GERVASIO ALBERTO LÓPEZ CRESPO, maestro REPUBLICANO de Almagro, ASESINADO por elementos franquistas en 1939

Gervasio Alberto Lopez Crespo word pressGervasio Alberto López Crespo, nació en la conquense Villaconejos de Trabaque (Cuenca). Don Alberto, mi abuelo (Ángel Luis López Villaverde) , fue el primer alcalde Republicano de Almagro, alcalde-presidente de la comisión gestora entre abril y mayo de 1931, y en 1936 síndico del Frente Popular, de identificación plena con la República como miembro que era del partido Izquierda Republicana.

Ya había mostrado sus credenciales políticas en 1930: “ser Republicano equivale a ser señor de sí mismo, soberano de sus propias decisiones, forjador de sus propias leyes, declararse mayor de edad, tener conciencia de su propio valer, poner al frente de sus destinos a la persona ungida por la probidad y el talento”.

La escuela fue su razón de vida, y si ejerció como político y periodista e incluso sindicalista lo hizo en tanto que maestro, pues “era del Magisterio de donde emanaba su visión de la realidad social”. López Crespo creía firmemente en el potente instrumento emancipador de la cultura, encajaba a las mil maravillas en aquella República de maestros que se instauró en España en 1931 y que sucumbió a sus declarados enemigos llevándose por delante la vida de tantos, la de él sin ir más lejos. Un oficio mal pagado que muchos ejercieron como un sacerdocio laico. Él, que era además católico, se convirtió en un maestro Republicano católico, una rara avis en aquellos tiempos de encrucijada.

Antes del 18 de julio de 1936 no había violencia política, ni religiosa en Almagro, hubo conflicto social pero no violencia, era un pueblo pacífico, sin embargo a partir 18 julio con nuevos actores y circunstancias se volvió muy violento. López Crespo combatió en la batalla del Jarama, regresando a Almagro en abril de 1937. Casado con Carmen Condés, su familia y él tuvieron problemas con miembros del Frente Popular, fue procesado por un delito de injurias contra el alcalde socialista Daniel García Olmo, a quien López Crespo no consideraba un defensor fiel de la causa Republicana. En enero de 1938 fue alejado como maestro, y se trasladó con su familia a Ciudad Real.

Don Alberto, siguió militando en la UGT, lo hacía desde los primeros años 30. Con el desplome Republicano, su familia y él no pudieron huir cuando las tropas franquistas ocuparon la ciudad el 29 de marzo del 39. Los sublevados se habían rebelado contra la República para acabar con los valores que difundían señeramente los maestros Republicanos: Fue inmediatamente detenido. El ex alcalde socialista le delató para intentar salvar su vida, afirmando que López Crespo había difundido una lista de falangistas almagreños, lo que asumió el fiscal. A semejante acusación falsa, le siguieron otras igualmente falsas, indemostrables e indemostradas.

El 13 junio de 1939 fue declarado culpable de adhesión a la rebelión y condenado a muerte por el mismo juez militar que, meses más tarde, condenó a Miguel Hernández: Pedro Alfaro Alfaro juzgó a una treintena de encartados ese día, en varios procedimientos sumarísimos de urgencia en apenas un par de horas. Alberto López Crespo fue fusilado el 25 de octubre de 1939 en el cementerio de Almagro, víctima del terror franquista, de la prolongada represión de los vencedores de la Guerra de España. Tenía 47 años. Fue asesinado por sus convicciones Republicanas. En el furgón que lo condujo a su ejecución, lo oyeron gritar “vivas” a la República.

El 29 de noviembre de 1963, Luis López Condés, primogénito de Don Alberto, logró exhumar los restos de su padre de entre los acumulados en la denigrante fosa común del cementerio de Almagro. No fue algo habitual durante la dictadura franquista, lo consiguió gracias a que pintó otro cuadro para la iglesia de San Bartolomé, Al igual que su padre, Luis, heredero del Republicano, fue entre 1987 y 1995, alcalde de Almagro. Su hijo, Ángel Luis López Villaverde es autor de El Ventanuco, un libro que es más que la memoria de aquel hombre, es un libro de Historia. Palabras mayores. No puede evitar recordar que la Transición consistió en “un pacto de silencio tácito, incluso de olvido, la “desmemoria”, para evitar que la memoria de la guerra contaminara” la consolidación ¿definitiva? de la democracia.

López Villaverde insiste en que “no hay perdón colectivo sin reparación”. Para algunos todo esto es una vuelta a empezar, pero para los partidarios de las tesis del historiador todo esto no es más que la obligación que tenemos de recordar el pasado para que no nos envenene. Hoy, en Almagro, el nombre de una calle recuerda la memoria de Gervasio Alberto López Crespo.


Documentos: Ángel Luis López Villaverde. Lanza Digital (Juan Carlos Chinchilla). Nueva Tribuna (José Luis Ibáñez Salas) Foto del cuadro de Santiago Torralba


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