Rafael García Muñoz, Combatiente REPUBLICANO contra el franquismo y Anarcosindicalista Sanluqueño, ASESINADO por los sublevados en Jerez en 1940

Rafael Garcia Munnoz word pressRafael García Muñoz nació en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en1896. Ya en los años 20 era sindicalista de la sociedad de los viticultores, sufriendo detenciones. Fue sindicalista de la CNT durante los años Republicanos, el sindicato mayoritario de Sanlúcar; uno de sus pilares era la sociedad “La Sembradora” un grupo numeroso e influyente de viticultores, campesinos y hortelanos. Rafael García perteneció a su directiva representando a los sectores más decididos por la revolución social; ya se había incorporado a grupos de la FAI como “Acción Libre” y “Luz Libertaria”.

Rafael se convirtió en una de las referencias del anarcosindicalismo local. Con su verbo encendido defendía el abstencionismo electoral, la acción directa, y la ideología anarquista. Exigía un mayor compromiso reformista a la República Española. Fue detenido en varias ocasiones y condenado a un total de 10 meses de prisión. En 1936 Rafael García Muñoz representaba para la patronal y la derecha ideológica sanluqueña lo peor de los años Republicanos. Estaba calificado por falange y guardia civil como “jefe principal y alma de vida de la CNT de Sanlúcar, anarquista de acción».

Tras breve resistencia cenetista, Sanlucar cayó en manos fascistas el 21 de Julio de 1936. La ciudad comenzó a vivir bajo la ocupación franquista que desató una represión feroz. Ese verano del 36 muchos cenetistas y Republicanos fueron asesinados, como el alcalde socialista Bienvenido Chamorro Merino y el cabo de carabineros Jose Canalejo Moreno. Faltaba Rafael García Muñoz. Pero Rafael huyó, y en agosto consiguió llegar a Ronda, zona Republicana. Fue herido y evacuado a Málaga, donde en septiembre el destacado cenetista Manuel Mora Torres organizó la Columna Ascaso. De la 2ª de sus centurias se hizo cargo Rafael García. Cuando cayó Málaga en febrero de 1937 escapó a Almería. Entró en un batallón destinado al frente del Jarama. Después fue enviado a la escuela de comisarios de Valencia.

Rafael fue incorporado a la 114 Brigada Mixta que se envió al frente extremeño. En octubre de 1937 fue trasladado a la 73 Brigada Mixta que cubría los frentes cordobeses de Los Blázquez y Valsequillo. En enero de 1938 quedó adscrito a la comisaría del Ejército de Maniobra, la unidad encargada de ejecutar las ofensivas en la 72 División en Caspe. Con ella participó en los combates que terminaron con el hundimiento del frente aragonés. Estuvo en Belchite y en Alcañiz donde su unidad quedó copada. Rafael García logró llegar a Barcelona.

En Marzo de 1939 Rafael García huyó a Alicante donde fue hecho prisionero, y en Agosto fue enviado a Cádiz, siendo encarcelado en Sanlúcar en Septiembre. Fue procesado por un delito de adhesión a la rebelión por ser un anarquista convencido, por haber participado en cuantas juntas sindicales habían existido en la población, y por haber sido “el alma del alzamiento en contra del Movimiento Nazional”. Enviado a la prisión de partido de Jerez de la Frontera, en 1940 fue sometido a consejo de guerra en el que se le condenó a pena de muerte, su “peligrosidad social” y “perversidad” le hacía merecedor de la pena de mayor gravedad.

Su fusilamiento fue señalado para el 20 de noviembre de 1940, a las 7,30 de la mañana, en los alrededores de la plaza de toros. El piquete lo formaron 2 soldados, 2 guardias civiles, 2 carabineros y 2 policías armados. Tras asesinar a Rafael García Muñoz, los sediciosos franquistas lo enterraron en la fosa común. Ese día, su mejer Purificación Treviño Martínez llegó a las puertas de la prisión de Jerez de la Frontera. Llevaba un kilo de boniatos asados, le gustaban mucho a Rafael. Pero ya había sido fusilado. Purificación enloqueció, su dolor aumentó cuando le negaron conocer donde había sido enterrado. Las personas como su marido –le dijeron– no tenían derecho a que visitaran sus restos.

Rafael dejó 4 huérfanos de corta edad, Libertad, Amor, Nardo y Elio, la canalla franquista cambió sus nombres por otros del santoral católico. Después vino el silencio y el olvido. Rafael García Muñoz apenas ha sido recordado más que por sus familiares y los supervivientes del exterminio social practicado en Sanlúcar de Barrameda, como en el resto del país, por los golpistas de 1936 y el estado franquista. Como tantos por pueblos y ciudades de toda la nación.


Documento original de José Luis Gutiérrez Molina en Tarsis Republicana


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española