FRANCISCO JAVIER ELOLA DÍAZ-VARELA, fiscal general de la REPÚBLICA, FUSILADO por los nazionales en 1939

Francisco Javier Elola Diaz word pressFrancisco Javier Elola Díaz nació en Monforte de Lemos en 1877. Estudió Abogacía en Santiago de Compostela, trasladándose posteriormente a Madrid para trabajar al servicio de Pi y Margall. Militante Republicano, en 1905 aprobó la aposición a la carrera judicial ingresando en la judicatura. Desarrolló la labor de juez en diversos puntos de Galicia; Asturias; Girona, León. Representó a España en Congresos Penales Internacionales como París, Bruselas, Budapest, etc. Fue uno de los magistrados más prestigiosos e inteligentes de la judicatura, especializado en materias penales y procesales. Fue diputado a Cortes Constituyentes en 1931, Magistrado del Tribunal Supremo y Fiscal General de la República, y entre 1936 a 1939 trabajó activamente en la Administración de Justicia del Gobierno Republicano.

Francisco-Javier Elola creía en la contención del poder público, que a menudo impedía a los ciudadanos el ejercicio de los derechos Constitucionales. Era opuesto a “crear una oligarquía judicial que pudiera imponerse y enfrentarse con la democracia, invadiendo funciones del Parlamento. Asumía que “La Justicia debe acantonarse en sus respectivas actividades, formar jueces que cumplan con su deber y sean dignos, cultos y amantes de un mundo nuevo”. Exigía el respeto que debían las autoridades y los particulares a la independencia de los funcionarios judiciales. Su intención era la instauración de un sistema respetuoso con los derechos de todos los ciudadanos, al margen del partido a que pertenecieran, de su ideología o de su clase social.

Cuando fracasó el golpe de estado del 18 de julio de 1936 en Madrid, se le nombró juez especial instructor de la causa por la insurrección en todos los cuarteles y cantones militares de la ciudad. En la instrucción guardó las formalidades legales. El 26 de agosto de 1936, se le nombró Presidente de la Sala III de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo. Este nombramiento es de suma importancia para entender la venganza que ejerció el régimen franquista contra él.

En junio de 1938, el Servicio de Inteligencia Militar de la República descubrió que una parte de la judicatura de Cataluña estaba integrada en la 5ª columna. Elola salió en defensa de sus compañeros de carrera, desconociendo que muchos se habían unido a la causa rebelde saboteando y sustrayendo documentación. El tribunal, dentro de la más pura tradición liberal, los absolvió ya que entendía que su finalidad no consistía en “penetrar inquisitivamente en la conciencia de los encartados para discriminar su ideología”.

Cuando las tropas rebeldes conquistaron Barcelona, detuvieron a Francisco Javier Elola, le procesaron por un delito de rebelión. En la instrucción de la causa fue olvidado por aquellos compañeros de la carrera que él había socorrido un año antes. En su defensa, Elola Díaz manifestó lo siguiente: ”El estado naciente jamás puede calificarme como rebelde porque no me levanté contra la constitución del Estado, ni del Jefe del mismo, ni de las Cortes ni del Gobierno formalmente legítimo. Como magistrado del Tribunal Supremo integraba un poder del estado y no me aparté un solo momento de mis deberes constitucionales. Surgió la rebelión por el alzamiento colectivo en armas contra un poder legalmente constituido. El 18 de julio de 1936 existía un Estado con todas las condiciones jurídicas y reales, el de la República Española. Se regía por una ley fundamental: la Constitución de diciembre de 1931. Su estructura era racionalizada. Hallábase dotada de leyes, reguladoras de su vida interior. Poseía organismos públicos en pleno funcionamiento. Real y jurídicamente la rebeldía estaba en el campo de los que se levantaron contra el Estado Republicano”.

La sentencia del 13 de marzo de 1939 condenó a Francisco-Javier Elola a la pena de muerte. Fue ejecutado, en el Campo de la Bota de Barcelona el 11 de mayo de 1939 junto a Fernando Berenguer de la Cajigas, y Pedro Rodríguez Gómez. Francisco Javier Elola representaba la nueva Administración de Justicia que el Republicanismo quiso instaurar, de aquí la necesidad de asesinarlo, un acto de venganza y de prevención. Él simbolizaba un régimen del que no debía quedar ni rastro. Su preparación y rigor intelectual y jurídico eran temidos por el ‘Nuevo Estado’, era necesario desembarazarse de él. Su familia fue sometida a un embargo de 18.000 pesetas. Todo lo que tenían.

La transición se hizo a costa de la desmemoria. La “democracia” nacía huérfana de historia. El olvido de la violencia criminal del franquismo alcanzó a muchos jueces y magistrados, coherentes de rectitud ética y cívica, por el simple hecho de haberse mantenido leales a la República.


Documentos: Monforte En La Historia (Federico Vázquez Osuna, Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona). Jueces para la Democracia.


Viva la República Española. Por el reconocimiento de los Soldados Republicanos Españoles, que sufrieron ejecuciones y exterminio tras su heroico combate contra el franquismo. En Europa se les honra por su lucha contra el nazismo, pero en España siguen olvidados, FIRMA Y COMPARTE AQUÍ