En 1937, agentes franquistas TORTURARON y ASESINARON cruelmente a 15 REPUBLICANOS de Membrillo Bajo (Huelva). Después destruyeron completamente la aldea

Membrillo Bajo word pressMembrillo Bajo era una pedanía del municipio onubense de Zalamea la Real. Tras la desamortización civil de 1855 el Estado expropió las tierras municipales y, mediante una serie de subastas fraudulentas, las entregó a caciques locales. Desde entonces los campesinos de El Mebrillo Bajo se habían significado históricamente por la defensa de unas 150 hectáreas de monte, tierras del común, bienes comunales, ejidos y abrevaderos, lo que les enemistó con los caciques locales. La llegada de la II República despertó las esperanzas de que la Reforma Agraria sirviera para recuperar los bienes comunales.

Los terratenientes no aceptaron que aquellas tierras de la pedanía fueran bienes comunales de todos los zalameños. Las desamortizaciones sucesivas habían robado a los vecinos enormes cantidades de tierras comunales, pero a pesar de la defensa que hizo el alcalde de Zalamea Cándido Caro Valonero, asesinado por los fascistas en 1937, de esos terrenos en beneficio de la comunidad, a finales de 1936 y principios de 1937, los terratenientes aprovecharon la guerra de España para arrebatarles definitivamente la totalidad de las tierras. Además eliminaron físicamente a los aldeanos y luego destruyeron el poblado. Enmascararon su venganza con la guerra para secuestrar una aldea, y asesinar de la forma más cruel y vil a 15 habitantes de la pedanía, cuya única culpa fue defender la herencia histórica, las tierras del común.

Cándido Mollano Rodríguez, único superviviente de aquella horrible matanza, contaba 7 años cuando el trágico suceso. Fue testigo de los hechos, ha sido la memoria viva de aquel acontecimiento histórico y ha contribuido a que no quede perdido en el tiempo. Mollano ha revivido los acontecimientos que el periodista y escritor Rafael Moreno ha trasladado en palabras en el libro ‘La raya del miedo’. Al estallar la Guerra Civil, Huelva quedó en el bando franquista. En el verano del 36, falangistas de Lepe se instalaron en El Membrillo Bajo para apoyar a los terratenientes en su lucha por la tierra. El acoso que sufrieron los vecinos fue horroroso y se vieron obligados incluso a alojar en sus propias casas a los que iban a ser sus verdugos.

Durante un año el terror se impuso. La represión fue lenta y sistemática. Un día se llevaban a una persona. Otro día a dos. A Dionisio Domínguez Rodríguez, el alcalde pedáneo de el Membrillo Bajo, lo asesinaron el 11 de septiembre de 1937, también a Olaya y a su esposo Gregorio, a Aniceto, padre de Gregorio. A Rafael y a sus hijos Urbano y Julián, éste con tan sólo 17 años y delante de su padre. A Álvaro y a una mujer de El Campillo. Y a Narciso, cuyo cadáver dejaron un día entero en medio de un cercado para que sirviera de escarmiento a quienes lo vieran. Y a Ceferino Moyano y a su mujer, Blasa, habían visto demasiado como para perdonarles la vida, a los 2 los dejaron para el final y los «sacaron» de la aldea al oscurecer. 

Cándido cuenta que a los muertos les colocaban en la carretera de la entrada del pueblo para que todo el mundo los viera y sintiera más miedo. A su tío le cortaron la lengua. A otro le caparon y luego se fueron paseando con sus pantalones. Asesinaron a varias mujeres y menores de edad. Golpearon a muerte a una embarazada, el feto se movía en su vientre, acabaron con los 2 a bayonetazos. El alcalde pedáneo fue mutilado salvajemente. Más de 15 vecinos fueron torturados y vilmente asesinados, fusilados o pasados a cuchillo por los fascistas. Los demás aldeanos huyeron como pudieron de aquella brutal represión desencadenada con la ayuda de los terratenientes de la zona.

Después la aldea fue incendiada y bombardeada por falangistas y militares franquistas hasta arrasarla. Quedó completamente destruida y borrada del mapa, del nomenclátor de habitantes de España. La masacre, que terminó camuflándose con en el drama general de la Guerra de España, escondía su génesis en los pleitos por tierras que se remontaban al siglo XIX. Los litigios no terminaron hasta que la Guerra Civil los resolvió expeditivamente: El Membrillo Bajo fue destruido y sus habitantes asesinados como castigo por su gran significación en la lucha por los ejidos.

En palabras del que fuera Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, «resulta espeluznante recordar lo que pasó en el Membrillo Bajo, que no fue otra cosa que la historia de un egoísmo, y la historia que se repite una vez y otra, donde para algunos la vida de otras personas parece no contar. Es increíble que hasta hoy no nos hayamos acordado en plena democracia de las víctimas de la guerra. Se hizo un pacto y en él se perdió la vida, el recuerdo, la memoria, la fuerza, la presencia de muchos seres humanos que fueron los sufridores de la España contemporánea».


Documentos: Huelva24. Coordinadora Cuenca Minera Del Río Tinto Para La Memoria Histórica. El País (Manuel J. Albert). Andalucía Información. Imagen de «Vuelo en el Membrillo Bajo (Zalamea La Real) – Huelva» de José Antonio Portero. Revista La Comuna (Jesús Pérez López)


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española