La “SACA” franquista en Toro-Zamora del 21 de Agosto de 1936

Toro-Zamora, 21 de Agosto de 1936 word press

La sublevación del Ejército en 1936 fue un hecho en Zamora al día siguiente del 18 de julio. Cuatro días más tarde, el Ayuntamiento presidido por Cruz López García era destituido, al tiempo que se formaba una comisión gestora con el comandante Teodoro Arredondo Lorza como nuevo regidor. De doce ediles, seis acabarían fusilados: Saturnino Barayón Fernández, Justo López Ferrero, Gonzalo Alonso Salvador, Herminio Asorey Martínez, Benedicto Carreras Pelayo y Quirino Salvadores Crespo.

El comandante militar y gobernador civil, Raimundo Hernández Comes, planteó «una labor depuradora que desprovista en absoluta de toda pasión, logre apartar de las funciones públicas cuantos moral y materialmente no se hallen compenetrados con este noble movimiento», al tiempo que facultaba al alcalde para que «por sí, efectúe análoga labor depuradora en el personal subalterno de los distintos servicios, sin que los destituidos puedan recurrir estos acuerdos, plenamente justificados en razón a las anormales circunstancias por que atraviesa el país». Para entonces, muchos de los funcionarios apartados ya habían sido encarcelados y algunos de ellos serían asesinados en las semanas siguientes.

Las purgas fueron destinadas a altos funcionarios y a personal de servicio,guardias y bomberos, entre otros. La represión que siguió al levantamiento del Ejército se fue encrudeciéndose. La depuración alcanzó también a 42 empleados por decisiones tomadas en plenos celebrados en los meses de agosto y septiembre de ese año. Entre los asesinados figuran el secretario Ramón Prada Vaquero, el médico Eusebio Fernández Lorenzo, el delineante Fernando Leiras Pérez, el bombero Luis Burón Juárez, y el guardia municipal diurno Mateo Hernández Pedrero.

La cifra oficial de asentamientos en los libros del cementerio en los primeros 5 meses de guerra hablan de cerca de 900 muertos, según investigaciones del historiador Miguel Ángel Mateos, quien reconoce, sin embargo, la dificultad de establecer un número exacto de víctimas, al ser difícil establecer las desapariciones y las muertes ocurridas en las distintas cárceles al margen de ejecuciones.

Por segunda vez desde que los militares golpistas se hicieron con el control de la ciudad, un concejal del Ayuntamiento de Zamora fue asesinado por los pistoleros fascistas con autorización de los militares golpistas. Si una semana antes la víctima era Gonzalo Alonso Salvador, concejal de Izquierda Republicana y presidente de la Diputación, en esta ocasión se trataba del concejal socialista Herminio Asorey Martínez, nacido en Avilés, y presidente de la Federación Provincial de Sociedades Obreras. Había sido elegido concejal en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Herminio era periodista, tipógrafo y vendedor de prensa, dirigió La Voz del Trabajo, órgano de la Federación, cuyas páginas reflejaban la actividad del movimiento obrero en la provincia y eran el principal portavoz del laicismo Republicano, además de sostener duras polémicas con los medios derechistas agrupados en la Asociación de la Prensa. Fue detenido al triunfar el golpe de Estado del 18 de julio en Zamora, siendo trasladado a la cárcel de Toro el 25 de julio. Posteriormente fue llevado de nuevo a Zamora, donde fue ejecutado el 21 de agosto de 1936.

Junto a Asorey, el grupo de falangistas dirigido por Martín Mariscal asesinó también a otros dos militantes socialistas de la capital: El albañil Tomás Blanco Limia, de 47 años, y el conductor Antonio Luis Martín Fernández, de 31 años. El 4ª asesinado en la «saca» fue el líder del movimiento obrero de Castronuevo de los Arcos, Belisario Temprano Hidalgo, de 30 años, que desempeñó la alcaldía en 1933 y, después de tres años como concejal en la oposición, presidió la gestora municipal tras la victoria electoral del Frente Popular.

Belisario Temprano era odiado y difamado por los patronos locales en la prensa de derechas. Después de asesinarlo, las autoridades incoaron un expediente de responsabilidades políticas que, al tratarse de un joven que trabajaba en la explotación familiar, se dirigió contra los bienes de su anciano padre, Modesto Temprano, que había sido alcalde en la monarquía, y tras la muerte de éste en 1940, contra su madre y su hermana menor.


Documentos: Foro por la memoria de ZamoraLa opinión de ZamoraEl documento que se adjunta en la imagen procede del libro de Cándido Ruiz «La espiga cortada y el trigo limpio (2011)«


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española