El vil asesinato del doctor CRISTÓBAL RONCERO PIÑERO en 1937 en Valverde del Camino, por mercenarios franquistas

Cristobal Roncero Pinnero word pressAunque la guerra quedaba lejos, queipo de llano firmó un Bando de Guerra el 6 de agosto de 1937 declarando el norte de la provincia de Huelva “zona de guerra”, 2ª fase de terror y escarmiento. Los golpistas no se conformaron con la indiscriminada represión ejercida en la provincia en los primeros meses de la Guerra Civil. Buscaron en cada pueblo un castigo ejemplar para que tras el terror, como dice el autor de “Los desaparecidos de Franco”, Francisco Moreno, “el nuevo Estado viva de las rentas durante un tiempo”, exterminio suficiente sin estar matando siempre.

No era un cualquiera el doctor Cristobal Roncero Piñero. Nació en San Fernando (Cádiz), en 1885. Llevaba 26 años ejerciendo la medicina en Nerva y fue un pionero en introducir los aparatos más sofisticados del momento. Creó una mutua médica sindical, para no depender de la Rio Tinto Company Limited, y se implicó en la asistencia a los obreros. Su última obra fue el Centro Primario de Higiene Rural cuyo modelo tenía pensado reproducir en otros pueblos próximos. Trajo médicos de Cádiz que ejercieron por toda la cuenca minera. Era un humanista implicado en las intensas actividades culturales de Nerva. Amig de Juan Ramón Jiménez o de José María Morón, componía poesía; tenía varias especialidades médicas y atento, como erudito, a cualquier actividad cultural. Fue comisionado para entregar pacíficamente Nerva a las tropas franquistas y evitó en aquellos primeros intensos días que los rojos quemaran un retrato de Alfonso XIII con el uniforme de ingeniero de minas.

Él estaba tranquilo, pues hacía casi un año que las tropas franquistas entraron en Nerva y le dejaron seguir ejerciendo de médico titular de la población minera. Sin embargo, alguien tomó la decisión de aplicarle la ley de fugas, aun cuando el juicio se celebró después de su asesinato. El doctor Pedro Parreño Romero lo acusó de obtener beneficios por haber sido un militante activo o simpatizante del Partido Socialista. Y es que el doctor Roncero, en 1914, había creado una mutua médica para los obreros apoyado por UGT y el PSOE. También lo acusó de acaparar cargos médicos y de ser amigo del alcalde socialista, utilizando el Convento para instalar un Hospital de Sangre, además de chantajear al Ayuntamiento para que comprase aparatos médicos, en un momento de precariedad económica. Esta acusación, de octubre de 1936, no fue vista hasta el 28 de agosto de 1937, 2 semanas después de que la guardia civil asesinase al doctor Roncero.

El 14 de agosto de 1937 un niño nervense de 12 años, José Olivares, pasó aquel día junto a su padre por Valverde del Camino y vio al doctor Roncero: “..Estaba esposado sentado sobre una piedra, junto a la carretera, custodiado por 2 guardias civiles. Mi padre intuyó el trágico final, entendí aquel silencio de miedo y pánico ante el inexplicable final del doctor Roncero, amigo de la familia, especialmente para los ojos de un niño como yo..”. No hacía falta sentencia judicial; sin ella, los franquistas le dieron el pase a él y otros dos nervenses, Antonio Pérez Quinta y Manuel Morales Lancha, quedando tirados en aquella cuneta del paraje del Puente Nuevo, Valverde del Camino, sin que hayan aparecido sus cuerpos.

Su hija lo dejó bien claro: “..Lo asesinaron y nunca lo encontramos. El gobernador Civil de Huelva autorizó la búsqueda a mi madre y a mi marido, quien gratificó generosamente al sepulturero. Se abrió la fosa común de un kilómetro o más y de allí salían cadáveres y cadáveres de pobres gentes, humildes por su ropaje. Muchas alpargatas de gente obrera. Pero mi padre era un señor muy elegante e iba bien vestido. Tras matarlo lo dejaron en la cuneta, y lo mismo se lo llevaron a otro sitio. Era un hombre humanísimo, apolítico, centrado en su actuación sanitaria a disposición de la gente y en las actividades artísticas que tanto le gustaban. Él había protegido al cura don Constantino, detenido por los rojos, sacándolo de la cárcel y cuidando su tuberculosis. Pero cuando a mi padre lo detuvieron, don Constantino no hizo nada. Un guardia civil llamado Mateo, a cuya familia él atendía, llamó a las 2 ó 3 de la mañana pidiéndole que lo acompañara y el lo hizo pensando que iba a atender a un hijo enfermo. Podía haberle dicho que huyera, pero no lo hizo. Algunos de sus amigos sabían lo que iba pasar aquella noche y nadie lo avisó. Fuí a Valverde, donde se lo habían llevado detenido, y vi a mi padre, demudado, esposado como un criminal. Me dijo que no pasaba nada, que iba a declarar y que le dijese a mi madre que no se impacientara. Con él cayeron otras 2 personas, que creo que utilizaron para disimular lo que iban a hacer. Todo fue por el doctor Parreño, quien parece que tenía apetencias por hacerse con su puesto como director del Centro y lo denunció..”.


Documento original: Huelva Información (Juan C. León Brázquez). También en Fundación Pablo Iglesias


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