FRANCISCO MERINO OSUNA, ANARQUISTA, combatiente del Ejército REPUBLICANO, FUSILADO por los franquistas en Castro del Río en 1939

Francisco Merino Osuna word pressFrancisco Merino Osuna, nació en Castro del Río (Córdoba) en 1916. Hijo de Francisco e Inés, era campesino. Castro del Río era un baluarte del anarquismo entre los obreros y campesinos sin tierra. Francisco asumió desde muy joven la ideología anarquista, que a lo largo de toda su vida fue su referente filosófico social e ideológico. Su época estuvo marcada por la agitación social y revolucionaria. Las clases económicamente desfavorecidas luchaban por deshacerse del yugo de la opresión y la injusticia.

Cuando sucedió el golpe rebelde del 18 de julio de 1936, Francisco y toda la cuadrilla de jornaleros se pusieron a las ordenes del sindicato FAI-CNT. Toda la población se vió envuelta en la defensa a ultranza de la localidad, contra los intentos militares de tomarla por las armas se opuso la defensa organizada de las masas obreras. Castro del Río resistió valientemente a la artillería, aviación fascista, las incursiones de legionarios y moros, convirtiéndose en el último reducto “Republicano” de la campiña, la última esperanza de salvación para miles de personas que huían de las detenciones, matanzas y asesinatos cometidos en sus localidades cuando caían en manos franquistas.

La resistencia fue feroz y costó muchas vidas. Participaron miles de personas encuadradas en las “centurias confederales”. Pero Castro del Río cayó y se produjo una desbandada humana hacia Andujar y Jaén. Francisco Merino formaba parte de este contingente humano. Al llegar a Andujar se alistó en el Ejército Republicano, formando parte de la 25 Agrupación de Milicias Populares, siendo movilizado al frente de Ciudad Real donde permaneció casi 2 años, durante los cuales se unió a su esposa Carmen Trujillo García, de 17 años, en Abril de 1938.

Enfermo de bronquitis aguda, a finales del verano de ese mismo año, fue nuevo enviado a Andujar, a la Unidad de Infantería del CRIM n° 4 de Jaén, donde permaneció hasta el final de la guerra. Pudo volver con salvoconducto de las comandancias militares de Villanueva de Córdoba y Bailen, a la Venta del Chano en Castro del Río en abril de 1939. Manuel rehizo su vida junto a su esposa, y a su hijo Francisco nacido unos meses antes.

La guerra había terminado, pero la paz tardaría en llegar. Fue abordado en el mes de mayo en plena calle por “un señorito” que literalmente le dijo “¡ rojillo, a ti tenia yo ganas de verte¡”. Fue detenido, encarcelado, y acusado de un delito de rebelión militar. El Consejo de Guerra dictó pena de muerte el 13 de mayo de 1939. Su mujer y su familia, le visitaron en la cárcel todos los días para llevarle la comida, hasta un día antes de su muerte. “..toma mi chaqueta y mis objetos personales, porque creo que mañana al amanecer nos fusilan..” Fueron las últimas palabras que su esposa pudo cruzar con él. Su viuda las aprendió de memoria para estar segura de que jamás las podría olvidar.

El 19 de junio de 1939, Francisco Merino Osuna fue asesinado en las tapias del cementerio de Castro del Río. Tenía 23 años. Su cuerpo fue arrojado junto a otros a una fosa común. Dejo viuda y un hijo de apenas un año. Dos años más tarde, el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas informó por carta a su viuda que el nuevo estado había abierto un expediente a su marido por un caso de responsabilidad política de carácter grave. Aunque llevaba 2 años muerto le condenaron de nuevo a la sanción de “pago de 100 pesetas “.

Años mas tarde su viuda sería citada al Juzgado para que firmara unos documentos en los que se aseguraba que su esposo Francisco Merino había muerto de muerte natural. Carmen se negó a firmar gritando ¡A Paco lo habéis matado¡ ¡Asesinos¡ y fue amenazada con ser fusilada. Otra historia más, tan injusta, tan grave, tan triste, Manuel no tuvo suerte. Este país no tuvo suerte. Este país, tuvo una vez una oportunidad, no la tuvo la razón ni la tiene aún hoy la justicia..ni la libertad.


Original de Aremehisa (Aguilar de la Frontera) por Rafael Espino Navarro. También en CGT Andalucía (Daniel Adrián Madeiro)


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