BALBINA DE PAZ GARCÍA, una ROSA en San Andrés, REPUBLICANA, ASESINADA por los franquistas en Astorga en 1938

Balbina de Paz Garcia word pressBalbina de Paz García nació el 30 de marzo de 1881, cariñosamente llamada “la chata de San Andrés”, era soltera, de buena presencia y esbelta, culta, honrada, de buena moral, de carácter amable y cariñoso, parlanchina, protagonista y reivindicativa, modista que “cuando no cosía, leía”, vivía sola en la Corredera Baja del barrio de San Andrés. No era de las Juventudes Socialistas como dijeron: era un ‘poco’ mayor para eso y aunque no estaría afiliada, sí simpatizaba. Para una mujer que vivía sola, independiente social y económicamente, y que tenía inquietudes intelectuales y/o políticas fueron unos años muy difíciles.

Antes de la II República, Balbina de Paz, como toda mujer de la época, era conservadora y religiosa, incluso iba de penitente descalza en las procesiones. Con la llegada de la II República, se abrió para las mujeres un abanico de libertades, las principales el derecho al voto y la ley del divorcio. Balbina cambió, se negó a prescindir de sus nuevas posibilidades, independencia, privilegios, hasta entonces negados a la mujer. La República fue un soplo de aire fresco y de libertad al que Balbina se negó a renunciar. Se transformó en una mujer más a la izquierda, más alejada de la intolerancia de la Iglesia y sumamente enérgica y reivindicativa con sus derechos.

Debía de ser muy valiente para reclamar sus derechos en aquel momento, y más en una ciudad tan pequeña y peculiar como Astorga. Su único problema es que vio en la República la liberación de la mujer fuera de lazos morales, religiosos, sociales y económicos, como tantas y tantas mujeres: en resumen, el derecho a decidir su vida, por eso la defendió.

‘La costurera’ fue señalada de “roja”, y acusada sin ninguna clase de pruebas de enseñar a las niñas a cantar “La Internacional”. La envidia ajena no la dejó vivir desde que pusieron la escuela para niñas en su casa, no habiendo otro local: incluso intentaron recoger firmas para quitársela. Ahí empezaron sus problemas con la gente devota del barrio que no querían la escuela en su casa, quizás temían que se ‘pervirtieran’ las niñas. Tan mala y tan extrema no debía de ser pues, cuando el Ayuntamiento y el Gobierno eran de derechas, no se la quitaron.

En la mesa electoral de Abril de 1936 el presidente no quería firmar el acta de constitución de la mesa y Balbina le obligó a hacerlo. El hecho es que cuando entró el juez municipal el presidente tenía alzada una silla para lanzársela o pegarle con ella. Alegó éste que le había insultado grosera y gravemente: Balbina le llamó cavernícola. Esto lo resolvió el juez con el relevo del presidente.

También la acusaron falsamente de marchar con los mineros, de que iba armada, que amenazaba a la gente. Dos falangistas de San Andrés, que ya la acechaban y perseguían de antes, le derribaron la puerta y registraron su casa sin encontrar arma alguna. Después vaso de agua, vejaciones, corte de pelo, ricino, y, si cuadraba, abusos o violación.

En el juicio a que fue sometida, el juez instructor le preguntó por 2ª vez al párroco de quién había salido la acusación, tanta contradicción indicaba una presunta y burda conspiración contra Balbina: el párroco reiteró que de los vecinos. A Balbina le achacaron problemas religiosos diversos. Que insultaba a los que iban a misa. Que una o varias veces al pasar la procesión del Santísimo, estando ella en la puerta de casa, se dio la vuelta: Lo que hizo fue entrar en su casa, nunca la denunciaron por desprecios ni blasfemias, el párroco, que debía de estar presente, no hizo la mínima mención a esto. Y así múltiples relatos de amplio espectro, además del religioso, que se desvirtúan: algunos se sacan de contexto. La condenaron a muerte por todo esto, a pesar de no estar probado, por “trascendente y perversa” en los daños, en “abstracto”, al Movimiento Nazional.

Balbina había sido detenida la noche del 20 de julio, donde permaneció presa hasta su fusilamiento. A las 6’30 de la mañana del 7 de marzo de 1938, desfiló la tropa llevando a Balbina al paredón, su mirada era tierna y triste. Formó la tropa el cuadro frente al muro oeste del cementerio y el oficial ordenó el fuego. De la tropa alguno lloró, puede que alguno no le disparara. Cedió el cuerpo y entonces el oficial le dio el tiro de gracia. Formó la tropa otra vez y desfilaron al Cuartel. En fin, una rutina más, como el que va a cazar.

Dirán que una roja menos, pero la verdad es que desde ese día hay una rosa en San Andrés.


Documentos: Astorga Redacción (Miguel García Bañales). Astorga Digital (Cristina Casado). Biblioteca Digital JCyL


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