El EXTERMINIO de más de un centenar de REPUBLICANOS por mercenarios franquistas en Cuevas del Valle (Ávila); la MASACRE de la familia Castelo Blázquez

Cuevas del Valle word pressEl Periodista Gorka Castillo ha publicado varios documentos sobre los contenidos de la novela “Covalverde”, del poeta Santos Jiménez Sánchez, que trata de los sonidos de los tambores de guerra en Cuevas del Valle. El periodista da cuenta también del exhaustivo libro sobre la Guerra Civil en el Valle del Tiétar, “Al sur de Gredos. Cuevas del Valle 1936-1950”, escrito por la bibliotecaria e investigadora Aurora Fernández y el catedrático de Historia Enrique Guerra. En este pequeño pueblo de la comarca abulense del Tiétar, las tropas franquistas desencadenaron en septiembre de 1936 una estremecedora oleada de matanzas.

Santos Jiménez recuerda a su abuelo asesinado el 9 de septiembre de 1936, y quería saber más. Sabía que le mataron junto a otras 4 personas en la Cuesta de La Parra, a medio camino entre Cuevas y Arenas de San Pedro. Aurora Fernández rastreó expedientes, libros de sesiones municipales, cartas, registros civiles, material “oculto” durante más de 80 años, y encontró que los fascistas fusilaron a un tío abuelo suyo, Alejo García; a otro abuelo, Desiderio Fernández; y a su bisabuelo paterno, Regino Felipe Fernández. En este voluminoso libro aparecen contabilizados 47 fusilamientos extrajudiciales de Republicanos en septiembre del 36, cuando desde el Puerto del Pico “militares” franquistas, y desde Talavera los moros de Castejón, pinzaron un pueblo abrumadoramente Republicano.

Después de la guerra se produjo la 2ª ola de matanzas cuando regresaron aquellos que lucharon en el bando Republicano. La represión y crueldad de los asesinatos del franquismo fue brutal, los fascistas acabaron con el 10% de una población que no llegaba a mil habitantes, más de 100 vecinos exterminados. El elevado número de asesinados extrajudicialmente y en posteriores consejos de guerra ilegales, los encarcelados, huidos, emigrados, provocó una esquilma demográfica de 289 habitantes sólo en los 2 primeros años de la guerra, más de una cuarta parte de su población. La zona de la Cruz del Cerro está sembrada de fosas, cientos de hectáreas de arbolado y maleza que cubren un cementerio oculto.

Trataron de apresar a Patricio Castelo, un joven miliciano al que acusaban de participar en el fusilamiento de 10 derechistas, de lo que no había constancia. Al no encontrarle fusilaron en Navarredonda, al lado del Parador de Gredos, a su madre Antonina Blázquez. A su padre, Víctor Castelo Montesinos, se lo llevaron al ayuntamiento y le propinaron tal paliza que falleció a consecuencia de los golpes. Sin tribunales ni nada que se le pareciera, el mero hecho de ‘ser familiar de’ bastó a las fuerzas ocupantes para encender la mecha del odio. Al final de la guerra capturaron a Patricio Castelo y lo arrojaron por un barranco, el Pozo de la luz.

Marcela Castelo Blázquez, hermana de Patricio, fue sometida a un diabólico martirio propio solo de anormales, sádicos. Tenía 36 años, era viuda con 5 hijos. Le raparon el pelo, la arrastraron por las calles del pueblo enganchada como el monigote de un carnaval siniestro a la grupa de un burro. Luego cortaron sus pechos con un cuchillo, empaparon su ropa con queroseno y le prendieron fuego. Cuando estaba todavía viva, fue conducida a la Cruz del Cerro, le ataron las manos a la espalda y después de descerrajarle un tiro en la cabeza la enterraron. El linchamiento como espectáculo popular. Una familia eliminada, exterminada, en una operación despiadada y sistemática. El parte de bajas lo sufrieron en cada familia. Sin excepciones.

La primera víctima inocente del franquismo fue Juan Fernández Gómez, 15 años, hijo de un miembro del comité municipal que los falangistas no pudieron apresar. “Lo fusilaron el 9 de septiembre de 1936 en el entorno de Venta Rasca y lo enterraron junto a otros vecinos del pueblo”. Decapitaron a una cocinera del destacamento de las milicias Republicanas de Cuevas, jamás encontraron su cabeza. Se ensañaron en la cuesta de la Parra acribillando a tiros a los que trataban de volver tras el fin de la contienda. Separaron a los varones de las mujeres y los niños, y los exterminaron. Más de 20 hombres. Al lado de la carretera, junto al muro de una finca siguen enterrados. Sin una triste estela. Para ellos, el silencio .

El pavor se extendió por el pueblo. Los que sobrevivieron a tanta mezquindad y crueldad quedaron paralizados por un instintivo mecanismo de autodefensa. Vivieron el resto de sus días de aquella posguerra siniestra marcados por aquellos episodios, con temor al cacique, al cura, al caudillo. Cuevas del Valle se convirtió en un pueblo de mujeres porque los hombres desaparecieron. Aurora reproduce el testimonio de una de ellas: “Mi madre murió cuando yo era pequeña; mi padre huyó del pueblo. Me quedé sola, me metieron en una cárcel con más mujeres, el sótano de una casa, un habitáculo tan pequeño que el olor de nuestros excrementos lo llenaba por completo. Por la noche venía algún vecino, un verdugo, y violaba a la mujer que le apetecía”. ¿Cuántas fueron sometidas a semejante brutalidad durante tantos años?


Documentos: Público (Gorka Castillo, 1 2 3). Público (Salvador León)


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española