RAIMUNDO CADALSO LUNA, SINDICALISTA, SOCIALISTA, fusilado por elementos franquistas en las tapias del cementerio del Este de Madrid

Raimundo Cadalso Luna word pressRaimundo era presidente del Gremio de Fumistas de la UGT, miembro de la Asociación Socialista Madrileña desde 1931, padre de 8 hijos de entre 3 y 18 años en el momento de su asesinato. Durante la guerra civil formó parte de las Milicias de Vigilancia de Retaguadia. No había participado en acciones bélicas por su edad, no estaban sus manos “manchadas de sangre”, pero pertenecía al PSOE y había defendido los derechos de sus compañeros del gremio de fumistas. Finalizada la guerra fue detenido el 1 de mayo de 1939 y encarcelado durante ocho meses en Yeserías donde se le torturó sistemáticamente, sufrió 2 consejos de guerra, fue condenado a pena de muerte, conducido a la prisión de Porlier y finalmente fusilado junto a diecisiete personas más el 27 de noviembre de 1939. Tenía 45 años

Tras la ejecución de Raimundo su familia sufrió persecución y duras represalias. Los vencedores no respetaron a los hijos de Raimundo y Francisca. Unos 10 días después de su fusilamiento, la policía golpeó la puerta de su vivienda en plena madrugada y condujo a su esposa, Francisca García Herrero, de 38 años, y al 2º hijo, Raimundo de 17 años, ambos sin vinculación política alguna, a la DGS de la Puerta del Sol. El hijo mayor, de 17 años, había huido porque había pertenecido a la Quinta del Biberón. Madre e hijo fueron torturados y días después encarcelados en las cárceles de Ventas y Cisne respectivamente, donde durante más de 2 años podían oír perfectamente las ejecuciones de madrugada. Tras la salida de la cárcel, la esposa de Raimundo y sus hijos fueron desterrados de Madrid y antes de partir, ella descubrió que las tierras que poseía en la colonia del Viso le habían sido “requisadas”. Cuando las fue a reclamar, le amenazaron con volverla a encarcelar si insistía en recuperarlas.

Durante ese tiempo, 2 de sus hijos, todavía niños, Esteban de 13 años y Pepe de 12, fueron llevados a un hospicio del Auxilio Social de Valladolid, y sometidos a hambre y adoctrinamiento fascista y religioso. Otros 2 hijos entre 6 y 10 años, habían sido evacuados por los bombardeos fascistas a Cataluña con familias de acogida, porque el barco que les iba a llevar a la URSS hasta acabada la guerra fue hundido por los fascistas italianos. Una de las hijas menores, Celia, con tan sólo 6 años, fue recluida por el Auxilio Social en un colegio de Carabanchel llamado “la Divina Infantita”. Allí, hasta pasados los 8 años de edad, fue sometida a vejaciones, humillaciones, hambre, maltratos y adoctrinamiento fascista y religioso; las monjas no cesaron de repetirle que era “hija de rojos” y que “tenía que purgar los pecados de sus padres”. Otra hija fue con unos parientes a Jerez de la Frontera. El heroísmo de aquella madre resistiendo y sobreviviendo primero, reagrupando luego a sus ocho descendientes, sacándolos adelante y transmitiéndoles sus ideales de justicia y libertad, es un claro ejemplo más de la lucha que tantas mujeres españolas le libraron a la dictadura.


Documentos originales: Quienes eran y Homenaje 2016, (Isabel Cadalso, nieta de Raimundo Cadalso Luna), Mayores en acciónFundación Pablo Iglesias 


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VIRGILIO LERET, CAPITÁN DEL EJÉRCITO DE LA 2ª REPÚBLICA ESPAÑOLA, el ingeniero que debió dar nombre a Barajas. Fusilado por los franquistas el 18 de Julio de 1936

Virgilio Leret 2 word pressVirgilo Leret Ruiz nació en Pamplona el 23 de agosto de 1902. Fue un militar extraordinario, número uno de su promoción, capitán de la II República Española, ingeniero, humano como persona, como padre y como esposo, violinista, escritor, políglota de cinco lenguas. Leret consiguió 7 medallas por méritos diversos en la guerra colonial de Africa, y el reconocimiento del ejército francés por su colaboración aérea. Fue escritor con el seudónimo de “El Caballero del Azul”. Leret diseñó un revolucionario motor a reacción para aviones muy avanzado para su época, que situaba a la aeronáutica española en un lugar privilegiado. En 1935, a Leret se le concedió la patente de su invento: el “mototurbocompresor de reacción continua”. El presidente de la República, Manuel Azaña, había ordenado su fabricación en septiembre de 1936 en los talleres de Hispano Suiza de Aviación, pero la guerra lo hizo imposible. Su hija Carlota ha logrado que se exponga por fin en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica, en Madrid, 78 años después: “En el museo se entusiasmaron, pero me dijeron que no tenían dinero”. Carlota ha pagado de su bolsillo la maqueta del turbocompresor, 2.674 piezas y 2.500 horas de fabricación. El ingeniero aeronáutico Martín Cuesta tras realizar un pormenorizado estudio de los planos de Leret asegura que el invento era “verdaderamente ingenioso, viable… De no haber sido fusilado, a buen seguro que su motor hubiera sido una realidad, con el consiguiente honor para su autor y para España”. “Era uno de los oficiales más brillantes de las Fuerzas Armadas”, describió Paul Preston en El Holocausto Español.

Leret estaba al frente de la base de hidroaviones de El Atalayón en Melilla, el primer destacamento militar que se opuso con sus escasas armas a los regulares que asaltaron la base el 17 de julio de 1936. Fue la primera batalla de la guerra civil. Los alféreces Luis Calvo Calavia y Armando González Corral, alertaron al capitán Virgilio Leret del levantamiento contra la República, fueron sitiados mediante disparos de un tupido fuego de ametralladoras pesadas. El número de fuerzas atacantes era muy superior, tras 2 horas la munición se les acabó, y Leret rindió la posición asumiendo toda la responsabilidad. Virgilio Leret fue fusilado junto a sus compañeros Armando González y Luis Calvo. No sería cierto que fue encarcelado y fusilado cinco días después tras la celebración de un juicio: El soldado Eduardo Sánchez y el teniente de ingenieros Hermenegildo Gómez de Fabián, testigos de los hechos, cuentan que, tras el enfrentamiento, los soldados de la base les dijeron: “Acabamos de matar al capitán Leret”. Fue el primer oficial fusilado por los golpistas, y el primer desaparecido de la guerra, pues sus restos fueron arrojados a alguna desconocida fosa común.

Su esposa Carlota O’Neill pasó seis años en la cárcel tras un simulacro de juicio, acusada de asociación ilícita y de injurias al Ejército. “Mi madre había nacido 100 años antes de tiempo”, explica su hija Carlota. “Era feminista, progresista… Creía en la igualdad de hombres y mujeres, se casó con mi padre después de que nosotras naciéramos, porque él se lo pidió para que no sufriéramos consecuencias”. A O’Neill le quitaron la patria potestad de sus dos hijas, Carlota y Mariela, y las internaron en un terrible orfanato. En la cárcel, O’Neill temió por su vida cuando un puñado de falangistas entró en la prisión para matar a un grupo de presas. Ella se escondió toda la noche en un tanque de agua, “El agua me llegaba a la boca, era ahogarme o dejarme matar, prefería lo primero”, escribió en sus memorias. Escuchó al director del penal: “Es una barbaridad acabar con todas en montón. Cuando quieran matar mujeres, vengan a buscarlas, una a una!”. Los falangistas “se fueron llevándo las que les cabían en las manos”. Cuando abandonó el penal con libertad condicional rescató los planos de Leret, escondidos durante cinco años, y los entregó a las Fuerzas Aliadas para que no cayeran en manos nazis-fascistas. Después recuperó a sus 2 hijas y se exilió a Venezuela con ellas. Carlota O’Neill da cuenta de estos hechos en su libro “Memorias de una mujer en la guerra de España”.


Artículos: Público (Braulio García), Sol y Moscas, (Florentino Areneros), CTXT (Ramón J. Soria),  El Español, Alpoma, El País (Natalia Junquera), ianasagasti, elotropais


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ANDALUCÍA: OTRA TIERRA, OTRA GUERRA. Los mecanismos de la represión

Andalucía, otra tierra, otra guerra word pressEn Andalucía los golpistas realizaron una represiva virulenta, mediante una guerra sin trincheras, una guerra de tapias y cunetas dirigida por Queipo de Llano: Detenciones, interrogatorios, fusilamientos organizados por gobernadores militares. mediante comandancias coordinadas con Guardia Civil, milicias cívicas, Falange y Requeté. Las actividades criminales de estas milicias derechistas no desvían la atención de los principales asesinos: Las columnas de ocupación dirigidas por militares, que estructuraron la represión, la inmensa mayoría de los asesinatos, mediante la aplicación mecánica de “bandos de guerra”, nada de actuaciones “incontroladas”, “venganzas personales”, “ajustes de cuentas”..

Queipo de Llano fue un vulgar criminal de guerra cuyas columnas actuaron con especial brutalidad y violencia llevando a cabo matanzas indiscriminadas con miles de asesinatos en multitud de ciudades y pueblos de Andalucía. Legionarios y regulares, y sus oficiales y mandos, pusieron en práctica la única forma de guerra que conocían, cometiendo las mismas barbaridades y tropelías que en aldeas rifeñas durante la guerra de Marruecos. Algunas de estas bandas, como la columna de Castejón, actuaron con sevicia desproporcionada y sangrienta, décadas después permanece el terror en el recuerdo.

La primera fase se destacó por una vesánica represión, pero en la fase siguiente se realizó la gran matanza. Durante el verano y el otoño de 1936, de forma continuada y metódica, los comandantes militares y los derechistas locales llevaron a cabo una masiva depuración, encarcelaron a millares de personas, saquearon y expoliaron sus bienes, sancionaron, humillaron, y fusilaron a todos los que consideraron sus adversarios. Muchas personas fueron asesinadas por ser familiares o amigos próximos de dirigentes políticos y sindicales, que no consiguieron capturar por haber huido.

Cuando se amortiguó la represión, se precisaba mano de obra para producir alimentos y medios para la guerra, la cuota represiva mínima se cumplió siempre. Cuando en febrero de 1937 Málaga fue ocupada por las tropas italianas y las huestes de Queipo, se asesinaron inmediatamente más de 1.300 prisioneros mediante consejos de guerra sumarísimos, sencillamente tapias judiciales. En Sevilla los consejos de guerra ejecutaron a más de 600 personas, muy lejos de los casi 11.000 asesinatos por los bandos de Queipo. En Huelva, de 6.019 víctimas documentadas hasta la fecha, solamente 386 lo fueron por sentencias de consejos de guerra. Igualmente en Cádiz, Córdoba, Granada..

Al terminar la guerra, se realizó la última fase represiva con los huidos que retornaron a sus provincias de origen, dejando bien claro que no había llegado la paz sino la victoria. Nada ni nadie escapó a la vorágine depuradora del nuevo régimen. La dictadura quedó fuertemente asentada sobre una base sangrienta. Una podrida, pestilente y anquilosada civilización tutelada por espadas, cruces y terratenientes, no dudó en asolar a sangre y fuego el país cuando vieron que sus privilegios ancestrales peligraban.


Excelente Artículo original en La represión franquista en Andalucía: Andalucía: otra tierra, otra guerra. (José María García Márquez. pg 5)


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HILDA FARFANTE, HIJA DE MAESTROS REPUBLICANOS. Septiembre de 1936, mercenarios falangistas asesinaron a su madre Balbina Gayo Gutiérrez, desaparecida en una cuneta, y a su padre Ceferino Farfante Rodríguez, en algún barranco

Hilda Farfante word pressHilda Farfante, (Cangas del Narcea, 1931), dedica su vida a la Memoria Histórica (premio “Trece Rosas”), pide justicia para las víctimas del franquismo en la Guerra Civil y la dictadura, protagonista del documental ‘Las maestras de la República’ ganador de un Goya 2014: “La Transición nos traicionó, hizo una canallada con nuestros muertos”. “Dice Saramago que somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos, no somos; sin asumir responsabilidades, tal vez no merezcamos existir”. “Me siento culpable de lo que le pasa a Garzón, veía que iba a por Pinochet, luego a por los argentinos y me decía: ¿Y mis padres, la represión franquista? Cuando dijo que se iba a ocupar de esto, me llevé la alegría de mi vida. Ahora tengo ganas de pedirle perdón”.

La 2ª República apostó por la educación y por la mujer. Su madre llegó a directora de escuela, algo impensable años atrás. “¡Pienso tanto en ella ahora! A sus 35 años, consiguió mucho en la vida, aunque procedía de una familia humilde. Mi madre consiguió ser independiente, estudiar una carrera, casarse con el hombre al que amaba, trabajar, ser directora de colegio. Era muy difícil en aquella época, ella lo hizo. En la escuela no solo enseñaba a niños y niñas, sino también a hombres y mujeres. En una fotografía de mi madre dando clase a adultas se la ve haciendo punto con mi hermana Berta, y las alumnas mayores también tienen a sus hijos de siete u ocho años al lado. Para que las mujeres fueran a clase, ella les dejaba ir con los hijos. En el reverso de la imagen, se lee una anotación de mi madre, para que fueran a aprender a leer y a escribir, había que enseñarles a hacer patucos. Mi madre quiso compartir la casa, la familia, con su trabajo. Ya ves, la mataron porque fue ella a abrir la escuela. Mis padres protagonizaron un verdadero cambio en el sistema educativo, no pertenecían a ningún partido político, pero dieron un salto tan grande, modernizaron la educación con tantos proyectos… ¡Qué poco les duró y qué caro lo pagaron! Siendo mi madre directora, crearon un Centro de Colaboración Pedagógica que, como el Concejo de Cangas del Narcea era muy grande, juntaba a más de cien profesores de aldeas chiquititas. Se reunían una vez al mes y, en julio de 1935, organizaron una Semana Pedagógica”.

Hilda tenía cinco años cuando perdió a sus padres: “Se conocían desde pequeños, iban siempre juntos, nunca se habían separado. A mi madre fueron a buscarla cuando iba a abrir el colegio del pueblo, un hecho de guerra. Mi padre fue a buscarla al día siguiente y lo mataron también. A las tres hermanas nos separaron, cada una con un familiar. Ya nunca volvimos a estar juntos. El espanto. Yo siempre lo llamo así. Días terribles. Perdí a mis padres en dos días; me llevaron a los montes para ocultarme, me separaron de mis hermanas, eso es el espanto”. Desde entonces, Hilda quedó a cargo de su tía Guillermina, “Teníamos un miedo a hablar que te comía las entrañas, un miedo a que pasara algo grave, a que podía morir alguien”. “Queda mucho que decir y que gritar, un grito que ya va siendo hora de que se sepa y ahora se va a oír en muchos sitios y por mucho tiempo”. Ochenta años después del asesinato de sus padres no ha conseguido recuperar sus cuerpos, ni sabe con seguridad en que cuneta los enterraron. “Ochenta años y no hemos conseguido nada. Eso me desgarra las entrañas”


Documentos originales en: Universitat de Barcelona, La Sexta (Gonzo), Exhumacion Valdenoceda, La Nueva España (Elena Fernández-Pello), El Pais (Natalia Junquera), el Correo de Andalucia (Gabriel Ramírez), ileón


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TERESA TRULLENQUE MARTÍN, fusilada por agentes franquistas en 1940 en el Cementerio del Este de Madrid, por el delito de ser esposa y hermana de socialistas

Teresa Trullenque Martín 22 word pressCUIDAD DE MIS NIÑAS: Esta carta salió de la madrileña cárcel de Las Ventas escondida en una maceta. Su autora, Teresa, tenía 36 años, estaba casada, tenía tres hijos. Fue encarcelada el 18 de septiembre de 1939 con una niña de un año. La fusilaron el 28 de diciembre de 1940, pocas horas después de escribirla. Una de sus hijas, Dalia Forjas Trullenque, había muerto de bronconeumonía poco antes en la prisión. El marido de Teresa, Francisco Forjas, miembro de la ejecutiva socialista del Puente de Toledo, había sido fusilado en 1939. «Contadle al mundo lo que me está pasando, que me están matando a palos», había escrito Francisco en una misiva que llego a su familia. Su hermano Alberto y un hermano de Teresa, Luis Trullenque, también murieron en el paredón. Todos eran socialistas madrileños.

Pero Teresa confía a la Virgen la suerte de sus hijas huérfanas. La carta nos fue enviada por una de ellas, Teresa. «Teniamos 5 y 7 años cuando murió mi madre», nos decía en la carta que acompañaba a este texto. «La obligaron a confesarse para que se pudiera despedir de nosotros. Ahora que todo se puede contar, tendré la alegría de que la gente sepa el dolor con que mi madre se fue de este mundo».“En capilla, a la una de madrugada, es la ultima carta que os escribo, queridas hermanas Concha y Paca. Mis hijas se quedan huérfanas. No os pido mas que las miréis como si fueran vuestras hijas. Muero inocente y con la conciencia muy tranquila. Dad muchos besos a mis queridas niñas que las llevo clavadas en el corazón y lo mismo a las vuestras y a la abuela. Siento mucho todo lo que os habéis molestado, que ha sido inútil. Ese señor ha servido mal, pero, en fin, que le vamos a hacer, paciencia. Os pido que llevéis a mis niñas por buen camino, que sean buenas, que salgan dos mujeres honradas como su madre, que nunca nadie ha tenido que decir nada de mi y que pidan mucho a la Virgen. Muchos besos para sobrinas y para la abuela y para Vidal. Dejo de madre de mis hijas a la Virgen Santísima, que ella las protegerá y defenderá de todos los peligros. Muchos besos. Hasta la eternidad.” Teresa Trullenque Martín


Documentos en: Quienes eran, y en el Libro de Fernando Hernández Holgado, Mujeres encarceladas: la prisión de Ventas, de la República al franquismo 1931, 1941


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LAS CHICAS QUE SE NEGABAN A IR CON LOS GUARDIAS ERAN FUSILADAS

Las chicas que se negaban a ir con los guardias word pressLa asociación de investigación histórica Elkasko relata los abusos sexuales y la represión moral del franquismo en la zona obrera de Bizkaia. Historias silenciadas de miedo sufrimiento y horror, abusos sexuales, fusilamientos, estrictas medidas morales del régimen. Hubo mecanismos de represión específicamente dirigidos contra las mujeres, uno de ellos precisamente las violaciones. La violencia sexual que sufrieron las mujeres tanto en los centros de detención como durante la ocupación de las tropas franquistas fue una forma de represión de género, para someter a la población por medio del terror y la vergüenza. Habla Encarnación Santamaría: “La dictadura no sólo fusilaba por razones ideológicas, mi madre nos contaba que había chicas que como no querían ir con los guardias, las fusilaban por la noche. Preferían morir antes que ir con ellos”. Begoña Sánchez rememora estas atrocidades. “He oído contar a mi familia de Elgeta cómo los moros que venían con las tropas de Franco tenían carta blanca para hacer atrocidades con las mujeres, a una que desapareció del pueblo, la encontraron en el monte muerta, toda hinchada, toda reventada”.

En los centros de detención era habitual que las mujeres sufrieran abusos sexuales, una violencia sistemática más frecuente durante la guerra y en la primera etapa del franquismo. En los años 60–70 las mujeres eran insultadas por la Policía y agredidas por grupos de extrema derecha. La violencia sexual era y es practicada en un contexto social de permisividad o de impunidad, fundamental para permitir que las situaciones no afloren o que las denuncias no sean consideradas. Los abusos sexuales cometidos por los franquistas acabarían cubriéndose por el miedo y el silencio de las víctimas. La culpabilización y la falta de credibilidad que se imponía sobre las mujeres afectadas y sus familiares evitaban la denuncia y desembocaba en el silencio durante décadas. Palmira Merino dio fe de ello. “No es como ahora que todo se cuenta. Eso quedaba en secreto. Eso nadie lo contaba. Sabíamos que las habían llevado pero no sabíamos lo que les habían hecho. Y ellas jamás lo han contado. Era algo tremendo”.

La dictadura también ejerció una fuerte represión moral sobre las mujeres, el alcalde de Barakaldo, José María Llaneza prohibió que las vecinas saliesen a la calle sin medias debajo de sus faldas, el jefe de los alguaciles se encargaba de comprobar que ninguna mujer violase esta inédita norma. La ordenanza municipal dictaminaba cómo debían vestir sus vecinas y vecinos para evitar “formas poco correctas y decorosas en sus vestido y ademanes, so pretexto de recrearse en las playas, haciendo gala en calles y plazas a las idas y regreso de estos lugares de su escandalosa desenvoltura y desvergüenza, exhibiendo sus piernas sin recato de sus medias y simulando ir vestidas”. Se trató de una auténtica cruzada moral. Las consecuencias aún son visibles entre la población, a pesar de los años transcurridos, las investigadoras se toparon con personas que seguían teniendo miedo a relatar sus vivencias. El terror, para muchas y muchos, quedó grabado en la memoria.


Artículo original: Público, Danilo Albin


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MARÍA MARQUÉS FOMBELLIDA, madre de 5 hijos, socialista, tiroteada a muerte por criminales franquistas

María Marqués FombellidaEn 1936 María tenía 45 años.  Su familia era socialista. Su marido, Ángel Quintanilla y ella eran hortelanos, tenían 5 hijos: Nemesia de 22 años, Prudencio de 19, Mariano de 17, Pilar de 8, y una niña de un año que estaba muy enferma y falleció en los primeros días de agosto. El 19 de julio, los sublevados fueron a por la familia: Detuvieron a Nemesia y a Prudencio e intentaron detener a María por lo menos 2 veces. María fue requerida en el ayuntamiento el 4 de septiembre donde fue detenida y encarcelada en los calabozos de Laguna de Duero junto a Cándida de Castro, Segunda de Blas y Gaspara Trigueros Ayllón, que tenía con ella a su hija, a la que estaba criando cuando fue detenida. Allí fueron vejadas y atropelladas por un grupo de falangistas de la localidad que conocían desde niños.

Tras una noche terrible, durante la que fueron maltratadas, las cuatro mujeres y un hombre, también detenido, fueron obligadas a subir a un camión donde las trataran con brutalidad y crueldad increíble. El camión llegó hasta el puente de Boecillo, donde el río Duero divide los términos municipales de Boecillo y Laguna de Duero. Allí las mujeres fueron apeadas y sufrieron todo tipo de abusos, tras lo cual las arrojaron al río. Gaspara, la más joven, fue perdonada porque llevaba al bebé en brazos, lo que no impidió que sufriera todo tipo de atrocidades a manos de los asesinos. El agua se llevó a todos, excepto a María Marqués, que consiguió sujetarse a unas ramas, pero los asesinos tirotearon a la mujer hasta matarla. Los familiares intentaron localizar los cuerpos de las asesinadas, el padre de María pudo haber localizado los cadáveres en Puente Duero, donde los habrían enterrado en una zona bajo el puente.

La familia quedó destrozada. La hija mayor, Nemesia, fue rapada, vejada, humillada y perseguida. Prudencio, encarcelado, estuvo en diversas prisiones hasta el año 1943 y no logró rehacer su vida. El padre de María quedó ciego por el trauma y su marido enfermó y falleció en 1940. Los asesinos les robaron sus bienes, la vida y la esperanza. Los crímenes cometidos contra esta familia, como los cometidos contra otras personas de Laguna de Duero, jamás han sido reconocidos, y mucho menos reparados. Es hora ya de que el estado y sus instituciones pongan manos a la obra. Lo necesitamos todos y lo necesita nuestro país para poder alcanzar la dignidad que otorga la Justicia.


Documento original en: Represion franquista en Valladolid, ÚltimoCero. Orosia Castán


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