Las FOSAS de Iruzkun, el MATADERO franquista de la borda de Ollakarizketa (Navarra)

Oiakarizketa word pressEl ejército fascista se hizo rápidamente con el poder militar en Navarra, arrancando las detenciones, asesinatos y desapariciones. Se calcula que hubo más de 3.000 personas fusiladas tras el golpe militar de 1936. A las puertas de las abarrotadas cárceles se apostaban grupos de requetés y falangistas con listados hechos por chivatos de cada pueblo. Eran asesinos uniformados que actuaban impunemente con órdenes de los mandos militares, quienes entregaban los presos a estas bandas de asesinos. Llevaban a los Republicanos en camiones hasta lugares donde se realizaban los crímenes, y los enterraban lejos de miradas extrañas.

Uno de esos lugares fue en el término de Iruzkun, junto a Ollacarizqueta, a 12 kilómetros de Pamplona, en el Valle de Juslapeña, donde acabaron más de medio centenar de Republicanos “sacados” de la cárcel provincial de Pamplona durante noviembre de 1936. Los crímenes fueron presenciados por una pastora de 9 años llamada Plácida Ibero, que indicó en 1979 a los familiares el lugar exacto de las fosas, que los habían traído de Pamplona, personas no eran de la zona, que al grupo les asistía un cura. Tras la muerte del dictador, en 1979, familiares del pueblo de Sartaguda, en secreto, con sus propias manos, determinación y miedo, sacaron los restos de 17 personas asesinados el 17 de noviembre de 1936.

Estas primeras exhumaciones terminaron bruscamente tras el golpe de Tejero en 1981. Pero comprobaron que en el paraje había más fosas y marcaron el lugar, lo que ha facilitado las exhumaciones actuales. Fernando Mikelarena dió a conocer un estudio etnográfico de María Amor Beguiristain en 2007 ‘La vida en la cuenca de Pamplona durante el siglo XX’. Allí se recoge el testimonio de Félix Echalecu, natural de Ollakarizketa”, quien en 1936 fue obligado a cavar las fosas: “..tenía orden del gobernador militar de que hiciéramos una fosa en Iruzkun, de unos 100 metros de larga por 0,60 de ancha y un metro de profundidad. Terminamos, vienen los requetés de Pamplona, lo dieron por bueno y dicen: mañana vamos a traer a los primeros. Al día siguiente aparecieron 2 coches primero, con bandera nazional, y una camioneta con toldo. Mi padre y mis hermanas se apartaron, yo me quedé, y vi los fusilamientos. Trajeron 17 esposados de 2 en 2, los metieron como a corderos en la primera borda, un pistolero le pegaba un tiro en el corazón y caía; en la parte derecha el segundo pistolero le pegaba un tiro de gracia. Los echaban a la fosa medio tiesos, de pies, para que cogerían más…No lo olvidaré mientras viva”.

Gracias a los investigadores de la Memoria histórica en Navarra, Fernando Mikekarena y Orreaga Osktz, se ha impulsado finalmente la exhumación de las fosas de Ollakarizketa durante septiembre de 2019. Los trabajos los ha llevado a cabo la Sociedad Aranzadi con el antropólogo forense Paco Etxeberría y la arqueóloga Lourdes Herrasti a la cabeza. Había 3 fosas, en una encontraron 9 personas. En otra también 9 personas. La última contenía 2 personas. Estas 20 víctimas, 2 son varones de menos de 20 años de edad, sumadas a las 17 exhumadas en 1979, eleva el número provisional a 37 asesinados por los matarifes franquistas. Aún quedan más fosas por descubrir en el lugar. Se sospecha de otra con cerca de 16 personas, y varias más.

Carlos Urbiola Martínez, de Sartaguda, autor con otros y testigo de la exhumación de 1979, recordó que quien fue secretario de Sartaguda, José Díaz Fernández, preso en el fuerte de Ezkaba y que se libró de la saca, contaba que en el pueblo sabían quienes mataron, quienes dejaron el pueblo lleno de viudas y huérfanos e incluso quien se paseaba por la calle con la zamarra de su abuelo. “La derecha, que es la que lo hizo debe pagarlo, sabemos quienes fueron pero no hemos podido llevarles a los tribunales”, lamenta. Y lo saben, añaden, porque “el alcohol hace mucho y en las bodegas se decían muchas cosas. Además a la hora de morir también les entraba como una especie de locura, han muerto con miedo”.

Testigos de la exhumación de 1979, recuerdan 40 años después, la enorme emoción de aquel momento: «Me mataron a los 2 abuelos, el paterno y el materno, y a un tío, a mi madre la raparon. Yo pensaba que tenía más valor, pero ha sido verlo y me han empezado a temblar las piernas», relataba con voz entrecortada Lucía Moreno, nieta de Jesús Moreno Sádaba. Su abuelo, de UGT, fue capturado mientras sembraba alubias, tenía 41 años. Al abuelo de Blanca lo mataron con 33 años y 3 hijos: «En el 79 todavía quedaban vivos muchos hijos de fusilados. A algunos se les reconocía por la ropa, las zapatillas. Mi madre no tiene recuerdos, solo tenía 20 meses, pero mi tío tenía 9 años, cuando abrieron la fosa reconoció a mi abuelo fácilmente y mi tío no pudo sacarle, no pudo». Otra mujer, también familiar, recuerda: «De todas las imágenes, la que más tengo grabada fue la de ‘la Glorilla’. Estaba su padre, que se lanzó allí…aún se me pone la carne de gallina». Y rememora: «Mi abuela siempre recuerda las últimas palabras que le dijo mi abuelo: No dejes a los chiquillos ni un solo día sin llevarlos a la escuela».


Documentos: Noticias de Navarra (Lola Cabasés Hita). Crónicas a pie de fosa (Aiyoa Arroita Lafuente, Jesús Pablo Domínguez Varona). Araken Memoria (NAIZ Ibai Azparren). Eldiario.es (Amaia Otazu). Imagen Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra, AFFNA


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