Sicarios franquistas asesinaron en 1936 al diputado REPUBLICANO JOSÉ MARÍA DÍAZ Y DÍAZ-VILLAMIL, en Taramundi (Asturias)

Jose Maria Diaz y Diaz-Villamil word pressJosé María Díaz y Díaz-Villamil, nació en Cerdeiral (Lugo) en 1898. Trabajó como maestro en Vilameá, y como Inspector de Primaria en Lugo. Se licenció en Derecho, durante la Dictadura de Primo de Rivera fue encarcelado en Madrid por ser el presidente de la Sociedad de Estudiantes de Derecho. Fue Gobernador civil de Huesca en 1932, de Málaga en 1932-33, y de Zaragoza en 1933. Participó en la creación de la Federación Republicana Gallega dirigida por Santiago Casares Quiroga, después ORGA, Partido Republicano Gallego que se integró en Izquierda Republicana.

Ejerció como abogado en el Juzgado de Villalba cuando estableció su residencia en Lugo en 1934. Fue elegido vocal de IR por Lugo, cargo que ostentó hasta 1936, coordinando la actividad provincial del partido, a la que se dedicó en cuerpo y alma, ofreciéndose para dar consulta gratuita un día cada semana, en el local social de Lugo, a los afiliados que lo necesitaran. Se presentó con IR por el Frente Popular a la elecciones de 1936, junto al PSOE e Unión Republicana, resultando elegido diputado. Ocupó interinamente el cargo de Gobernador Civil en Lugo hasta la llegada del nuevo gobernador José Antonio Fernández de la Vega.

Cuenta Alfonso Camín en su libro “España a hierro y fuego”, publicado en 1938, que al estallar la sublevación fascista en julio de 1936: «..sus amigos le dijeron que se escondiera en el monte: -¿Por qué? ¡Si yo no he hecho daño a nadie! El joven diputado estaba en la higuera. No sabían que los delincuentes eran ahora los sentenciadores. El no era un delincuente y no podía formar parte ni del tribunal ni de las cuadrillas de matarifes. El iba a ser juzgado ¡Pero en 5 minutos! El tiempo que lleva agarrar un hombre, atarlo a un árbol y acribillarlo a tiros.

Villamil se escondió. Entonces se dio cuenta del buen consejo. Hasta su refugio llegaban, todos los días, los nombres de los paisanos de Ribadeo que iban matando como si fueran reses. Pasan las semanas, y llegan a su conocimiento el número de vidas que van cayendo en el contorno. Piensa en huir. Embarcar para América. Su mujer es cubana. Trata de arrebatarlo a las hienas. La ponen centinelas. No puede dar un paso, cuyo rastro no sigan los podencos. Y llega la traición. La traición que está en todas partes. En el aire, en la tierra. En los que hemos creído nuestros mejores amigos. Un día le dicen a Villamil: “Todo está listo para cruzar la frontera. Hay que ir por los montes. El guía está en aquellos sembrados”. Y apunta hacia la niebla.

El diputado parte por senderos de atajo. Exactamente, el guía está allí. “Hoy no se puede. Pudieran vernos. Aquí mismo le espero mañana”. El diputado da la vuelta. Pero, apenas anda unos pasos, surgen de los matorrales 30, 40, 50 “negros” armados que le disparan sus fusiles. El hombre, herido y acorralado como una fiera, trata de esconderse en un pajar. Lo rodean, lo acosan, lo rematan a tiros. El “guía” ha desaparecido.

-Dejadlo ahí, que lo coman los lobos- gritan los verdugos “negros”. Y se alejan dando saltos de júbilo, como las tribus salvajes. En el pajar queda el cadáver del diputado. Cuando les preguntan el motivo de la muerte de Villamil, responden: -Se había elevado mucho. En Lugo, al mismo tiempo, desvalijan su casa y su despacho de abogado. Su mujer, la dama cubana, sin esposo y sin bienes, sin poder guardar luto, porque implica delito, meses después parte desde Lisboa a La Habana. La familia de Villamil fue toda despedazada. Los lobos “negros” mataron a 2 hermanos y a un cuñado del propio diputado de la República. -Diezmar es crear- gritan los “salvadores de España..»

Tras su asesinato, a Díaz-Villamil se le aplicó expediente de Responsabilidades Políticas, con una multa de por lo menos un millón de pesetas. Tras el embargo sólo se consiguió 1150 pesetas en metálico y diversos objetos encontrados sobre el cadáver y cantidades en cuenta corriente.


Documentos: Wikipedia. Asociación Manuel Azaña (Emilio Grandío Seoane). Y la obra de Alfonso Camín, “España a hierro y fuego


Viva la República Española. Por el reconocimiento de los Soldados Republicanos Españoles, que sufrieron ejecuciones y exterminio tras su heroico combate contra el franquismo. En Europa se les honra por su lucha contra el nazismo, pero en España siguen olvidados, FIRMA Y COMPARTE AQUÍ 

Anuncios