JOSÉ RODRÍGUEZ-MEDEL BRIONES, comandante de la guardia civil de Pamplona. ASESINADO por fascistas el 18 de julio de 1936 por su lealtad a la REPÚBLICA Española

Jose Rodriguez-Medel Briones word pressRodríguez Medel Briones nació en Siruela (Badajoz) en 1888. Con 20 años llegó a Pamplona como oficial de la guardia civil y conoció a la que sería su mujer, Lucía Carmona, con la que tuvo 7 hijos. Posteriormente la familia se afincó en Granada, donde Rodríguez-Medel se dedicó a un trabajo civil para ampliar ingresos y atender a su numerosa familia. Allí obtuvo el título de ingeniero mecánico tras concluir sus estudios en la Institución Libre de Enseñanza. Se dedicó a la docencia de una de sus pasiones: las matemáticas, materia sobre la que llegó a publicar un tratado. En 1933 se reincorporó a la guardia civil, destinado en Madrid.

Mola llegó a Pamplona el 14 de marzo de 1936. El Gobierno Republicano tenía constancia de que Mola estaba manteniendo reuniones secretas con otros generales, utilizando su puesto en la Comandancia Militar de Navarra como centro de operaciones para intentonas reaccionarias contra la República. Esas sospechas fueron el principal motivo por el que el gobierno Republicano envió a Pamplona el 8 de junio, al frente de la Comandancia de la guardia civil de Navarra, a un militar con probada lealtad al gobierno legítimamente establecido: José Rodríguez-Medel.

El general Mola necesitaba para sus propósitos que el instituto armado en Navarra se sumara a la conspiración, necesitaba hacerse con el control de la guardia civil. Estaba seguro de que una parte del contingente se sumaría al golpe, pero desconocía la postura que pudieran adoptar el comandante Rodríguez-Medel y sus principales ayudantes, el comandante José Martínez Friera y el capitán cajero de la Comandancia, Ricardo Fresno Urzaiz. Mola intentó captar a los mandos para su causa llegando incluso a apelar a la condición de militar del padre de Rodríguez-Medel.

En el mes y medio transcurrido desde que asumió el mando de la guardia civil en Navarra hasta su asesinato el 18 de julio, Rodríguez Medel trató de garantizar, en vano, la fidelidad del Cuerpo hacia el régimen Republicano. Rodríguez Medel no pudo evitar que un grupo de militares, apoyados por los representantes del fascismo que recorría Europa, y que en Navarra se manifestaba en sus diferentes versiones, falangistas, carlistas y requetés, violentaran el régimen democrático de la República. Con su asesinato los sublevados, dirigidos por el general Mola, eliminaron uno de los principales obstáculos durante aquellas horas iniciales del “glorioso alzamiento” que desencadenó el horror, y una sucesión de tragedias individuales y colectivas.

El 18 de julio de 1936, Mola citó a una entrevista a Rodríguez-Medel, a quien consideraba uno de los principales obstáculos para el triunfo del golpe militar. Mola quiso convencerlo para que se uniese a la rebelión, pero Rodríguez-Medel le contestó que se negaba a secundar ese movimiento: “..La guardia civil seguirá al lado del Gobierno. Ahora y siempre defenderé al Gobierno de la República como poder constitucional. Ésa es mi postura..” Fue entonces cuando Mola le espetó la frase lapidaria: “..pues aténgase a las consecuencias..”. Poco antes de las 8 de la tarde de ese día, José Rodríguez-Medel Briones fue abatido de 2 disparos por la espalda realizados por uno de sus subordinados. Tenía 48 años.

Rodríguez-Medel fue anulado tras su encuentro con Mola, pues tenía órdenes superiores de agrupar fuerzas y establecer en Tafalla una línea defensiva que aislara Navarra por el sur y, con ello, poder hacer frente a la rebelión. Cuando ordenó formar a la tropa para emprender el viaje, ya era consciente del clima de tensión y de rebelión entre sus subordinados. Se negó a dar mayores explicaciones sobre el destino del viaje y pidió “hacer un esfuerzo supremo, del que necesita el Gobierno en estos instantes”. Terminó su arenga con un ¡Viva la República! que no obtuvo respuesta. Tras un tenso silencio, un ¡Viva España! precedió a los disparos por la espalda que acabaron con su vida. El autor del crímen fue su propio chófer.

La familia se enteró de su muerte por la radio. Su mujer y su hija María se desplazaron a Pamplona donde los militares sólo les ofrecieron una fosa común para su entierro. Una prima de Lucía Carmona intervino para que la familia pamplonesa cediera su panteón. Los restos de José Rodríguez-Medel todavía permanecen en el panteón de la familia Lerena Otxoa en el cementerio de Pamplona. Sin embargo, no se colocó ninguna inscripción relativa al comandante. Galo Vierge en su obra “Los culpables. Pamplona 1936” señala: “Los restos mortales del Comandante de la Guardia Civil, fiel cumplidor de su deber, fueron enterrados en un panteón familiar de mi tía Lucía Iglesias, viuda con 3 hijos, uno de ellos llamado Miguel, afiliado al Partido Sindical de la CNT, que fue fusilado en los primeros días de la sublevación. El humanitario gesto de su madre le costó la vida”.


Documentos: Hermes: revista de pensamiento e historia (Mikel Donazar Jaunsaras, Fernando Mikelarena). Wikipedia.


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