Ana París García, REPUBLICANA y ANTIFASCISTA, sádicamente ASESINADA a garrote vil por malhechores franquistas en Sevilla en 1938

Ana Paris Garcia word pressAna París fue la única mujer en Sevilla asesinada por garrote vil de la que se tiene constancia hasta la fecha. Fue estrangulada en la Prisión Provincial de Sevilla el 5 de febrero de 1938. ¿El motivo? Ser una Republicana y militante sindical, lideraba la sección de mujeres de la UGT de la Casa del Pueblo donde vivía, la calle Pérez Galdós de La Roda de Andalucía. También que hiciera trabajo de proselitismo entre las mujeres del pueblo para afiliarlas. Se opuso a los rebeldes en las primeras horas de la sublevación del 18 de julio de 1936; el 20 de julio animó a los hombres para que lucharan por la República y que «si no tenían armas que cogieran hoces, entregando ella misma varias», según le acusaron. Tenía 38 años, una hija de 4, Manoli, y un hijo de uno, Rafael. Su marido Juan Aniceto Díaz, tenía 38 años y estaba huido.

En La Roda, desde el 21 de julio, tras la llegada de una columna de milicianos de Málaga, se instauró el régimen republicano. Pero la columna del comandante Castejón ocupo el pueblo el 29 de julio; la detención de Ana fue prioritario para los fascistas. Ana escapó de La Roda a lomos de una bestia con la familia, pero al pasar por Colonia de Santa Ana fue denunciada en este último poblado y entregado a los falangistas, que la llevaron a La Roda y fue encarcelada hasta su posterior traslado a Sevilla. Era mediados de agosto de 1936.

El tribunal franquista que juzgó a Ana, declaró: “Debemos condenar y condenamos a la procesada Ana París como autora de un delito de rebelión militar en el que ha concurrido la máxima circunstancia de agravación, de trascendencia del delito, perversidad y peligrosidad social de su autor, a la pena de muerte, entendiéndose que dicha pena, en el caso de que la misma fuera indultada, había de ser sustituida por la de Reclusión perpetua o de 30 años de duración”.

La angustia de Ana París en la cárcel fue infinita. En pocos meses se enteró del fusilamiento de 12 vecinos de su pueblo y de otra persona más, Rafael Graciano. El consejo de guerra de este último se celebró un mes después que el suyo, con lo que es probable, según el historiador José María García Márquez, que Ana abrigara la esperanza de que su condena hubiera quedado conmutada.

Ana París no sabía que sería estrangulada, templaba su miedo con la histórica dirigente socialista Dulce del Moral, también presa en la cárcel de Sevilla. El fusilamiento sólo sería un momento, un disparo, un segundo con el que se pondría fin a la tortura. Pero los funcionarios de la prisión le dijeron que sería ahorcada, lo que hundió a Ana completamente, al igual que a Dulce. Cuando se la llevaban para pelarla y ejecutarla, se volvió hacia Dulce a quien le entregó unas horquillas del pelo para se las diera a su marido cuando llegara a verlo, y le dijera que era lo único que podía darle.

Se ordenó a la celadora del departamento de reclusas que cortaran los cabellos de Ana, despejando el cuello, pero el recorte se hizo mal, y el verdugo enredó el torniquete en el pelo alargando el ahogamiento, y generando terrible angustia y sufrimiento en la víctima. El terror en directo, en su mayor dimensión. “El director, el médico, el cura, los hermanos de la Caridad, el representante del gobernador, el juez militar. Todos testigos del horror que la nueva España estaba llevando a cabo, aunque ninguno de ellos movieran un solo dedo para impedirlo”, denuncia García Márquez.

El mismo día de su ejecución fueron igualmente asesinados José Muñoz Mesa y Miguel Sancho Torres, ambos trabajadores del campo y ugetistas de Villanueva de San Juan. También el barbero sevillano del Partido Sindicalista Miguel Ortega Fernández. “Se trataba de demostrar el poder, estas ejecuciones servían de ejemplaridad”, concluye el historiador Joaquín Octavio Prieto, también natural de La Roda de Andalucía.

¡NI OLVIDO NI PERDÓN!


Documentos: Foro por la memoria (Original en Público por Olivia Carballar). Hablo de Mujeres. La Historia, lost in translation?


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