En 1937, criminales franquistas ASESINARON a 13 REPUBLICANOS, y los arrojaron al pozo grajero, una sima de 14 metros de profundidad

La memoria del Grajero word pressEl 13 de noviembre de 1937, los cuerpos de 13 Republicanos fueron lanzados a una profunda hondonada de muchos metros de profundidad, en los montes de Picos de Europa, en la localidad de Lario, Burón (León). Era el Pozo Grajero, una fosa natural vertical donde anidaban cientos de pájaros (de ahí el nombre de grajero). Casi todos eran asturianos, habían sido apresados por personas afines al régimen golpista de franco en Ponga, en el Principado de Asturias.

Fueron llevados al cuartel de San Juan de Beleño de la localidad asturiana, desnudos, atados con alambres cortantes, apalizados, arrinconados, sometidos a brutales palizas, y después forzados a caminar atravesando la dura Cordillera Cantábrica hasta la boca del Pozo Grajero, donde sus verdugos les fusilaron a bocajarro antes de arrojarlos a la sima. La finalidad era clara: no dejar rastro alguno de estos represaliados. La condena no era sólo la muerte, también el olvido total.

Sin embargo, nadie contaba con que uno de los destinados a desaparecer para siempre lograría salir por las entrañas de la tierra. Jacinto Cueto, que aunque enfermó y durante años permaneció oculto en el desván de su casa, pudo conservar la vida, y la verdad, los datos que permitieron que se conocieran los horrendos hechos antes de morir. La heroicidad de Cueto, que estuvo 10 días en el pozo y resistió a 2 bombas lanzadas desde la superficie por sus captores ante los gritos que no dejaba de lanzar, permitió que los familiares del resto de víctimas pudieran visitar el lugar donde estaban enterrados.

Este suceso permaneció en la memoria de los pueblos de la montaña leonesa y asturiana, pero el miedo durante la dictadura franquista y la incertidumbre durante la transición hizo que los familiares guardaran en círculos privados las circunstancias que rodearon esas muertes. Existía un tabú en la montaña, había gente del lugar que no quería conocer la historia. La investigación que desarrolló el historiador Javier Rodríguez, dio a conocer no solo los nombres de algunos de los paseados en aquel 13 de noviembre de 1937, sino también la coyuntura histórica en la que se desarrollaron los hechos.

Seis décadas después, esa verdad callada de boca en boca, salió a la luz entre las familias de los afectados. Y con esa verdad como arma, varios de los cuerpos fueron rescatados por sus propios familiares. El Pozo Grajero de Lario se convirtió así en 1998 en la primera exhumación de la provincia, a pesar de no estar autorizada ni con amparo judicial, sino familiar y sentimental, porque en realidad fueron los ’13 de Priaranza’ los que abrieron en el año 2000 la brecha legal para abrir fosas.

Aquellos días en los que el Pozo Grajero escupió la vergonzosa verdad del odio, entre un silencio sepulcral de todo el valle a causa del miedo y el remordimiento a pesar del tiempo transcurrido, se estaba fraguando una punta de flecha, un impulso para la memoria histórica, un precedente en España que hoy es un movimiento de derechos humanos en la búsqueda de miles de cuerpos en cientos de cunetas. La recuperación de los restos de los Republicanos supuso un antes y un después en el reconocimiento de las víctimas.

Además del único superviviente y a partir del cual fue posible conocer el lugar donde fueron arrojadas las víctimas, la lista se completa con Primo De María Casares (único leonés, natural de Posada de Valdeón), Celesto Muñiz, José Manuel Cuadrillo, Fausto Martínez, José de Diego, Ramón Follo, Aniceto Rivera, Antonio Fernández, Ángel y Marino, amén de otros dos cuerpos que fue imposible identificar.

Grajero se ha convertido en un lugar de memoria donde confluyen la historia y el recuerdo, conceptos necesarios para contraponer al olvido. Las dictaduras tienen en el olvido su recurso imperativo y necesario para consolidar su poder. La democracia tiene que fomentar el acceso de los ciudadanos al conocimiento histórico, la única garantía de respeto a la pluralidad de memorias, a la adquisición de criterios propios y hace a los ciudadanos civilmente más sabios, y por lo tanto más libres.


Documentos: Ileon (C.J. Domínguez). La Nueva Crónica (Fulgencio Fernández). El Mundo (S.J.). Imagen monolito


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