En Huesca, en 1936, sádicos fascistas ASESINARON y arrojaron a fosas comunes al farmacéutico JESÚS GASCÓN de GOTOR GIMÉNEZ y a un centenar de REPUBLICANOS

Jesus Gascon de Gotor Gimenez word pressJesús Gascón de Gotor Giménez nació en Zaragoza en 1897, hijo de Anselmo y Rosa, estaba casado con Rosario Casaus Mata, era vecino de Huesca. Estaba licenciado en Farmacia, era alférez de Complemento de Artillería presidente de la COCI de Huesca, vocal del Consejo Nacional de Cámaras de Comercio e Industria, secretario del Colegio Oficial de Farmacéuticos de la provincia de Huesca y subdelegado de Farmacia en la provincia de Huesca. Su hermano Anselmo fue testigo, el 23 de agosto de 1936, de la jornada más dramática, aciaga y triste de la larga historia de Huesca.

Para Anselmo, residente en Zaragoza, que todavía penaba la muerte de su hija Magdalena, de 17 años, a causa de una septicemia, Republicano como él y gran persona, el asesinato de Jesús constituyó un suceso devastador. Sus sentimientos, su dolor y su rabia, quedaron impresos en las siguientes notas, un testamento fraterno que llevan por título «Lo que debo al Régimen o a sus esbirros. 23 de agosto de 1936, asesinato de mi hermano»:

«El día 23 de agosto de 1936 había pasado yo a Huesca como miembro de la Cruz Roja para retirar unos heridos que se encontraban en el hospital de aquella población, por orden de la autoridad militar. La aviación Republicana bombardeó la ciudad en el momento en que yo llegaba acompañado de otros miembros de la Cruz Roja con la ambulancia de la misma. Algunas bombas cayeron en el hospital provincial y hubo heridos, el balance del bombardeo arrojó la cifra de 2 muertos y 7 heridos.

Mi hermano Jesús, con otras personas destacadas en Huesca como afectos a la República, estaban detenidos provisionalmente, sin habérseles tomado una declaración, en la cárcel de Huesca, y yo aproveché el viaje a la ciudad para conocer el estado en que se hallaba mi hermano y ver a su esposa y familia para intentar sacarlo de la cárcel, ya que ninguna acusación concreta pesaba sobre él; ni concreta, ni cierta. Momentos después de abandonar nosotros Huesca con aquellos heridos en cuya busca se nos había ordenado fuéramos, se organizó una manifestación pública de protesta por el bombardeo, y algunos oscenses de instintos sanguinarios pidieron al gobernador militar de la plaza, que lo era Luis Soláns Lavedán, entonces coronel y luego capitán general de la VIII Región, que se efectuaran represalias en los detenidos.

Soláns, sanguinario como aquellos, encontró lógica la petición, añadiendo que iban a caer no solo los de alpargata, sino todos los que había en la cárcel como políticos. Inmediatamente, sin permitirles hacer testamento, confesarse los creyentes y despedirse de la familia, fueron sacados a viva fuerza en camiones y fusiladas unas 103 personas, entre ellas, mi hermano Jesús, en la tapia oeste del cementerio municipal, en la carretera de Zaragoza».

El número de víctimas de aquella triste jornada, de acuerdo con los datos anotados por el responsable de los traslados hasta las fosas, el suboficial de la ambulancia de la Cruz Roja número 24, Mariano Ballesteros Risco, fue de 95. Esta misma cifra recoge en su documentación personal el médico forense Amado Millaruelo Durango, dato que coincide con las inscripciones consultadas en el Registro Civil. Jesús Gascón de Gotor Giménez, como tantos asesinados aquel día, sigue desaparecido.

Anselmo culpa del «asesinato vil» de su hermano Jesús al coronel Soláns, pero también apunta a conocidos ultraderechistas implicados en distintos grados en la represión desde sus inicios, tales como los hermanos Ena Mallada, comerciantes, el funcionario de Correos Salvador Cañiz, el concejal Agustín Soler Chías, o el abogado del Estado Cirilo Martín Retortillo. «No hay que olvidar este crimen en la vida. Los asesinos deberán ser juzgados en la tierra. Si yo desapareciera del mundo, encargo a mi hijo que vengue la muerte de mi pobre hermano. Yo pediré justicia para él hasta el último instante de mi vida». La rúbrica lleva fecha de 29 de junio de 1942.

El 23 de agosto de 2016, el Colectivo Ciudadano de Huesca y CNT, tuvo la iniciativa de realizar el “Memorial a los fusilados en Huesca”, contó con el apoyo popular y del ayuntamiento de Huesca. Una brecha de 16 cm. En el muro del cementerio, vertical como una silueta que enfrenta los fusiles y transparente para que la penetre el aire que aviente las exigencias de justicia y libertad por todos los caminos. Y en su interior se disponen dos planchas de aluminio, de 12 mm, donde están escritos, en orden alfabético, los nombres de todos los fusilados, 548, tanto en la tapia del cementerio, como en otros lugares de la ciudad.


Documentos: Con Nombre y Apellidos. Todos los nombres


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española

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