TOMÁS MIÑAMBRES ROMERO, Maestro, FUSILADO por sicarios falangistas en Ávila en 1936

Tomás Minnambres Romero word pressTomás Miñambres Romero era hijo de padres labradores zamoranos, sin demasiados posibles económicos. Compaginó sus estudios de Magisterio con las tareas campesinas familiares. Ejerció como interino en varias aldeas asturianas, comprometiéndose socialmente, enseñando a leer y a escribir a los adultos, ayudando tras las clases a los alumnos que lo necesitaban. En 1928 aprobó la oposición siendo destinado a la aldea de La Marea, Piloña (Asturias), donde conoció a Teresa, maestra sevillana. Decidieron compartir sus vidas.

En 1933 tomó posesión de una plaza en la Escuela Graduada Aneja a la Normal de Ávila. Desde su llegada a Ávila, Tomás se mostró muy activo en la vida escolar, sindical, política y social. En el colegio era el secretario. Era miembro de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT, presidente provincial en 1936 y también afiliado al PSOE. También daba clases nocturnas para adultos en la Casa del Pueblo. Leía El Socialista y Claridad. Participó con Teresa en las Colonias Escolares en Santander.

El delito de Tomás y de todos ellos fue creer en la apuesta que la II República hizo por la educación. Ni anteriormente ni con posterioridad, ha habido gobierno como el presidido por Azaña entre 1931 y 1933 que haya apostado tanto por la educación en España. Muchos maestros y profesores creyeron en este vasto proyecto y con él se comprometieron. Muchos pagaron con su vida esta fe, esta entrega.

Al triunfar el golpe de Estado de julio de 1936 comenzaron las persecuciones contra los maestros, Tomás fue de los primeros detenidos. La tarde del 5 de agosto estaba con la familia en casa de su amigo, el también maestro D. Cándido Vicente Serrano. Se presentaron unos falangistas, uno de ellos llegó a senador por designación real ya en democracia, a detener a Tomás, a Cándido y al hijo de éste, José, que recién había terminado los estudios de Magisterio. Teresa, su hijita querida de 4 años, se abalanzó hacia su padre, para darle un beso, abrazarle. El empujón de uno de los falangistas se lo impidió. En coche negro salieron hacia el cuartel de la falange, que era la Escuela Graduada de niñas Santa Teresa y donde ejercía su esposa Teresa como maestra antes de la ocupación.

Tribunal: un par de falangistas y un cura. Si no contestaban a las preguntas pasaban al cuarto habilitado como sala de torturas, sin ventanas, donde entre otras formas de tortura, se crucificaba a algunos detenidos que después serían llevados a fusilar al crucero o al pie de las mismas tapias del cementerio. Los gritos de los torturados eran escuchados por los vecinos. Cada mañana, las mujeres que limpiaban habían de restregar suelos, paredes y puertas para quitar las manchas de sangre de varias aulas.

En el turno a D. Tomás le preguntan: ¿Eres católico? Si ser católico es ser como vosotros sois, entonces yo no lo soy. La madrugada del día 8, Tomás fue fusilado al pie de las tapias del cementerio. La familia nunca ha sabido con certeza donde fue enterrado su cuerpo, junto a quién estará abrazado, si sobre su anónima tumba flores y plantas silvestres crecen como un ramo primaveral, como ese ramo que nunca su esposa e hijos pudieron recoger y depositar para abrazarse en torno a él y al recuerdo del esposo y padre querido. Igual que sucedió a Tomás, le ocurrió a un numeroso grupo de maestros y profesores en Ávila y provincia, 19 maestros y 6 profesores de instituto o de la Normal fueron fusilados aquí por los partidarios del golpe militar. Los asesinos eran falangistas, que continuaron acosando a la familia mucho tiempo.

Su hija Teresa Miñambres Becerra era la mayor de los hijos, sus hermanos Paquita y Tomás tenían 2 años y 7 meses respectivamente. En el libro recientemente escrito por Teresa, ‘Recuerdos de una niña’, pide que se reconozca lo que sucedió, que se dignifique el recuerdo de su padre y de todos aquellos y aquellas que fueron asesinados y ultrajada después su memoria. Se adentra en cómo fueron esos tiempos de hierro en Ávila. Cómo vivieron y sufrieron los derrotados en la guerra. Los fusilamientos, el silencio, las torturas, el hambre. Un tiempo de miedo, persecución y opresión hacia los ‘rojos’ y sus hijos. “Hay que acabar hasta con las raíces” oía Teresa decir a su paso. Represión contra los padres pero también contra los hijos. Y ese estigma, y ese dolor al oír cómo le decían que su padre estaba en el infierno.


Documentos originales: M. Rafael Sánchez: La Represión contra Maestros en Ávila, y Ávila Red. Fundación Pablo Iglesias. Imagen de todocoleccion.net 


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