REPUBLICANOS MASACRADOS por los franquistas en el municipio de La Bañeza (León)

Municipio de La Bañeza word pressEn las limitadas listas del historiador leonés Wenceslao Álvarez Oblanca, solo consigna el espeluznante saldo de los 1.007 «paseados» y fusilados entre el 23 de julio de 1936 y el 15 de octubre de 1948 que yacen en el cementerio de León, así como los 83 y 42 ejecutados en el verano y el otoño del 36 que ocupan las respectivas fosas comunes de Villadangos y de Valverde de la Virgen. Son algunos de los muchos Republicanos que en esta villa como en tantos otros lugares cayeron en defensa de la legalidad y la democracia, a todos arrebatada por sus verdugos. No hay placa que los recuerde, los honre y reconozca lo injusto de su caída y la gratitud que reclaman su entrega y heroísmo.

Aparece, así, entre las 40 víctimas del salvaje «paseo» aquelarre sangriento colectivo, perpetrado por el nuevo estado surgido de la cruzada el 12 de octubre de 1936 en el Campo de Fresno de Valverde de la Virgen, José Rodríguez Fernández, muerto «por arma de fuego» del que no figuran edad ni profesión, pero dejó huérfanos. El 7 de febrero de 1937, fue fusilado Alfonso Rodríguez Luengo, de 39 años, y sus hijos forman también parte del grupo de 26 huérfanos fusilados y desaparecidos (léase «paseados»); y al día siguiente le tocó a Manuel Andrea Olivera, de 75, al parecer, bañezano. En 1938, a Nemesio Fernández Sorribos, de 44 años, entre un grupo de 7 fusilados el 4 de marzo; y el 29 de julio a José Merino Alonso, de 23, fusilado con otros 2.

Bañezanos eran los 16 varones asesinados el 19 de febrero de 1937: Elías Falagán Martínez, de 32 años, Presidente de la Casa del Pueblo y en San Marcos desde el 17 de agosto. José García González, de 26 años, empleado municipal, depurado y detenido por haber requisado armas. Felipe Huelmo Vilado, de 55 años, probablemente bañezano. Joaquín Perandones Franco, de 31 años, miembro de la Comisión Gestora Municipal y directivo de La Casa del Pueblo, apresado junto a su hermano Emilio Perandones Franco, de 29 años, también directivo socialista y trasladado a San Marcos el 17 de agosto. Eugenio Sierra Fernández, de 42 años, en San Marcos desde la misma fecha y destacado dirigente del PSOE de quien quedó un hijo. Ángel González González, apodado «Muletas», de 23 años, directivo, conducido también a San Marcos y que dejó una huérfana. Joaquín González Duviz, de 30 años, Gestor Municipal y directivo.

Asesinado igualmente Eulogio García González, de apodo Bulona, de 32 años, encargado de la Prisión en el periodo Republicano, dejó una hija, y también en San Marcos desde el 17 de agosto. Eumenio Santiago Herrero, de 24 años, detenido por haber incautado armas para oponerse a la rebelión. Mariano Medina Alvarado, directivo del Frente Popular, de 28 años. Bartolomé Otero Gallego, de 30 años, directivo y Presidente del Ramo de la Construcción, de quien quedó un huérfano. Manuel Gutiérrez Vidal, de 30 años, conocido como «Chepa Katiuska», detenido por requisar armas y transportar municiones. Emilio García Collar, de 30 años, directivo, «por colocar explosivos en la carretera de Madrid»; dejó una hija de 2 años. Agapito Martínez Castilla, de 30 años; y Fernando Alba Flórez, de 39, quien había retirado armas en establecimientos bañezanos y requisado un automóvil.

Todos, al igual que los otros muertos extrajudiciales, fueron apresados entre el 21 de julio y el 4 de agosto e integran la amplia nómina de los cerca de 8.000 leoneses que entre julio de 1936 y diciembre de 1940 fueron sometidos en esperpénticas farsas de justicia a sumarísimos sonsejos de Guerra y asesinados «por parálisis cardiaca» o «hemorragia cerebral» en el polígono de tiro de Puente Castro. Fueron «paseados» en diferentes momentos y lugares los siguientes naturales de La Bañeza: Abraham Bécares Rodríguez, «directivo de los más destacados», de quien quedaron dos huérfanos, y en San Marcos José Alejo Barrios, detenido «por sabotaje» para impedir la entrada en la villa de las tropas rebeldes. María Alonso Ruiz, apresada «por incitar a los soldados a la rebelión», guarnicionera en la fábrica familiar de la calle Astorga, vicepresidenta de Unión Republicana y asesinada en la carretera de León a Valladolid. Isaac Nistal Blanco, «último alcalde marxista y directivo», según informe de sus captores, que dejó un hijo en orfandad. Santiago Antúnez, presidente del Sindicato Azucarero que vivía en El Polvorín, y dejó huérfanos. Ángel García, Antonio Núñez y Salustiano Díez, todos ellos dejaron huérfanos.

La memoria de estos caídos y de todas las víctimas del franquismo nos demanda sumarnos al creciente clamor de quienes exigen la retirada de los símbolos de la rebelión, de la ilegalidad, de la humillación, de la dictadura en suma, y al anhelo de quienes proponen el fin del ensañamiento y el establecimiento de la paz entre todos los españoles cuadrando de una vez en este país de manera honesta y para todos las cuentas de nuestra última Guerra Civil. Lamentablemente, todas ellas resultan ser aún hoy tareas incumplidas en la ciudad de La Bañeza.


Documentos: Diario de León (José Cabañas). Foro por la Memoria


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