Una FOSA COMÚN, en 1936, de presos REPUBLICANOS de Montilla en Castro del Río

Juan Jose Gomez Galvez y Antonio Gomez Marquez word pressEl 6 de agosto de 1936, una columna militar formada en gran medida por marroquíes, dirigida por el general José Enrique Varela Iglesias sacó a varias decenas de presos de la cárcel de Montilla, una localidad donde había triunfado la sublevación golpista el mismo 18 de julio. Entre los reclusos se encontraban 13 vecinos de Santa Cruz. Cerca de Castro del Río, los prisioneros fueron fusilados y enterrados en una fosa común situada en la finca Santa Rita. Remedios Gómez Márquez aportó su testimonio sobre Santa Cruz para la cuarta edición de mi libro “Los puños y las pistolas. La represión en Montilla (1936-1944)”.

Remedios nació en Santa Cruz el 20 de julio de 1936. Unos militares detuvieron a su hermano Antonio, de 17 años entonces y a su padre, Juan José Gómez Gálvez “Bandurria”, de 46 años, junto a otros 11 vecinos. Todos estuvieron retenidos en el patio del cuartel de la guardia civil del vecino pueblo de Espejo, a pleno sol y amarrados de 2 en 2, hasta que los trasladaron a Montilla 2 días después. El padre y el hermano de Remedios iban en el grupo de presos sacados de esta cárcel y fusilados en Castro del Río por la columna del general Varela el 6 de agosto. Antes de producirse la masacre en un olivar, los padres que se encontraban en el grupo pidieron ser matados antes que sus hijos. Pero cuando iban a fusilar a su padre, Antonio se arrojó instintivamente a sus pies para abrazarlo y ambos murieron acribillados abrazados.

La madre de Remedios, Dolores Márquez, como casi toda la población de Santa Cruz, huyó a finales de septiembre de la aldea tras su toma por las fuerzas franquistas del comandante Sagrado. Se refugió en Torredelcampo (Jaén), situado en zona Republicana, donde los 4 niños menores, entre los que se encontraba Remedios, estuvieron a punto de ser enviados a Rusia porque ella enfermó. Cuando regresaron a su domicilio en la posguerra se encontraron con que había sido ocupado por un falangista y que todos los muebles y enseres habían desaparecido, incluidas las bandurrias que el padre tocaba y por las que recibía el apodo. El falangista les cedió una habitación para que se cobijaran. Los falangista humillaban a mujeres, madres y esposas de vecinos asesinados, como la madre de Remedios, les hacían barrer la plaza del pueblo, a algunas les raparon la cabeza y les dieron aceite de ricino. La familia de Remedios pudo sobrevivir pasando muchas calamidades y miserias, y se vio obligada a emigrar a Córdoba capital.

La intervención arqueológica realizada en la finca Santa Rita de Castro del Río resultó acertada. En junio de 2017 ya se habían localizado en el terreno los restos, en la mayoría de los casos minúsculos, de entre 12 y 14 varones, casi todos menores de veinte años. El informe arqueológico final, difundido por la Junta de Andalucía a principios de enero de 2018, se puede leer en este enlace. El análisis genético resultó gratificante para una de las familias implicadas y para Remedios Gómez, que ha rescatado los restos de su padre, pero no los de su hermano. Los restos de éste y de otros muchos fusilados allí, posiblemente acabaron metidos en sacos de abono, tras aparecer durante la excavación de los hoyos para la plantación de olivas en la finca en los años noventa. En aquel momento no era una prioridad para ningún responsable público la búsqueda de los restos de las víctimas de la contienda, así que es muy posible que hayamos perdido el rastro de ellos para siempre.

El proceso ha sido muy largo, han transcurrido 4 años y 8 meses desde que las familias solicitaron oficialmente la búsqueda, la maquinaria administrativa ha funcionado muy lentamente. El día 19 de octubre de 2019, en una ceremonia familiar y privada en el cementerio de Castro del Río, los arqueólogos encargados de la excavación, Jesús Román Román y Juan Manuel Guijo Mauri, le entregaron a Remedios Gómez una pequeña caja de madera con los restos de su padre, ya escasos porque las labores agrícolas en la finca durante tantos años habían desperdigado y destruido los huesos, inhumados por sus verdugos casi a ras de tierra. El cuerpo de su padre ahora ya podrá descansar en paz, no donde sus asesinos lo habían arrojado, sino enterrado con dignidad junto a su esposa en el cementerio de San Rafael de Córdoba, la ciudad donde reside la familia.


Resumen del artículo original de Arcángel Bedmar: Una fosa común, en 1936, de presos de Montilla en Castro del Río. Diario de Córdoba (Andrés Criado)


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