La complicidad del franquismo con los CRÍMENES nazis contra los judíos sefardíes de origen español

franco - judios sefardies word pressFranco fue cómplice activo del holocausto. Hitler ofreció a Franco en 1943, enviar a todos los judíos de origen español a España y el dictador lo rechazó sistemáticamente. Franco fue clave para enviar a miles de personas a los campos de exterminio. El régimen sintonizaba totalmente con Berlín, que advirtieron al gobierno español de las medidas extremas de que sería objeto el colectivo judío. La Alemania nazi tenía una logística de exterminio y de deportación perfectamente organizada, un funcionario enviaba los ferrocarriles a los campos de exterminio, no había ninguna dificultad en hacer que esos trenes con cientos de miles de seres humanos llegaran a España, pero Franco se negó a acogerlos, pudiendo pedir ayuda a los aliados.

El ofrecimiento nazi de enviar a España a los spanischer Juden (judíos españoles), fue un tema de gran calado que generó cientos de documentos, telegramas, órdenes y contraórdenes procedentes del departamento de asuntos judíos del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, de la embajada de Alemania en Madrid y del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Ante la negativa, los nazis insistieron. Franco sabía por informes de los embajadores que para esas personas la alternativa era la muerte. Pero ahí está la complicidad más alevosa, mandó una orden oficial a Berlín recordando que los deportados a los campos de exterminio, eran españoles, y por lo tanto sus bienes tenían que quedar bajo custodia de las autoridades españolas, es decir, rechazó a las personas , pero reclamó su dinero: “..La embajada española solicita al Ministerio de Asuntos Exteriores (alemán) que los bienes de los judíos españoles serán administrados por los cónsules o representantes españoles, y tienen que quedarse en su posesión por tratarse de bienes de súbditos españoles y por tanto ser bien nacional de España. Berlín, 25 de febrero, 1943”.

La oferta nazi no contenía piedad hacia los judíos sefardíes. Era una medida para abaratar los costes del exterminio, el Reich dio la oportunidad a Franco de acoger a los spanischer Juden, para que tomara sus propias medidas contra ellos, así el operativo nazi de exterminio humano se vería sustancialmente reducido. Pero a ojos franquistas los judíos eran muy “peligrosos”. Franco estaba obsesionado con un abstracto contubernio judeo-masónico como el mayor enemigo de España, pudo salvar a decenas de miles de sefardíes, pero prefirió dejarlos morir a pesar de reiterados ultimátums alemanes que le advertían del exterminio de que serían objeto si su España no aceptaba acogerlos. A sabiendas de lo que les iba a suceder, muy bien informado por los embajadores españoles testigos de excepción de las deportaciones, la dictadura española se convirtió en cómplice activo del holocausto.

Mientras se producían las deportaciones y España negaba el pan y la sal a miles de seres humanos, unos horrorizados diplomáticos españoles actuaban por su cuenta. En contra de las órdenes franquistas falsificaron documentos y lograron salvar a cientos de personas. Todos alertaron a Madrid del genocidio en telegramas secretos. Dos de ellos, Ángel Sanz Briz desde Budapest (Hungría), avisó de las matanzas en cámaras de gas, y Julio Palencia, de la legación de España en Sofía (Bulgaria), escribió a Madrid avisando del desastre humano.

Palencia redactó a su ministro: “..por si acaso VE considera digna de ser tomada en consideración mi sugerencia..tenga a bien concederme cierta elasticidad para..conceder visados a israelitas de no importa qué nacionalidad o condición..pues los judíos están siendo víctimas de una persecución tan cruel y encarnizada que a la persona más ponderada y fría pone espanto en el ánimo el contemplar las injusticias y horrores que estas autoridades vienen cometiendo..”. El ministro no autorizó los visados que solicitó Palencia, que, desesperado, llegó a adoptar a 2 jóvenes judíos para salvarlos de la muerte. Tres años después, cuando la guerra mundial cambió de curso y los aliados presionaron a Franco, este se apropió de los actos heroicos de estos diplomáticos para ganarse la benevolencia de los vencedores.


Documentos: La Vanguardia (Eduardo Martín de Pozuelo). La Marea (Toni Martínez)


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