Las OCHO ROSAS REPUBLICANAS, FUSILADAS en Granada por los franquistas en 1938, junto a otros 29 REPUBLICANOS

Ocho rosas word 2 pressGranada, 1938. Hacía 2 años que había triunfado el ‘alzamiento’. Sus gentes, hambrientas y asustadas, sometidas al silencio y la represión, atemorizados por las sacas, los paseos, las denuncias, los espías infiltrados en todas partes, las detenciones y ejecuciones sumarias. Los golpistas mantenían su poder a base del terror y los asesinatos en las tapias del cementerio; los nazionales tenían las armas, pero en la ciudad había mayoría de gentes con ideologías izquierdistas. Los barrios obreros eran vigilados por el espionaje y contraespionaje local.

El día 6 de junio de 1938, el capitán de la Guardia Civil Mariano Pelayo, delegado de Orden Público en la provincia de Granada, recibió en su despacho una carta bomba que le estalló en la cara. Lo dejó manco y tuerto. El paquete se lo había entregado José Yudes Leiva, un joven del Albaicín al que el mismo Pelayo había sacado de la cárcel y reclutado como espía. El capitán Pelayo tenía montado un importante servicio de contraespionaje. En cuestión de días, 116 personas fueron encarceladas por su relación con este atentado. Algunos, tras interrogatorios bajo torturas, murieron en prisión.

Los detenidos formaban parte de una ‘lista negra’ que Pelayo había elaborado gracias a las confidencias del propio Yudes y de una misteriosa mujer, ‘La tía del abanico’, una espía Republicana interceptada por Pelayo cuando llegó a Granada y a la que alistó para la causa nazional. La traidora promovía reuniones en su propia casa o en tabernas de la ciudad con personas Republicanas, a las que luego iba denunciando a Pelayo; podría ser Alicia Herrera Baquero, como cuenta Enriqueta Barranco en el libro ‘La tía del abanico. 1930. Espionaje en Granada’, con la colaboración de la historiadora Maribel Brenes.

Aquel atentado se juzgó sumariamente el 22 de agosto de 1938. El 4 de octubre de 1938 fueron fusilados a las 6 de la mañana en las tapias del cementerio de San José de Granada 37 personas, sin un juicio justo, sin garantías ni contemplaciones, acusadas de delitos de traición, de rebelión militar o adhesión a la rebelión. Entre ellos hubo miembros de la guardia de asalto y trabajadores del ferrocarril o tranvías. José Yudes Leyva, también fue fusilado.

Entre los fusilados había 8 mujeres con las que Alicia había establecido contacto. Eran Conchita y Gracia Peinado Ruiz, 2 hermanas bordadoras y vecinas del Carmen de la Fuente, «acusadas de haber favorecido la evasión de personas por el carmen hacia la zona Republicana y también de beneficiar la comunicación con espías Republicanos que entraban y salían de su casa». En sus idas y venidas a la cárcel para visitar a su padre, Jesús Peinado Zafra, conocieron a Concha Moreno Grados, modista e hija de Rafael Moreno Ayala, conocido socialista de la ciudad, amigo de Fernando de los Ríos y Alejandro Otero.

Otra de aquellas rosas fue Laura Ballesteros Girón, vecina de la Bobadilla y miembro del Partido Comunista, que había trabajado en la fábrica de tabacos lo que le permitió establecer contactos con destacados izquierdistas. Mercedes Romero Robles, conocida como Mercedes ‘la de Huéneja’, empleada del servicio doméstico que parece que llegó a Granada ya como espía. En el Sacromonte ‘la tía del abanico’ conoció a Angustias Ruiz Pérez y a Remedios Heredia Flores, que ofrecían sus casas a quienes intentaban escapar a la zona ‘roja’ por el Camino del Monte. La lista la cierra Filomena Santoyo, otra amiga de ‘las Niñas del Carmen de la Fuente’ de la que quizás se vengaron por ser una persona de cierta relevancia social.

Mariano Pelayo, un personaje fundamental para que triunfara el ‘alzamiento’ en Granada, llegó a ser el jefe de los servicios secretos de Andalucía Oriental. En 1938 hubo en Granada agentes de la Gestapo que instruían a los militares españoles, entre ellos a Pelayo, sobre cómo había que interrogar y torturar a los detenidos. Entre el 45 y el 53 dirigió operaciones contra el espionaje en toda la región. En Sevilla y Córdoba hay personas fusiladas a raíz de investigaciones de Pelayo, que lució en su chaqueta hasta 16 medallas por méritos, incluida la ‘Cruz de 3ª clase del mérito de la orden del Águila alemana con espadas’ que le concedió, en 1941, Adolf Hitler, con la que se premiaba a aquellos extranjeros cuyas actividades habían sido favorables a la causa alemana.

El olvido de aquellas muertes duele. Sus nombre están escritos en el memorial de las víctimas del franquismo del cementerio de San José. Para que no se borren de la Historia.


Documentos: Esinformación (Amanda Martínez). El Independiente de Granada. Presos.org


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