GUMERSINDO AZCÁRATE GÓMEZ, Coronel de la REPÚBLICA Española, fusilado en Derio (Vizcaya) por orden de franco, que había sido su discípulo en la academia militar

Gumersindo Azcarate Gomez word pressGumersindo Azcárate Gómez nació en Ezcaray (La Rioja) en 1878. Siendo jefe del Regimiento Ciclista de Alcalá de Henares resultó gravísimamente herido al oponerse a sus oficiales sublevados. Como Teniente Coronel formó parte del gabinete militar del presidente Azaña. Fue ascendido a Coronel y enviado a Bilbao como inspector del Cuerpo del Ejército Vasco para instruir de las milicias vascas. Contra este estamento la represión fue singularmente dura ya que alcanzó a toda suerte de mandos e, inclusive, a simples soldados, milicianos y gudaris así como a numerosos agentes de los cuerpos de Orden Público.

Azcárate conocía bien a franco: «Fue discípulo mío en la Academia Militar. No me perdonará que le haya traicionado y me fusilará», dejó impreso para la posteridad. Su premonición se acabó cumpliendo. Fue ejecutado a los 59 años por los golpistas el 18 de noviembre de 1937 en Derio (Vizcaya). En ese día los franquistas asesinaron al Estado Mayor del Ejército de Euzkadi: Entre ellos, y además de Azcárate, al Coronel Irezábal, al Comandante de Estado Mayor Lafuente, al capitán Bolaños, todos ellos militares profesionales, al médico bilbaino José Luis Arenillas, Director General de Sanidad de Euzkadi, y hasta otros 14 más.

El mismo día que le fusilaron redactó diferentes cartas en la cárcel bilbaina de Larrinaga, minutos antes de que los sublevados contra la Segunda República le asesinaran. Escribió al dirigente del PNV Juan de Ajuriaguerra, que estaba preso en la misma cárcel, de quien se despidió «..y de los 4 que con usted están en la celda, un abrazo cordial, fuerte, fuerte, noble y leal de su buen amigo..». Le pidió que le hiciera saber a su madre que iba a morir. También le pidió que enviara a su mujer otra carta: «Queridísima Presen de mi alma: Ten valor y serenidad. Te aseguro que estoy completamente tranquilo, satisfecho. Dios me llama. Voy a él gozoso. Besos infinitos a nuestros 2 tesoros, nuestras hijitas del alma. Que recen mucho por su padre y sed felices las tres. Yo lo soy al morir leal».

Ajuriaguerra informó al lehendakari Aguirre, desde la cárcel de Larrinaga que «fue verdaderamente emocionante ver lo firmes, serenos y tranquilos que estaban todos; más parecía que iban a una fiesta que a su ejecución, aquí es formidable ver a los chicos que bromean y se ríen de la muerte».

Un requeté de juventud salvaje e instintos cavernarios rugió: “Que salga el Teniente Coronel Gumersindo Azcárate”. Y el aludido con gran energía le contestó: “¿Cómo decís Teniente Coronel? Yo soy un Coronel legítimo y leal al único Gobierno. Al de la República». Fue despidiéndose de sus compañeros serenamente. Cuando hubo abrazado a todos les gritó con energía: ¡Así morimos los que nos llaman rojos! ¡Fui leal a la República y al juramento que hice a ella, a mis ideales, a mi honor ¡Viva la República!».

Gumersindo fue un militar que supo honrar su uniforme guardando lealtad a la República. Firmó su propia sentencia de muerte con gran tranquilidad y preguntó al fascista: ¿Quién lo ha ordenado? – El generalísimo franco-. Con gran desprecio y al mismo tiempo con lástima, dijo: Decidle que le perdono. Confesó y comulgó y ante un grupo de fascistas manifestó una vez más su fe en la República. Frente a los sargentos de requetés que constituían el piquete encargado de fusilarles, el coronel Azcárate dijo: «En estos momentos es para mí un orgullo ser elegido de Dios». Cuando faltaban unos segundos gritó al piquete: «Rezad por mí como yo rezaré por vosotros ante el Juez Supremo».


Documentos: Deia (Iban Gorriti). Errioxa


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española