GLADYS DEL ESTAL FERREÑO, ECOLOGISTA, PACIFISTA. El guardia civil que la mató de un disparo en la cabeza, en Tudela en 1979, fue condecorado en 1982 y 1992

Gladys del Estal word pressAquel 3 de junio de 1979, Gladys tenía 23 años. Llevaba en Donostia desde 1960, cuando abandonó Caracas junto a sus padres, Eugeni y Enrique, ambos donostiarras exiliados de la dictadura franquista, y se instaló en la capital guipuzcoana. Allí estudió Informática, lo que le dio acceso a trabajar como programadora en una pequeña empresa. Ese día todo se detuvo. El tiempo se rompió para Gladys y la vida se destrozó para Eugeni y Enrique, que tuvieron que llorar la muerte de lo que más querían.

El movimiento ecologista se había movilizado en la localidad navarra de Tudela, en el marco de la Jornada Internacional contra la Energía Nuclear. El Plan Energético Nacional del Gobierno de Adolfo Suárez incluía la instalación de una central nuclear en esa localidad. La jornada había transcurrido sin grandes sobresaltos. Sin embargo, pero después del mediodía llegaron 4 furgonetas y un autobús de la Policía Armada. Los organizadores y algunos cargos electos trataron de dialogar con los mandos, pero fue inútil, los policías comenzaron a disparar pelotas de goma y botes de humo y la jornada antinuclear quedó abortada.

Algunas personas, entre ellas Gladys, se sentaron en el suelo, junto al puente del Ebro, para protestar de manera absolutamente pacífica contra aquel abuso. Un grupo de guardias civiles se dirigió hacia los manifestantes. El guardia José Martínez Salas, con un subfusil Z-70 en sus manos, se dirigió a Gladys amenazándola para que se levantase del suelo. Entonces se escuchó un disparo y Gladys se derrumbó. Una bala le había atravesado la cabeza de parte a parte, de atrás hacia adelante.

El guardia civil José Martínez Salas fue llevado a juicio un par de años más tarde. El 14 de diciembre de 1981, la Audiencia de Pamplona le condenó a 18 de meses de prisión como “autor responsable de un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte”. No hay constancia de que llegase a pisar la cárcel. Martínez Salas, 2 meses y medio después del juicio fue condecorado por el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo con la Cruz del Mérito de la Guardia Civil con distintivo blanco. En 1992, bajo el Ejecutivo de Felipe González, recibiría un nuevo premio: la Cruz del Mérito Militar.

José Luis Corcuera, ministro de Interior en aquel Gobierno del PSOE, justificó y defendió ese premio en el Congreso: el guardia civil “se encuentra rehabilitado del delito de imprudencia temeraria, con resultado de muerte; reintegrado al servicio observó una conducta intachable, habiendo obtenido la cancelación de antecedentes, conforme a lo dispuesto en el artículo 118 del Código Penal, desde el año 1987. Por tanto, esta persona es actualmente un miembro más del Cuerpo de la Guardia Civil con los mismos derechos y deberes que el resto de los integrantes del Cuerpo, y entre esos derechos figura el de poder acceder a las recompensas a las que se haga acreedor”, remarcó el ministro.

Gladys del Estal, en cambio, no recibió jamás ningún reconocimiento por parte del Estado. Cuando se cumplió un cuarto de siglo de su asesinato, el ayuntamiento de Tudela solicitó al Congreso que fuese oficialmente reconocida como víctima de la violencia policial. “No ha habido respuesta”, lamenta Martín Anso desde el colectivo Eguzki. A su juicio, se trata de algo “vergonzoso”.

Tras distintos actos de homenaje en Donostia y Tudela para recordar a la joven asesinada, en la Facultad de Informática donde estudió Gladys se inaugurará una sala que llevará su nombre. La batalla contra el olvido continúa.

“Dicen los que lo vieron / que maltratándote estaban / y un ruido se filtró en el aire / y un río de tu sangre te bañaba”. Los versos son de Avance, un grupo de rock español. Fueron escritos a finales del 1979. La sangre era de Gladys del Estal.


Original de Público (Danilo Albin). Fermín Pérez-Nievas (Noticias de Gipuzcoa, Ianasagasti)


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