue prohibido en los cuarteles. Los talleres fueron tomados por la guardia de asalto y la guardia civil. Bueno fue encarcelado en 3 ocasiones, los vendedores del periódico fueron perseguidos y multados, pero se organizaron campañas de solidaridad para hacer frente a las multas. Sus artículos, y discursos en mítines políticos socialistas contribuyeron a crear el clima que propició la Revolución de Asturias de octubre de 1934.

Bueno fue detenido en 2 ocasiones tras los sucesos de 1934, procesado, acusado de “inducción y excitación” a la rebelión, condenado a reclusión perpetua y multado con 70 millones de pesetas de la época. Al oír la sentencia del tribunal militar, preguntó cáustico: “¿Al contado o a plazos?” Javier Bueno fue sometido a las brutales torturas que se infligieron de forma generalizada a los prisioneros, a consecuencia de las cuales quedó cojo, herido y llagado. Presentó denuncia por los malos tratos recibidos, pero se desoyeron las acusaciones. Escribiera lo que escribiese, Bueno nunca pegó un tiro ni participó en la organización de los combates. Siempre bromeaba con sus compañeros, autor de incendiarios editoriales, plagados de quevedesco ingenio que levantaban ronchas en la piel. Editoriales que un día de 1934 un militar le hizo tragar literalmente. Bueno, tras masticarlos lentamente uno a uno y engullirlos, exclamó con el sutil ingenio que le caracterizaba: «Nunca había pensado que mis editoriales tuvieran tanta sustancia».

Permaneció en prisión hasta 1936 en la cárcel de Oviedo, y hubiera continuado, pero fue amnistiado tras la victoria electoral del Frente Popular en Febrero de 1936. Regresó a dirigir Avance, pero con el golpe de Estado, las tropas del coronel Aranda se sublevaron ocupando Oviedo. Bueno escapó y participó en el asedio a Oviedo como un miliciano más. Pero en Diciembre fue herido y tuvo que ser evacuado a Gijón. En Oviedo había quedado la mujer de Javier Bueno, María Brasero; ella y las mujeres de otros dirigentes socialistas como Amador Fernández, Vallina, Belarmino Tomás, López Mulero y Oliveira fueron encarceladas por el coronel Aranda para poder utilizarlas como rehenes cuando fuera necesario.

En 1937, ya recuperado, retomó su labor como director de Avance. Cuando los franquistas se encontraban a 30 kilómetros de Gijón, se aprobó la evacuación por mar de milicianos y civiles. Javier Bueno, ante la imposibilidad de avisar al resto de redactores, había renunciado a marchar. Finalmente pudieron embarcar y llegar a Francia. Javier regresó a Madrid, donde dirigió el semanario socialista “Claridad”, órgano oficial de la Ejecutiva de la UGT. Bueno desempeñaba también la corresponsalía madrileña de El Socialista. Cuando en marzo de 1939 cayó Madrid se refugió en la embajada de Panamá, pero los franquistas la ocuparon y 11 españoles refugiados fueron hechos prisioneros, entre ellos Javier Bueno, que fue encarcelado en Porlier.

Fue condenado a muerte en un juicio irregular, que le declaró responsable de un delito de “adhesión a la rebelión”, “perversidad” y “trascendencia”. Era tiempo de «pagar caras las culpas», y a Javier le sobraban, tras muchas noches de maquina de escribir defendiendo sus ideales marxistas y siendo la voz de la minería asturiana, y siempre con una actitud crítica para con los excesos de su propia retaguardia. Se discute si fue fusilado, ejecutado con garrote vil, o según Julián Zugazagoitia ahorcado, el 26 de septiembre de 1939, y después enterrado en una fosa común en el cementerio del Este de Madrid. Tras su muerte, su 1ª esposa Concepción Ramírez de Verger y sus 8 hijos fueron expulsados de su casa como represalia; lo mismo ocurrió con su 2ª esposa, Mariana Brasero Potenciano y su hijo Germán Luis Bueno Brasero, que pasó por varios campos de concentración en Francia.

Había sido Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) desde julio de 1936 a abril de 1939. En 1983, la APM creó el premio periodístico Javier Bueno, que se concedió, al principio, al “profesional que, a juicio del jurado, más se haya distinguido por el conjunto de su vida activa dedicada al ejercicio del periodismo”, y que, desde 1994, distingue una dedicación sobresaliente especializada en cualquier campo de periodismo.


Documentos: Wikipedia. Asturias Republicana (Marcelino Laruelo). Heraldo de Madrid (Juan Manuel Alcalá). Fundación Pablo Iglesias. Quienes eran. La Nueva España (Elvira Bobo Cabezas). Apmadrid


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TERRORISMO falangista en Salamanca

TERRORISMO falangista en Salamanca word pressTantos años sabiendo que el cuerpo del padre, del hermano, del marido, yacen mal enterrados al borde de cualquier camino; años de rabia contenida y miedo desbordado. Salamanca conoce muy bien la historia de aquellos falangistas que no fueron a montar guardias junto a los luceros porque lo suyo no era la trinchera, sino el robo, el asesinato y la violación.

Doña Fe, viuda del diputado José Andrés y Manso, presidente de la Federación Provincial Obrera (UGT), contaba que “..le dije a mi marido que nos fuéramos, pero el me contestó que nada malo había hecho y que debía quedarse en Salamanca, no creía que le fueran a hacer nada, siempre había actuado transparente y todos conocían su honestidad. Se equivocó: nos saquearon la casa y a el se lo llevaron preso. Fue a buscarlo a la cárcel Bravo, que luego seria director del periódico «La Gaceta Regional» y alcalde franquista de Salamanca. Bravo explicó a mi marido y a Prieto Carrasco, que había sido alcalde durante la República, que los trasladaban a Valladolid. Mi marido le dijo a Prieto: No necesitamos equipaje. Nos llevan a fusilar..”.

“..¿Confesarse, dice usted? ¡ Esto es un cuento! Mire, yo soy muy cristiana, la historia de que mi marido pidió confesar es mentira. Mi marido tenia la conciencia tranquila, era un hombre bueno que siempre ayudó al débil y por eso le asesinaron..”. El general Cabanellas dio el visto bueno, sacaron de la cárcel a José Andrés y Manso y a Prieto Carrasco, y sin juicio ni diligencia alguna el día 24 de julio de 1936, se los llevaron al monte, a La Orbada, y allí al borde de un camino los asesinaron juntos.

Doña Fe contó muchas más cosas de aquella juerga sucia que fue la represión franquista en Salamanca. Habló y no acabó de ese personaje con nombre de tebeo, Diego Veloz, hijodalgo neófito y terrateniente, que asoló con sus hordas falangistas los humildes hogares del campo salmantino. Historias rezumantes de odio y sangre. El Golpe de Estado rápido había fracasado y los militares necesitaban una retaguardia que no crease problemas; lo más fácil era cerrar los ojos ante el terrorismo falangista.

Contaba la viuda de José Caballero: “..El 9 de agosto por la mañana vinieron a buscar a mi marido. Armaron mucho alboroto, mi hijito lloraba y al padre le dieron una patada tremenda porque les dijo que no asustaran al niño. Se llevaron en un camión hasta el Pedroso de la Armuña a Valentín Póveda Gallego, Paulino Póveda Gallego, Salvador González Gómez, Agustín González Herrero, José Caballero, Manuel Martín y Simón Rodríguez. A los 4 primeros los asesinaron en el monte de La Orbada; el resto los llevaron a la cárcel de Salamanca, donde fueron entregados al Capitán Centellas, que era el padre o el hermano de Don Manuel, el cura de aquí, y el canalla dijo: «¿A qué me traes carne viva?». Aquella misma noche los asesinaron en la Fuente de la Platina, en las tapias del cementerio de Salamanca. No tuvo mejor suerte Manuel Herrero, fusilado tras un conciso juicio de un tribunal militar. Cuando nos enteramos, hacia 2 días que estaban muertos y los habían dejado sin sepultura: después de muertos les habían pasado un camión por encima… yo vi las marcas de las ruedas en el pantalón de mi José..”. Los crímenes de estos 8 hombres se reducían a su condición de izquierdistas; en El Pedroso ni siquiera había habido enfrentamientos sociales graves.

Los asesinos fueron Don Manuel, cura párroco; Marcelino García, que fue alcalde; Agustín Franco y Emilio Martín. El cura Don Manuel, aseguraba la viuda de José Caballero, “..fue una piel de las malas, fue el peor, daba misa en la iglesia de San Juan Bautista en Salamanca..”. El escritor Agustín Salgado en su novela «La Grama» sobre los asesinatos del Pedroso explica :”..La responsabilidad de don Manuel fue enorme: él llamó a los falangistas y él confesó o trató de confesar a los 8 detenidos. El cura negó que confesase a aquellos hombres, decía que él no sabía que los fueran a fusilar pero, aún así, tuvo la responsabilidad de no haber impedido que se los llevaran..”

La viuda de Salvador González, la señora Rosaura Gómez no podía hablar sin lágrimas en los ojos: “..A Salvador lo vinieron a buscar, a las 10 de la mañana los falangistas y 2 de la «guardia cívica» del pueblo, eran Segundo Rodríguez y Emilio Martín, que se retiró de sargento de la guardia civil. Al cruzar la plaza se topó con 2 del pueblo, Baltasar García y Teodoro Rodríguez, que dijeron a los falangistas que «ése es de los peores» y le llevaron detenido. Le llevé algo de dinero, un papel y un lapicero, para que me escribiera desde donde fuera a estar; se abrazó de mí y del niño que tenía 9 meses. Por la tarde los subieron atados a un camión, los falangistas se reían de ellos y les cantaban el «réquiem», pobrecillos. Los asesinaron al borde de un camino. A varias hijas de los fusilados las raparon y las hacían cantar el «caralsol»; lo mismo que a la viuda de Manuel Martín, que un día le cambiaba los pañales a su hijo y decía en voz alta: «¡Que por 4 sinvergüenzas te tengas que ver tú así!» y se la llevaron al ayuntamiento y la ataron a una columna y tuvo que ir su padre a ponerse de rodillas para que la soltaran, pues tenia que dar el pecho al niño”


Documentos: Foro por la memoria, Intervíu nº 177, 4-10 octubre 1979 (Ángel Montoro). Memorial de la Orbada. Imagen, El Norte de Castilla (Víctor Antoraz)


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LUIS ROVIRA MIRALLES, maestro, REPUBLICANO y antifascista, FUSILADO por los franquistas en Alicante en 1940

Luis Rovira Miralles 2 word pressLuis Rovira Miralles nació en Iglesuela del Cid (Teruel) en 1893. Estudió Magisterio en Castellón y Valencia. Casó con Salvadora Adell Segarra, nacida en Albocácer, también maestra, y se trasladaron ambos a Ibiza, a San Vicent de Sa Cala, donde estuvieron trabajando desde 1919 a 1924. Rovira fundó allí la Sociedad “El Progreso”, que construyó el edificio de la escuela. En sa Cala, Luis Rovira Miralles era considerada «persona ordenada y legal», lo primero que hizo fue elaborar un inventario de lo que se encontró en la escuela. Llegó a la isla junto a otros 6 maestros, como Joaquín Gadea, que «revolucionaron» la enseñanza. Rovira tuvo un papel fundamental, consideraba que la iniciativa popular era imprescindible para impulsar la construcción de la escuela. “El Progreso” fue el ariete civil para lograr ese propósito.

En 1924 pasó de Ibiza a Muro de Alcoi (Alicante), donde ingresó en la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (UGT), y donde fue designado alcalde en 1936. Desde 1937 a 1939 trabajó en su profesión en Barcelona al servicio de la Generalitat de Catalunya, como director del Grupo Escolar de Viladomat en el que su esposa Salvadora ejercía como maestra. A diferencia de su hijo Luis, que marchó al exilio y estuvo recluido en el campo de internamiento de Argelés-sur-mer, Luis Rovira, considerando que tenía la conciencia tranquila y creía no deber nada a la justicia de Franco, se quedó en Barcelona al terminar la guerra.

Allí fue reconocido por un antiguo alumno, a quien precisamente Luis Rovira había facilitado un salvoconducto para marcharse de Muro. Fue finalmente encarcelado en Alicante en febrero de 1940. Se le abrieron 2 procesos. Tuvo informes, favorables y adversos. Se le acusó de haber sido miembro del Comité Revolucionario, los informes contra Rovira fueron emitidos por el alcalde de Muro, la guardia civil de Alqueria d’Asnar y el jefe local de Investigación de FET y de las JONS. Otros aseguraron que lamentó los sucesos revolucionarios, dio salvoconductos y ayudó a escapar a muchas personas, entre ellos a 2 sacerdotes.

La guardia civil le acusó de enviar 200 hombres armados a Alcoi para asaltar el Cuartel de Infantería. El delegado de Información e Investigación de Falange José Climent Llorca, añadió que hizo propaganda a favor del Frente Popular y contra las derechas y la Iglesia, y era “un tirano”, perseguidor de personas de derechas. Rovira negó todas las acusaciones, y aseguró que había gestionado la libertad de varios presos, y que no pudo participar en la muerte de 11 vecinos en octubre de 1936 porque estaba de viaje en Alicante, lo que corroboró algún testigo.

La sentencia consideró probado que Rovira había sido el organizador de IR en Muro, había formado parte del Comité Revolucionario. La sentencia admitía que había favorecido “a algún elemento de derechas”. Se le condenó a pena de muerte. Rovira se negó a firmar el enterado de la sentencia por adhesión a la rebelión, pero fue fusilado el 12 de julio de 1940 en las tapias del cementerio de Alicante después de una espera de 36 días.

Junto a Luis Rovira Miralles fueron fusilados el anarquista Francisco Maroto, el antiguo gobernador socialista de Málaga Luís Arráez Martínez, Antonio Miguel Vidal (campesino de Jijona), Tomás Antón Antón (campesino de Elche), Miguel Olivares Tomás (albañil de Elche), Pedro Cabrera Timoner (administrativo de Madrid), Joaquín Félix Borrallo (ferroviario de Denia), José Sendra Pastor (dependiente de comercio, de Valencia), Ramón Gimeno Navarro (albañil de Castalla), Vicente Ivars Ronda (mecánico ajustador, de Denia), Ángel Cartagena Llorens (campesino de Relleu), José Verdú Candela (campesino de Castalla) y Francisco Monerris Pagán (albañil de Jijona).

Mientras tanto continuaba otro proceso paralelo contra Rovira en Alcoi. En este también aparece en el sumario José Climent Llorca admitiendo que Rovira no había presidido el Comité Revolucionario. El Juez, tras comprobar la ejecución de Rovira, sobreseyó el sumario el 29 de abril de 1941. Cuando, ya fusilado Rovira, se elaboró el informe de alcaldía para la Causa General, no se le citó como responsable de ninguno de los hechos ocurridos en Muro y en una relación de miembros del Comité Revolucionario -que en su inmensa mayoría huyeron al extranjero- no aparecía su nombre.

Más adelante, José Climent Llorca, principal acusador de Rovira y uno de los informantes habituales en todos los sumarios contra vecinos de Muro, sería a su vez juzgado en Consejo de guerra acusado de malversación de fondos e irregularidades económicas, además de falsear sus informes mediante la percepción de sumas económicas por parte de los familiares de los acusados. Fue absuelto.


Documentos: Archivo democracia (José Joaquín Rovira Roig). Fundación Pablo Iglesias. Diario de Ibiza (J.M.L.R). Gimenologues


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