Recordamos a CONCHA MONRÁS, FUSILADA por los franquistas en 1936 junto a otros REPUBLICANOS oscenses. Su marido RAMÓN ACÍN había sido EJECUTADO 2 semanas antes

Conchita Monrás 2Concha, nació en Barcelona en 1898, llegó a Huesca muy pequeña con sus padres, Joaquín Monrás, catedrático de Literatura, y María Casas. Concha era enérgica, independiente, libre, adelantada a su tiempo. Pero una buena hija que acabó sus estudios de piano. Se casó y vivió en Huesca con Ramón Acín, profesor de Dibujo en las Escuelas Normales, muy relacionado con la intelectualidad progresista, Lorca, Buñuel y otros muchos, un artista anarquista con el que vivió momentos apasionantes durante 13 años de compañerismo, complicidad y un común concepto de una vida de esperanzas y riesgos.

Tuvieron 2 hijas, Katia y Sol, eran una familia feliz, poco convencional, ejemplar en cuanto al trato y la relación, demasiado modernos ante la sociedad local por la militancia anarquista, las aficiones familiares, el campo, baños en el río, excursiones, deporte, la felicidad, el buen carácter. Los padres odiaban la violencia y educaron a sus hijas en casa. Conchita leía, dibujaba con ellas, interpretaba a Mozart o Chopin, en un aire cultural de lo clásico a lo moderno, tertulias, ideas museísticas, clases de esperanto. Creían en un mundo sin ataduras ni crueldades, Ramón luchaba por un mundo más justo y su mujer, armónica, atractiva, sonriente, centelleante, inteligente en temas sentimentales, políticos, económicos, enamorada de su marido, le acompañaba entusiasmada, compartía la vida plenamente con él, mantenía el equilibrio en el hogar. Ramón, delegado de la CNT, daba clases gratuitas a los obreros de la ciudad. Cuando fue encarcelado por algún artículo periodístico o reunión prohibida, Conchita le complementaba.

Fermín Galán, gran amigo de la familia, expresó con emotividad: “Me maravillan él, su mujer, sus niñas ¡Su casa entera! ¡Acín ha encontrado la compañera! ¡Ha tenido suerte!”. En 1930, Fermín Galán fracasó en su sublevación republicana junto a García Hernández. Ramón tuvo que huir hacia Francia dejando aquí a su familia. Conchita se quedó en Huesca y muchas tardes cogía a una hija de cada mano y marchaba a las Mártires a rendir tributo con flores sobre la tierra donde Galán había sido fusilado.

Con la llegada de la II República Concha y las niñas se reencontraron con Ramón que fue recibido por una multitud entusiasmada. Pero los fascistas acabaron trágicamente con la armonía de una familia presidida por el amor, la libertad y la generosidad. Huesca, que había votado masivamente a la izquierda, quedó en manos de los sublevados. Empezaron las detenciones y fusilamientos de republicanos. El 6 de agosto de 1936 un grupo de falangistas fue a buscar a Ramón, que se entregó para que dejaran de golpear y maltratar a Conchita.

El matrimonio fue encarcelado. Esa noche Ramón Acín fue fusilado con otras 130 personas en las tapias del cementerio. Conchita, presa en una celda sin luz y sin colchón, fue fusilada el 23 de agosto con otras 138 personas. La horrenda matanza silenciada hasta la actualidad, ha sido rescatada por Víctor Pardo y Manolo Benito: “La dantesca historia de las desgraciadas víctimas de la saca del 23 de agosto, salvajemente apaleadas, torturadas y finalmente linchadas hasta la muerte. Entre los asesinos sobresalía uno que, manchada su camisa de sangre y armado con un gran cuchillo de matarife, se ufanaba de no haber malgastado balas”.

La casa familiar fue saqueda, robada, desmantelada. Katia y Sol quedaron huérfanas y desoladas, condenadas a la ausencia de unos padres que tanto las habían amado. Nada pudo, sin embargo, arrebatarles la preciosa herencia de la dignidad, el ejemplo de la coherencia y la ética, siempre han guardado la memoria fresca del ideario paterno, mantuvieron el espíritu de sus progenitores, el sentimiento de ser diferentes, y subsistieron con ese fondo de tristeza que invade a cuantos les ha sido pisoteada la vida.

Max Aub escribió en La gallina ciega: “No cuenta la multitud donde los vecinos –esos terribles vecinos españoles– denunciaron a troche y moche ¡Ay, Ramón Acín, fusilado y fusilada su mujer por culpa de sus buenos vecinos de Huesca”.


Documentos originales: Antón Castro (Lola Campos), Cartujerías (recomendada), Fundación Acín. La fotografía es original de la Fundación Ramón y Katia Acín.


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