Sicarios falangistas sembraron Pontevedra de TERROR

Terror falangista en Pontevedra word pressEl capitán Carreró proclamó el Estado de Guerra en la Puerta del Sol de Vigo, disparando con su revolver contra la multitud que vitoreaba a la República. Carreró fusiló a la población Republicana cuando las descargas de los soldados alcanzaron a multitud de hombres, quedaron tendidas más de cien personas. Los guardias civiles hicieron causa común con los sublevados cuando vieron que tenían las de ganar, y se echaron a la calle disparando contra el pueblo por la espalda.

Lo que ocurrió en la provincia de Pontevedra fue lo mismo que ocurrió en toda Galicia. Los franquistas tomaron Vigo por la firme y heroica resolución de los dirigentes Republicanos que se opusieron a dar armas al pueblo para evitar el derramamiento de sangre. Si lo hubieran hecho la rebelión militar hubiese sido totalmente vencida en 24 horas. Sabían que su lealtad Republicana sería castigada por los rebeldes, pero no imaginaban la saña feroz con que iban a ser asesinados.

Cuando los militares se sublevaron, los falangistas no existían, pero se multiplicaron prodigiosamente. Los primeros que hubo en Vigo fueron delincuentes sacados de la cárcel, ociosos y mal intencionados, atraídos por la impunidad con que podían cometer atropellos, vengar sus agravios personales o satisfacer sus odios de clase. Los falangistas señalaban a los militares rebeldes a los enemigos que había que aniquilar. Asaltaban e incendiaban las casas de los izquierdistas confiscando cuanto encontraban, practicaban detenciones, registros, atropellos, se apoderaron de la Casa del Pueblo donde instalaron su cuartel general. Las cárceles se abarrotaron de honrados defensores de la libertad y de la República. El terror falangista extirpaba automática al adversario político sin remordimientos. La falange fue la rebelión de los peores, de los más ineptos, de los fracasados, una explosión criminal de malos instintos y apetitos desenfrenados. Establecieron cuartelillos donde se organizaban horrendas expediciones de madrugada que sacaban a los presos Republicanos para asesinarles y dejarles tirados en las carreteras.

Se tiene constancia de que 2.500 personas fueron exterminadas en Vigo durante y después de la Guerra Civil. El terror blanco era decretado por “orden superior”. Pasan con mucho del millar las víctimas asesinadas por el procedimiento de la detención previa y “el paseo” de madrugada. En la mayoría de los casos, los detenidos eran torturados antes de ser asesinados. Los asesinatos de trabajadores comenzaron a finales de agosto. Los “paseaban” ordenada y sistemáticamente por gremios, matándolos en grupos de 5 de personas de un mismo oficio. Primero los tranviarios, especialmente los significados por Republicanismo. Luego el gremio de metalúrgicos, después los ferroviarios. El mayor número de asesinados fue en la carretera general de Vigo a Orense hacia Confurco y Puxeiros, aparecían grupos de 8 o 10 cadáveres. Hubo noches en la que aparecieron en diversos lugares hasta 40 asesinados. Una madrugada metieron hasta 42 hombres en 2 camiones y desde Vigo hasta Porriño dejaron la carretera regada de cadáveres. Cada kilómetro asesinaban a 2 o 3 y seguían.

En la carretera de Valladares a Corujo, los asesinos no recogían los cuerpos de sus víctimas, les dejaban ostensiblemente tiradas en las carreteras para aterrorizar a la población. Los familiares de los presos desaparecidos vivían tiempos de angustia yendo sobresaltados a ver los cadáveres que diariamente aparecían, recorriendo desesperados las playas y los caminos hasta que los seres queridos que buscaban aparecían, bien porque los empujasen las olas hacia la orilla, porque los sacasen a flote las redes de los pescadores o porque el hedor de la putrefacción denunciase su presencia entre los maizales que les ocultaban.

El ejecutor principal de los asesinatos fué el diputado monárquico Víctor Lis Guillén y sus cuadrillas falangistas deteniendo y asesinando por pueblos y aldeas a labradores izquierdistas. Sólo en Puenteareas, Redondela, Porriño y Sanjenjo cometieron más de 200 asesinatos. Las playas eran también lugares predilectos para sus crímenes. En la playa de Cesantes, en Redondela fue donde más asesinatos se cometieron, y en las de Samil, Canido, Panjón, Espiñeiro y Moaña, en la de La Concheira y frente al lazareto de San Simón, aparecían los cadáveres a docenas. Era normal ir a bañarse en el mar y tropezar con la escena macabra de los muertos que las olas empujaban a la arena, algunos con una piedra al cuello.

Con miles de mujeres antifascistas o madres, hijas o esposas de hombres izquierdas, se cometieron vejaciones inauditas. Cortaron sus cabellos a trasquilones, las purgaron con ricino, las ridiculizaron. La iglesia atizó el odio de clase con saña, incitando a las masas católicas al exterminio de sus adversarios políticos olvidando los fundamentos cristianos. En Redondela, mujeres católicas se manifestaron en la cárcel amenazando e injuriando a los presos políticos. “¡A muerte! ¡A muerte!” gritaban frenéticas en espantoso aquelarre, revelando la crueldad del fanatismo religioso en España. Los franquistas destituyeron al 80% de los maestros nacionales, muchos fueron asesinados. El galleguismo fue perseguido como un crimen abominable. Se practicó a la perfección la extorsión de los ciudadanos mediante multas, incautaciones, confiscaciones.

Mientras el franquismo continúe encastrado en las instituciones del actual régimen “constitucional”, sus crímenes permanecerán impunes y las víctimas tendrán que continuar pidiendo “verdad, justicia y reparación”.


Extraido de la obra de Hernán Quijano: “Galicia Mártir, Episodios del Terror Blanco en las Provincias Gallegas“. Ediciones Neos, Buenos Aires, circa 1949


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