VICENTE PRESENCIA ARANDA ¡Qué no fue MUERTE natural, qué no!

Vicente Presencia Aranda word pressVicente Presencia Aranda nació en Cuadassuar (Valencia). Era torero de profesión. Partió a Salamanca ejerciendo su profesión y allí fue testigo de las atrocidades que sufrían las mujeres Las exhibían y paseaban desnudas por las calles, les rapaban la cabeza, sufrían agresiones y otras crueldades aun peores que no soy capaz de expresar por la repugnancia que me provocan. Fue cuando Vicente en un gesto de humanidad por el horror que vieron sus ojos, se puso en contacto con un periodista conocido por él y vecino de su localidad natal para contarle lo que estaba sucediendo, por si quería escribir un artículo en el periódico donde trabajaba.

El articulo se escribió y se publicó. El periodista le aconsejaba que lo firmara con un seudónimo, pero Vicente quiso dar su nombre. Y cuando Vicente regresó a su pueblo natal alguien había guardado ese ‘trozo de periódico’ a la espera de su vuelta, y fue entregado a los caciques falangistas. Fue arrestado y trasladado a la cárcel de Alzira que se encontraba a orillas del rio Xuquer.

Allí descubrió que tenían presa también a su hermana Pura. Ella estaba por ser vocal de UGT, y presidenta de la Agrupación de mujeres antifascistas. Fue condenada a 12 años y 1 día. Pero esa es otra historia que merece ser contada y recordada algún día.

¡Qué no fue muerte natural, que no! Que a Vicente no le concedieron ni una sola oportunidad para vivir. Que lo mataron toreándole con capote y estoque en mano. Cuando se cansaron de su ‘disfrute’, allí lo dejaron, tirado, moribundo, desangrándose en mitad del patio de la cárcel donde seguía presa su hermana Pura, a tan solo unos metros de donde estaba su hermano agonizando.

Pura le pidió a una monja que por favor lo sacaran de allí. Se lo llevaron al hospital Santa Lucia de Alzira donde le administraron una inyección y dejó de sufrir. Tenía 28 años. Esa madrugada del 10 de septiembre del 1939 Vicente dejó de vivir, pero no de ser olvidado. Fue trasladado a la misma zanja que habían abierto para ‘tirar’ a los fusilados de aquella madrugada. Durante 4 décadas para la mayoría de personas solo eran zanjas cubiertas de tierra donde se veía alguna que otra flor como dejada caer allí. Eran las flores de los familiares que iban a escondidas.

Cuando se Instauró de nuevo la democracia se hizo un mausoleo donde fueron trasladados todos los restos y depositados en una fosa común ¡Que Vicente, ‘Melchor’, no murió de muerte natural, que no! Que nos lo mataron de la manera más vil: toreándole como a un toro.


Documento original de Pura Vidal Moya, en Represaliados Paterna – Exhumación fosa 128. Grabado de Picasso


En MEMORIA de las mujeres y hombres del Ejército de la REPÚBLICA Española