Los TRECE de Priaranza

Los 13 de Priaranza word pressEmilio Silva Faba nació en Pereje (León) en 1894. Tras emigrar a Argentina y Estados Unidos regresó a su pueblo en 1925. Casado con Modesta Santín Iglesias, tuvo 6 hijos. Estaba afiliado a Izquierda Republicana. Fue detenido el 16 de octubre de 1936. Su hijo, Ramón Silva, tenía 8 años cuando le acompañó hasta la puerta del ayuntamiento de Villafranca la tarde del 15 de octubre de 1936. No era la primera vez. En anteriores ocasiones le habían confiscado productos de su almacén, que se llamaba La Preferida y estaba en un extremo del viaducto villafranquino. Pero esa noche lo dejaron detenido. El calabozo de Villafranca estaba lleno de gente. Esa fue la última vez que le vio.

Más tarde, otro de sus hijos, Manolo, que tenía 6 años, fue a verle con su madre. Mi abuelo le dio a su mujer, Modesta Santín, un reloj y un anillo con sus iniciales. Cuando le dijeron adiós ella ya presentía que no lo vería nunca más. A la mañana siguiente, Emilio, otro de sus pequeños, de 10 años, fue a llevarle el desayuno. El guardia que había en la puerta del ayuntamiento le dijo que no sabía nada de su padre, que no estaba allí y que posiblemente habría saltado por una ventana.

La noche 6 de octubre de 1936, Emilio fue subido a un camión junto a otras 13 personas, escoltados por un coche con 4 pistoleros de la Falange. El camión salió por la carretera hacia Ponferrada. En mitad de la oscuridad, el camión recogió a otro detenido, ya eran 15 los que esa noche tenían que perder la vida. Cuando el camión se detuvo los 15 prisioneros fueron bajando. Pero 2 hombres saltaron y escaparon, los asesinos dispararon, uno de ellos murió a tiros, pero al otro, no le alcanzaron. Todos fueron asesinados a la entrada de Priaranza del Bierzo (León) y enterrados en una cuneta. La matanza de ‘los 13 de Priaranza‘ fue una de las masacres más cruentas que han trascendido en la provincia.

Leopoldo Moreira el de Trabadelo, echó a correr hacia la oscuridad, como la noche era cerrada no se atrevieron a buscarlo. Tenían que terminar lo antes posible el trabajo que les había llevado hasta allí. Al ver que no le seguían Leopoldo presenció la ejecución. Pasó toda la noche corriendo con tan mala fortuna que al amanecer estaba en el mismo sitió donde habían ejecutado a sus compañeros. Faltaba uno de los cadáveres que al parecer su familia se llevó de madrugada. Con la luz del día se orientó hacía su pueblo. Llegó a Pereje y se encontró con un vecino en el que podía confiar. Allí lo curaron y él relató lo ocurrido. Durante el tiempo que vivió, antes de ser abatido a tiros por la guardia civil en Sotogayoso, no dejó de contar lo que pasó aquella terrible noche.

Un vecino le dijo a Emilio Silva: “Están ahí, bajo esa nogal recrecida”. “La tierra cuando es removida guarda memoria y tarda alrededor de 150 años en volver a estar totalmente compacta, cuando la pala volvió a la superficie tenía una bota encima”. En ese momento Silva sólo pudo pensar en su abuela Modesta, “que había fallecido 2 años antes y que arrastró durante toda su vida y en silencio la pena del asesinato de su marido”. Jurjo, hermano de Arsenio, llevó a Emilio Silva hasta la fosa, Juntos fuimos hasta Villalibre de la Jurisdicción. Preguntamos a los paisanos por una fosa con 13 o 14 hombres que habían sido fusilados el 16 de octubre de 1936, un vecino nos anunció lo que nos esperaba: “En este pueblo hay más muertos fuera del cementerio que dentro”.

Recorrimos más de 15 fosas en los alrededores. De las 14 personas con las que hablamos, de entre 50 y 80 años, todas conocían perfectamente dónde estaba cada fosa y cuánta gente había dentro. Un vecino que tenía 10 años la noche de aquel fusilamiento lo recordaba todo. Se despertó con el ruido de las detonaciones. Fue corriendo a la habitación de sus padres. A la mañana siguiente vio un círculo de gente a la entrada de Priaranza. Su madre no le dejó acercarse pero le contaron que había 13 hombres muertos. Aunque no recordaba la fecha, aquélla era la única fosa con tantas personas. Las demás eran de 2, 3 o 4 muertos.

Hasta 14 familias, las de los compañeros que murieron asesinados, se quedaron sin padre, sin tío, sin hermano. En el año 2000, la exhumación organizada por Emilio Silva Barrera, dio origen a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMHmemorialista en España. Bajo tierra, en una fosa anónima 64 años en una fosa anónima, los restos de Emilio Silva Faba, identificados mediante pruebas de DNA, reposarán en Pereje, junto a la que fuera su esposa. Tres años de investigación han permitido confirmar que además de Emilio Silva Faba, reposaron en la fosa Enrique González Miguel, César Fernández Méndez, Manuel Lago González y Juan Francisco Falagán Álvarez. Completan la lista 6 hombres aún sin confirmar; Gregorio Villalibre Pérez, Blas Fernández Mauriz, Victoriano García Castaño, Gaspar Uría Mauriz, Antonio López García y Sergio Prada Cobo. En memoria de todos ellos se ha podido poner una placa de recuerdo.


Documentos: Telam (Emilio Silva). Diario de León (C. FidaInfo). InfoBierzo (Vanesa Silván). Cadena Ser (Ana Maceda). El Mundo (Marga Luengo). ARMH (Incluida imagen)


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