ANICETO ALONSO ROUCO, “Toralpy”, portero del Athletic, SOCIALISTA, FUSILADO “vivo o muerto” por los franquistas en Bilbao en 1937

Toralpy word pressAniceto Alonso Rouco, fue un gran portero, ejemplo de la escuela vasca que tantos gigantes ha dado bajo palos; tomó su sobrenombre “Toralpy” de un portero inglés que pasó por Euskadi en la primera década del siglo XX. Toralpy era muy popular en Bilbao y su cinturón obrero. Jugó en el Sestao, el Cantabria, el Acero. De esa época data un violento partido el 20 de octubre de 1924 ante el Athletic. El Sestao remontó con 2 goles de penalti de Arana, pero el héroe fue su portero, Toralpy, que con 0-1 detuvo otro lanzamiento de 11 metros a Larraza. En 1925 debutó con el Athletic (derrota por 4-0 ante el Real Unión) y el 21 de febrero de 1926 lo hizo en su único partido oficial (triunfo 2-3 ante el Acero).

Del fútbol pasó sin escalas al cordón industrial para terminar como mecánico ajustador. Allí conoció a flor de piel las injusticias, la explotación de la producción pero también las esperanzas de un mundo de iguales, por ello compartió siempre su pasión por el deporte con una intensa actividad política convirtiéndose en un cuadro ejemplar del PSOE y de la UGT.

Cuando estalló la Guerra Civil participó en las tareas defensivas de Bilbao. El 11 de junio de 1937 la Legión Cóndor y la Aviación italiana iniciaron el ataque que haría caer a la capital vasca. Indalecio Prieto, desde Madrid, había dado orden de defender Bilbao hasta el último hombre, en especial el cinturón industrial. Toralpy salió de la capital como comandante al mando del Batallón Prieto para alcanzar la línea Kalamua y Marquina-Echeverria. El fútbol y la política hermanados con orgullo. El 11 de junio de 1937, cuando ya estaba a punto de llegar la hora final del Cinturón de Hierro, sufrieron un duro desgaste en el monte Urkulu, aguantando 8 horas a costa de perder a un tercio de sus hombres.

El 17 de junio estaba hablando por teléfono con las unidades que defendían Bilbao. La aviación italiana bombardeaba la capital vasca mientras las tropas golpistas asediaban desde el llano. Toralpy cayó herido en un bombardeo: “..sus ojos se quedaban en blanco. Su rostro se contraía con un gesto de dolor, estaba ya inconsciente. Un trozo de metralla alargada, en forma de cuchillo y de unos 20 centímetros, asomaba a través del casco. Instintivamente traté de arrancarla, pero mi esfuerzo resultó inútil: estaba demasiado incrustada en su cabeza. Su corazón aún latía e inmediatamente una ambulancia lo trasladó al hospital. En el pensamiento de todos quedó que el comandante Toralpy había muerto”. (Vicente Talón, Memoria de la Guerra en Euzkadi).

Dos días después la oscuridad fascista cubrió la región. Tras caer Bilbao con la salida de las últimas tropas leales a la República la madrugada del 19 de junio y la entrada de la V Brigada Navarra al mando del general Juan Bautista Sánchez, los mandos Republicanos dieron a Toralpy como caído en combate mientras su cuerpo estaba en el Hospital de Basurto. Sus documentos le daban como “muerto en campaña el 17 de junio de 1937”. Tan seguros estaban que a su viuda se le concedió una pensión de manera inmediata.

Al caer la ciudad, los heridos en los hospitales se convirtieron en prisioneros de guerra. En las ruedas de reconocimiento, Toralpy, comandante rojo del batallón número dos de la UGT (Batallón Prieto) que había ingresado el día anterior con una herida de metralla en el cráneo, fue reconocido por los rebeldes. Era un rostro popular por sus tiempos de portero y por su alta actividad política. A los médicos se les ordenó salvar la vida de Toralpy. Las autoridades militares de la División Navarra ordenaron que ese herido fuera “fusilado vivo o muerto”, una práctica que se hizo habitual durante la Guerra Civil, la de fusilar cadáveres como si la rabia de no haber cazado al enemigo con vida pudiera calmarse así.

Su cuerpo de deportista hizo que resistiera a la herida. Acabó de recuperarse en Algorta (Getxo). Había llegado el momento. El 7 de septiembre de 1937 fue entregado por las autoridades del hospital a las militares. Se le leyó la sentencia a muerte como “autor de un delito de alta rebelión por acción directa sin circunstancias modificativa de responsabilidad”. La tapia del Cementerio Vista Alegre de Derio, donde fueron ejecutadas más de 400 personas tras la caída de Bilbao, fue lo último que vieron los ojos de Toralpy.


Documentos: Marca (Miguel Ángel Lara). Nos Digital


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