MIGUEL MARTÍN MOYA, Socialista y REPUBLICANO, sediciosos franquistas le ASESINARON en Huelva en 1937 por defender los derechos de las clases trabajadoras

Miguel Martin Moya word pressMiguel Martín Moya “Mazmarrito” nació el 22 de diciembre de 1901 en Aracena (Huelva), hijo de Manuel y Eduarda. De profesión zapatero y campesino, se casó con Carmen Aguilar Torres con quien tuvo 2 hijos, Manuel y Emilio, a quien no llegó a conocer porque Miguel ya había sido detenido. Miguel fue miembro de la Sociedad de Obreros, Campesinos y Artesanos, de la FNTT, de la que llegó a ser su secretario en Aracena. Fue un hombre bueno, culto, humilde y sencillo, aficionado a la lectura, al teatro y a la música. Acompañaba a su hijo Manuel al fútbol y tocaba el clarinete en la banda de municipal de Aracena.

Tenía fuertes convicciones sociales, que le llevaron a suscribir el 1º de Mayo de 1936 un manifiesto, junto a otros muchos protagonistas de los movimientos políticos y sociales del momento, solicitando al Ayuntamiento de Aracena “medidas para paliar la desesperada situación de los obreros campesinos y jornaleros, explotados y empobrecidos durante décadas”. Además reclamaban la “construcción de viviendas sociales, jornadas de trabajo de 40 horas semanales, ayuda a los desempleados, jornal mínimo, escuelas primarias, ayudas a los jóvenes para la formación profesional y acceso a la universidad”.

También pedían la “prohibición de la usura, disminución de las rentas abusivas, créditos agrícolas, revisión de las leyes de arrendamiento y desahucio, nacionalización de la banca y de las industrias básicas, el sometimiento de la riqueza y la industria a las necesidades del país, Republicanizar la magistratura del ejército y la administración del estado, la colectivización de tierras y las incautaciones de bienes a la nobleza”.

El golpe de estado del 18 de julio fracasó en Aracena, y como en otras localidades, se organizaron comités formados por fuerzas de orden público fieles a la legalidad Republicana, y organizaciones civiles, de obreros, mineros y campesinos. Mantuvieron el orden público, defendieron la legalidad vigente y Miguel como secretario del sindicato, aseguró los suministros a la población produciendo y repartiendo víveres, paliando el hambre y las necesidades de muchos de sus habitantes.

Ante la inminente entrada en la población de los terroristas de la columna fascista Redondo, quienes arrasaban asesinando bárbara e indiscriminadamente, el 19 de agosto de 1936, Miguel huyó para salvaguardar a su familia en compañía de su primo Manuel Martín y de los vecinos de Aracena, Lorenzo Álvarez Ortega, Bautista Ginés, Francisco Navarro y José Pastor Domínguez. Pero la huida se topaba con la propia ciudad de Badajoz, bajo el yugo del genocida Yagüe desde el 15 de agosto.

Tras huir por varias poblaciones, se refugiaron en la sierra de Carboneras evitando los piquetes fascistas, hasta que el 1 de marzo de 1937 fueron denunciados siendo tiroteados y capturados por guardias civiles y falangistas, muriendo su primo Manuel Martín. El 4 de marzo de 1937 fueron encerrados en la prisión provincial de Huelva, y 5 de marzo fueron sometidos a la farsa de un consejo de guerra, un indecente intento del régimen terrorista de Franco por disfrazar asesinatos como el de Miguel: Ninguno de los condenados por rebelión militar, nunca se adhirió, auxilió, indujo o se levantó en armas contra la Constitución del Estado Republicano, el Jefe del Estado, las Cortes o el Gobierno legítimo.

El auténtico delito de Miguel fue el de intentar emancipar a la clase obrera, y eso, el régimen terrorista de Franco no estaba dispuesto a consentirlo, por lo que Miguel Martín Moya, Lorenzo Álvarez Ortega y José Pastor Domínguez, fueron condenados a muerte por rebelión militar. El 13 de abril de 1937 Miguel, Lorenzo y José fueron asesinados en las inmediaciones del cementerio onubense de La Soledad por 6 mercenarios de la guardia civil, que después arrojaron sus cadáveres a una fosa común.

Posterior los bandidos franquistas procedieron al saqueo de sus bienes, lo habitual en la insaciable maquinaria de terror y expolio del régimen contra la población civil desarmada. Carmen, su mujer, jamás se recuperó del trauma que todo esto supuso para ella y para su familia. Viuda, sola, con un hijo de 7 años y un bebé recién nacido, tuvo que padecer la incautación de sus bienes, y chantajeándola, si quería conservar su casa debía declarar que su marido había muerto en combate. El forense certificó la causa de su muerte como “hemorragia”.

Desde el grupo de trabajo por la Recuperación de la Memoria Histórica y Democrática de Huelva, compartimos el orgullo con el que Concepción Martín Pérez habla de su abuelo y no podemos sino sentirnos tan orgullosos como ella de nuestro vecino Miguel Martín, quien dio su vida en defensa de los derechos de sus paisanos y por soñar con una sociedad mejor para todos.


Referencias: Por la Recuperación de la Memoria Histórica y Democrática de Huelva. Antonio F. Tristancho en Diario de Huelva, y en Todos los Nombres (Artículo y Documento). Fundación Pablo Iglesias


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española

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