MARIANO VICENTE CARDERERA RIVA, último alcalde REPUBLICANO de Huesca, FUSILADO extrajudicialmente en 1936 por una cuadrilla de falangistas

Mariano Carderera Riva word pressDurante los primeros días de agosto los franquistas generaron un goteo de asesinatos de Republicanos en Huesca, caían sindicalistas, obreros, maestros, como Alfredo Atarés… Pero el día 11 se atrevieron ya con gente significada como Ramón Acín, y el médico afiliado al PSOE Pablo Montañés, inspector provincial de Sanidad. Un plan de exterminio y represión brutal que se iría escenificando a mediados de agosto, se estaba diseñando en la ciudad por parte de falangistas, militares y algunos curas.

Entre los que pusieron más empeño por regenerar la política, Republicanizando las instituciones provinciales para dar paso a un régimen democrático más justo, eminentemente social, se hallaban los alcaldes de Huesca y militantes de Izquierda Republicana Mariano Carderera Riva, nacido en Huesca, masón, médico, y Manuel Sender Garcés. Ambos dirigieron desde las instituciones locales, Ayuntamiento y Diputación Provincial, a un grupo de destacados militantes y políticos Republicanos. Mariano Carderera fue alcalde desde abril a noviembre de 1931, y desde abril hasta el 20 de julio de 1936. Durante el corto período del Frente Popular fue también gestor provincial de la Diputación.

Ambos fueron 2 buenos alcaldes. Nada más proclamarse la República emprendieron la secularización de la vida pública con riesgo y valentía originando fuertes controversias. Querían desarrollar las ideas krausistas y de la Institución Libre de Enseñanza en materia educativa, sustituyendo el clericalismo por la escuela única laica. Aplicaron con intensidad, imaginación y rigor la política educativa Republicana. Insistieron en la transformación y dignificación de la enseñanza a través de la figura del maestro y la creación de escuelas

Se implicaron muy seriamente en la planificación y el diseño urbanístico de la ciudad, pavimentación de calles y arterias, saneamiento ciudadano y de fincas urbanas sin baño ni agua corriente, fachadas, escasez de viviendas, depuración de aguas, mercado municipal, matadero, piscinas, baños públicos, depósitos y distribuidores de agua, alumbrado eléctrico, bibliotecas, paro obrero, iniciativas culturales y periodísticas como el diario republicano “El Pueblo”, ayudas a los más desfavorecidos. Implicado estuvo también el concejal y presidente de la Cámara de Comercio Mariano Santamaría Cabrero, industrial carnicero de 45 años y padre de 4 hijos. Actitudes en conjunto, que constituyeron el pliego de cargos que los llevó a la fosa.

Fueron mucho más lejos de los postulados del liberalismo económico: deseosos de reformas políticas y económicas para evitar que la sociedad sucumbiese ante una eclosión revolucionaria. Interesados en la solidaridad entre clases, admiraban el espíritu solidario, un mayor igualitarismo a base de pequeños y medianos propietarios frente a los monopolios, políticas fiscales más justas que hicieran contribuir al que más tuviera para redistribuir mejor la riqueza. Apoyaron la intervención del Estado como moderador de los desajustes producidos por las iniciativas privadas; el aparato del Estado debía estar controlado por Republicanos auténticos. Este grupo, en su mayoría jóvenes Republicanos, defendió un «un liberalismo menos respetuoso hacia los formalismos legales y más agresivo contra los privilegios de unas minorías, sin cuya destrucción una democracia efectiva se reputaba imposible».

La mañana del 19 de julio, un grupo de militares al mando del capitán José María Vallés Foradada se presentó en el despacho de Cardedera para su destitución, pero una poderosa fuerza interior le hizo encararse con el militar que ya ocupaba su asiento, no podía declinar el poder municipal que había recibido de los ciudadanos, mucho menos al ser amenazado por militares golpistas sin legitimidad ninguna. Fue detenido, encarcelado en primera instancia en la prisión provincial y después en la Comandancia, donde las palizas y torturas no eran menos habituales que en la cárcel.

A Santamaría lo fueron a buscar a su tienda de tocinería 3 falangistas el 12 de agosto. No llegó a ingresar en prisión, junto a Sender, Carderera y el minero anarquista de Benasque Miguel Saura Serveto, fueron fusilados en las tapias del Cementerio de Huesca el 13 de agosto 1936. Carderera tenía 43 años. Santamaría no cayó muerto sino malherido, regresando como pudo a Huesca, donde fue descubierto, detenido y conducido al cementerio para ser fusilado definitivamente por 2ª vez . Tenía 46 años.

Los sublevados el 18 de julio de 1936 se cobraban el primer botín de guerra en las personas significadas por su militancia política y sindical; más tarde, eliminado físicamente el enemigo, llegaría la rapiña a mansalva legalizada en los tribunales de responsabilidades políticas, la depuración profesional y el oprobio a las viudas e hijos de fusilados, encarcelados y exiliados. No hubo piedad.


Documentos. Con Nombre & Apellidos. República Huesca (incluída imagen de la placa). Diario del Alto Aragón (Víctor Pardo Lancina). Manuel Sender y Mariano Carderera, dos alcaldes que regeneraron la actividad polica en Huesca (Jose María Azpíroz Pascual). Y el libro “El pasado oculto” de Julián Casanova


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