En Villanueva de San Mancio, Valladolid, 13 JORNALEROS fueron ASESINADOS en 1936 por una partida de franquistas

Villanueva de San Mancio word pressEn los años 30 Villanueva era un pueblo pequeño sin apenas servicios, con una minoría de grandes propietarios agrícolas y una mayoría de pequeños propietarios, jornaleros, trabajadores sin propiedades. El paro agrícola era endémico. Durante la vida de la República, entre la sociedad rural castellana se constituyeron multitud de “Sociedades de obreros agrícolas”, también en Villanueva, los jornaleros mostraron capacidad de organización política y sindical conscientes de su situación social y laboral.

Las elecciones municipales de 1936, permitieron por vez primera en la historia de Villanueva, que jornaleros entraran a dirigir el ayuntamiento, ante el estupor y resentimiento de los regidores habituales a los que sustituyeron y que se consideraban vitalicios, los grandes propietarios agrícolas. Las Comisiones Gestoras del Frente popular en medianos y pequeños municipios, querían impedir el boicot a la legislación social republicana por las derechas y caciques: Jornada máxima de 8 horas, salarios mínimos determinados por las “Bases de Trabajo”, o “Términos municipales”, estableciendo la preeminencia de contratación de los vecinos del pueblo. La Comisión de Villanueva se propuso sanear las cuentas municipales recaudando impuestos pendientes de los años 1934 y 35, diseñó un programa político para traer fluido eléctrico, la conversión en regadío tierras de secano, y medidas para combatir el paro.

El 18 de julio de 1936 los golpistas desencadenaron una represión generalizada contra el Frente Popular, en Valladolid, deteniendo a miles de Republicanos, entre ellos el gobernador civil, Luis Lavín, que sería fusilado un mes después y el general Molero Lobo, jefe de la 7ª División con sede en la ciudad, que sería juzgado y condenado a muerte. En toda la provincia, la resistencia a los sublevados fue escasa y débil. Los insurgentes decidieron eliminar a todos los cargos públicos y militantes y simpatizantes del Frente Popular y sindicatos. No hubo venganzas en caliente o descontrol en la represión, los jefes militares elaboraron listas, controlaron detenciones, asesinatos, e inhumaciones clandestinas. En Villanueva de San Mancio, fueron arrestados varios vecinos, jornaleros, entre ellos 6 miembros de la Comisión Gestora del Frente Popular que regía el ayuntamiento.

El 13 de Agosto, 12 detenidos fueron maniatados y transportados en un camión hasta Castil de Vela (Palencia). Allí, junto a un arroyo llamado “Las Porcachas”, fueron tiroteados y rematados a muerte. Uno de ellos, Ángel Ruiz, pudo huir, volvió malherido a Villanueva pero un cura le denunció, y nuevamente detenido fue asesinado horas después junto a Antolín Sánchez, y enterrados en lugar desconocido. Los 11 asesinados en Las Porcachas fueron trasladados a una fosa común en el cementerio de Castil de Vela, registrados como “fusilados por las milicias de defensa nazional”. Ese 13 de agosto los 2 curas del pueblo desoyeron las llamadas para que intercedieran en impedir los asesinatos de sus convecinos. Se produjo venganza eclesiástica porque los nuevos Gestores del Frente Popular habían declinado participar anteriormente en la procesión autorizada del patrono del pueblo.

Se impidió a las esposas de los asesinados que buscaran a sus maridos, amenazadas de correr la misma suerte. El nuevo régimen sometió a los supervivientes de las familias afectadas, esposas, hijos, amigos, compañeros, a un terror extremado para crear una sociedad nazional-católica 100% conforme al ideal social de los vencedores. Quedaron destruidos, sin recursos, culpabilizados, sin voz, no bastaba los asesinatos de esposos, padres e hijos, soportaron una larga travesía de penurias, malos gestos, requisamientos, segregación, adoctrinamiento ideológico y religioso, etc. El silencio impuesto no implicó el olvido, pero la ocultación de la historia familiar por las viudas fue la única forma de supervivencia para proteger a los hijos. Tuvieron que convivir con los asesinos, instigadores, cómplices. Las viudas trabajaron duramente para criar a sus hijos, que tuvieron que abandonar la escuela para trabajar, los varones en el campo, las mujeres sirviendo, a veces, en casas de los verdugos. Muchos emigraron de Villanueva, pero la pesadilla les acompañaría siempre.

Los 11 jornaleros asesinados el 13 de agosto de 1936 en Las Porcachas fueron las siguientes:

Constancio Bernal Robles, natural de Villanueva de San Mancio, 26 años, soltero.
Mínimo Franco Ortega, natural de Cotanes del Monte (Zamora), 33 años, casado con 4 hijos.
Daniel Pérez Rodríguez, natural de Villanueva de San Mancio, 34 años, casado con 1 hijo.
Severiano Esteban Benavides, natural de Medina de Rioseco (Valladolid), 36 años, casado con 4 hijos.
Nicomedes Esteban Benavides, natural de Villanueva de San Mancio, 34 años, casado con 5 hijos.
Sebastián del Campo Benavides, natural de Villanueva de San Mancio, 27 años, soltero.
Licinio Blanco Santiago, natural de Villanueva de San Mancio, 33 años, casado con 5 hijos.
Isaías Blanco Santiago, natural de Villanueva de San Mancio, 25 años, soltero.
Victorio González Domínguez, natural de Villanueva de San Mancio, 35 años, soltero.
Esteban Bernal Rodríguez, natural de Adalia (Valladolid), 61 años, casado con 7 hijos.
José Santamaría Pascual, natural de Cuenca de Campos (Valladolid), 54 años, casado con 2 hijos.

Asesinados horas después, y enterrados en paraje desconocido los jornaleros:

Ángel Ruiz Delgado, natural de Villanueva de San Mancio, 27 años, soltero.
Antolín Sánchez Tomé, natural de Villanueva de San Mancio, 51 años, casado con 5 hijos.


Documentos originales de Lidia Bocanegra (1 y 2). Investigadores: Gonzalo Franco Blanco (Licenciado en Derecho). Raúl Franco Blanco (Licenciado en Filosofía y Letras). Gonzalo Franco Revilla (Licenciado en Historia). Tribuna de Valladolid.


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española