CONSUELO RÍOS GARCÍA, trabajadora de las canteras, ASESINADA y VIOLADA por guardias civiles en Villabáñez (Valladolid) en julio de 1936

Consuelo Ríos García word pressEn los años 30 los asturianos estaban muy concienciados, les gustaba leer y comentar la prensa con los vecinos, y demostraron ante los demás trabajadores su madurez política y su posición reivindicativa. Consuelo Ríos García era asturiana formaba parte de un grupo de canteros con los que vivía, eran un grupo nómada de familias emparentadas entre sí, que se dedicaban a trabajar en las obras públicas de los pueblos de Valladolid. Su especialidad eran las fuentes.

Consuelo estaba casada y tenía un niño de pocos años cuando el grupo acometió unas obras en Castronuño. Allí residieron durante casi un año, tiempo durante el cual consolidaron amistades y compartieron los problemas de aquella localidad. Mientras estaban realizando unas obras en ese pueblo, su marido perdió la vida en un accidente laboral.

Después la cuadrilla de trabajadores viajó a Villabáñez donde tenían contratados otros trabajos, hacer una fuente, y allí se instalaron. Se hicieron cargo de las obras, y cuando el trabajo quedó acabado, Consuelo decidió quedarse a vivir allí con su hijo pequeño que tenía unos diez o doce años y se llamaba Salvador Ríos. Consuelo se emparejó con un vecino del pueblo y permaneció como residente junto con su hijo en Villabáñez.

Consuelo tenía un carácter fuerte y era muy extrovertida. Era mujer clara y vehemente, además joven y guapa, por lo que se hacía notar y era conocida en toda la zona. Eso le sirvió para encontrar trabajos y salir adelante en aquel pueblo.

Pero tuvo mala suerte. Inmediatamente después del golpe de estado de julio de 1936, unos guardias civiles procedentes del puesto de Tudela la detuvieron y la llevaron a una zona boscosa, cerca de unas minas de yeso. Era una zona de pinares próxima a Tordesillas. Allí la violaron y la asesinaron. Su último gesto, según contaban sus ejecutores tiempo después, fue arrojar a los asesinos unas perras que llevaba en el bolsillo de su bata, “para que os acabéis de emborrachar” les espetó. Su hijo quedó huérfano y desamparado. El cuerpo de Consuelo no apareció jamás.


Documentos: El rastro del Águila. Represión franquista en Valladolid


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