La MORTAL REPRESIÓN franquista contra los REPUBLICANOS de Pomer (Zaragoza)

Pomer 2 word pressEntre el 5 de agosto y el 9 de septiembre de 1936 los franquistas asesinaron a 22 personas en Pomer. Cinco de ellas fuera del pueblo, las otras 17 terminaron en 3 fosas comunes en el cementerio municipal, víctimas del sinsentido y la barbarie franquista. Familias hechas añicos que, más de 80 años después, suplican justicia. Madres que no conocieron a sus padres, nietas que nacieron sin abuelos. En 2 días, 2 ataques, 2 sacas. La Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido (ARICO) ha recuperado sus cuerpos. En la última campaña, que comenzó el 1 de junio de 2019, se exhumaron los restos de 7 víctimas (5 hombres y 2 mujeres), que estaban en la 3ª fosa. En noviembre de 2017, en la primera campaña, se sacaron 6 de la primera fosa (todo varones) y 4 de la segunda (también hombres).

Pomer era un pequeño pueblo al fondo del valle del río Aranda, muy aislado por las malas comunicaciones propias de las regiones montañosas. Las duras condiciones de vida de sus habitantes y sus ansias de mejora, debieron condicionar la fuerte implantación del sindicato UGT, de Izquierda Republicana y del Partido Comunista (PCE), siendo el líder de la UGT, Cipriano Muñoz Cisneros, candidato del PCE por las circunscripciones de Zaragoza-provincia y Teruel en las elecciones generales de 1933. La resistencia al golpe de Estado en Pomer fue organizada por su entonces alcalde, Alberto Pérez Marquina, y por el teniente de alcalde y líder sindical Cipriano Muñoz Cisneros. Tras la toma de la población por los sublevados y la destitución del Ayuntamiento legalmente constituido, muchos vecinos se echaron al monte para intentar salvar la vida. Toda la corporación municipal Republicana fue asesinada, con excepción del entonces alcalde, Alberto Pérez, que consiguió huir a la zona republicana para también morir durante la Guerra Civil.

El 5 de agosto de 1936 se inscribieron en el Registro Civil de Pomer las defunciones de 6 vecinos. Todos fueron conducidos por el camino a Malanquilla hasta las afueras de Pomer, donde fueron asesinados y, posteriormente enterrados en el cementerio municipal. Estas 6 personas son las exhumadas en la 1ª fosa común en 2017. Otra gran saca se produjo el 9 de septiembre de 1936. Llegaron a Pomer desde Tarazona un grupo de guardias civiles y falangistas que registraron el pueblo, detuvieron y asesinaron a 11 vecinos. Sus cadáveres fueron enterrados en el el cementerio municipal, pero al menos 5 de ellos no fueron registrados. Cuatro de ellos fueron exhumados en la 2ª fosa común excavada en 2017.

Se conocen los nombres de los 19 vecinos del pueblo que fueron asesinados por los rebeldes, 2 de ellos, Pedro Lezcano Moreno y Victoriano Lezcano Pérez, fueron asesinados en Aranda de Moncayo el 7 de septiembre de 1936. A los vecinos masacrados serían Canuto Modrego Lezcano, Valeriano Alonso Molinos, Bartolomé Cisneros Modrego, Félix Lezcano Horno, Mariano López Sanjuán, Leonardo Muñoz Perales, León Pérez Modrego, Francisco Horno Calvo, Saturio Lezcano Martínez, Mariano Pérez Muñoz, Jonás Horno Cisneros, Dionisio Lezcano Muñoz, Francisco Lezcano Pérez, Irene Martínez Pérez, Cipriano Muñoz Cisneros, Claudio Perales y la joven Pilar “la Rinconera”. Los vecinos fueron asesinados en tres matanzas diferenciadas.

Belén García tiene 49 años. Su bisabuelo, Dionisio Lezcano Muñoz, y su abuelo, Saturio Lezcano Martínez, fueron asesinados el 9 de septiembre del 36. Entre los últimos 7 cuerpos exhumados hay 2 que parecen padre e hijo, dice con ilusión controlada. Su madre no conoció a su padre, ya que nació en enero de 1937, fue asesinado cuando su mujer estaba embarazada de su 3ª hija. Belén ha recurrido a sus 2 tías para tratar de saber qué sucedió aquel 9 de septiembre: “La mayor estaba enfrente de casa cuando llegaron unas personas, que no iban vestidas de guardias civiles”. El abuelo, sentado en un poyo en la puerta, les dijo que entraran y miraran lo que quisieran: “No tengo nada que esconder”. Al rato bajaron con un papel en la mano y le dijeron que se fuera con ellos. “Mis tías, no le volvieron a ver, siempre dicen que el abuelo había sido fusilado por un papel, quizás un trozo de periódico”. Su abuela, que estaba embarazada de su madre, y murió en 1975, tampoco presenció la escena: “Estaba con su madre en una tienda de esta y que, días antes, había sido destrozada por los falangistas, le estaba ayudando a reorganizarla”.

De su bisabuelo sabe que de vez en cuando trabajaba como enterrador, y es probable que ese día, tras enterrar, entre ellos, a su hijo, le pegaran un tiro, apunta Belén. “Si consigo localizar a mi abuelo, mi madre descansará en paz, siempre la he oído decir: ‘Mi padre, dónde estará mi padre”, señala antes de reconocer que se han perdido décadas y que, al principio, no sabía ni por dónde empezar a reconstruir la historia. “Cuando empezó esto de la memoria histórica se lo dije a mi madre y me contestó: “Para qué, me darán unos huesos que no son los de mi padre”. Ahora ha recobrado la esperanza.


Original en eldiario.es (Óscar F. Civieta). SIPCA (Gobierno de Aragón), incluida imagen


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