Los crímenes de los nazionales en Jiménez de Jamuz (León). Parte 1, Represión y Asesinatos

Jimenez de Jamuz 1 word pressEn Jiménez de Jamuz existía un sentimiento de clase trabajadora debido a la radicación del socialismo; existía la Casa del Pueblo, la Agrupación Socialista, las Juventudes Socialistas, y la Agrupación Socialista Infantil, numerosa, uniformados con su preciada camisa roja, que realizaba frecuentes actividades formativas y de ocio, excursiones, sesiones de cine. Tanto la Agrupación como las Juventudes fueron pocos años más tarde, desatados el fascismo y la represión, vivero de mártires. También existía una asentada presencia protestante, con capilla evangélica desde 1906, con una nutrida feligresía luterana.

La sublevación alcanzó el cercano pueblo de La Bañeza que fue ocupada militarmente el 21 de Julio deteniendo y encarcelando inmediatamente a la población Republicana. Al día siguiente los rebeldes, falangistas, militares, guardia civil y «milicias cívicas» acometieron el asalto y “limpieza” de los pueblos de la comarca. Comenzó la represión. Durante ese verano eran frecuentes las noticias de asesinatos en las cercanías. En Jiménez de Jamúz cundían los más negros presagios de un terror que no tardó en materializarse. La fatídica camioneta negra transportaba desde los pueblos a los desgraciados a La Bañeza, a San Marcos o directamente a alguna cuneta o descampado. El temor se agudizó cuando a mitad de agosto fueron “paseados” 3 vecinos de Destriana en «La Gándara», y 7 más a los 15 días en la carretera a Puebla de Sanabria.

Los franquistas dispusieron de inmediato todos los elementos de la tragedia que abatió el pueblo. La represión en la zona nazional fue racionalizada, constante, planificada y sistemática, además de excesiva, desproporcionada y rigurosamente controlada desde el poder militar, un “poder invisible” que dictaba las sentencias, luego ejecutadas por los sucios peones de la sangre, falangistas, guardia civil y otros. Los golpistas manejaban unas listas negras de los más significados Republicanos que debían ser exterminados. Los matones “sacaban” de sus domicilios o de las cárceles a quienes serían “paseados”, asesinados y arrojados a fosas, preferentemente en lugares desconocidos para que figurasen como desaparecidos. Abortando en la retaguardia de antemano toda oposición, mediante la urgente eliminación de los opositores activos que podrían quebrar sus planes, los rebeldes conjuraban la posibilidad de fracaso de la insurrección.

En el otoño de 1.936, los franquistas asesinaron a los siguientes vecinos de Jiménez de Jamuz: Miguel Mateos Cela; Rafael Mateos Martínez; Francisco De Blas Fernández; Salvador De Blas Peñín; Rafael Mateos Cela; Francisco Martínez Vivas; Domitilo González Lobato; Francisco Bolaños Alonso; Agustín Fernández García; José Extravis Vidal; Juan Sanjuán Sanjuán; Ángel Vidal Pastor; Simón Bolaños González; Crestencio González Pérez; Primitivo Posada Ríos; Pedro Pastor Blanco; Valentín Fernández González (vecino de La Bañeza).

Algunas mujeres, familiares de las inmerecidas víctimas, indagaron por sus seres queridos, muchas se desplazaron al Campo de Concentración de San Marcos. La brutal y despiadada respuesta de los verdugos, entre prohibiciones de llorarlos y amenazas de propiciar el mismo fin para ellas, fue que habían sido fusilados. Los hijos, esposas, padres y hermanos de los asesinados tuvieron que vivir en el dolor y el abandono, en la falta de caridad, en el desprecio, en la desesperanza, en el miedo, el silencio y el olvido.

Además de la represión física legal y paralegal ejercida contra los Republicanos, se pusieron en marcha las expropiaciones, requisas de bienes sin contrapartida alguna, las suspensiones, destituciones, depuraciones, las multas y sanciones. A los Republicanos todo se les negó todo, llorar públicamente por sus muertos, el reconocimiento, las tradiciones funerarias, fueron burlados conviviendo obligadamente con los verdugos directos de sus seres queridos, o con quienes habían urdido su martirio o lo habían aplaudido.

Abundó la postergación y el desprecio. Las jóvenes hijas de «los rojos» fueron vejadas y acosadas por los cachorros de los acomodados. Algunas familias, antes bien desenvueltas, tuvieron que ejercer la mendicidad, incluso los chiquillos, por los pueblos del contorno. Contra «los rojos» todo era impunidad y todo abuso era permitido y alentado. Hubieron de vivir como apestados, privados de quienes eran soportes de sus familias.

La tragedia de la condición de desaparecidos de las víctimas, dió lugar al desequilibrio vital y psíquico. Pasan los años, y después de la larga noche de piedra del franquismo, de la transición y su interesada amnesia y de la retornada democracia del desagradecimiento y del injusto olvido, el dolor por los seres perdidos de tan cruel manera se acrecienta. Persiste la vital necesidad de saber cual y cómo fue su final y dónde fueron arrojados sus restos. ¿Donde encontrarlos? Toda la tierra de León está plagada de fosas, es una inmensa fosa: en montes y descampados, en cunetas, en las tapias de los cementerios…

Sigue en Parte 2, Las Víctimas


Documentos originales de José Cabañas González en jiminiegos36, mi pueblo, mi abuelo, afar2rep


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española