JOAQUÍN LIZARRAGA MARTÍNEZ DE BUJANDA, y sus 2 hijos SABINO e IÑAKI, católicos, empresarios, ASESINADOS por los franquistas en 1936 por su apoyo al nacionalismo vasco

Lizarraga word pressLos Lizarraga procedían de Bearin (Navarra), Joaquín había nacido en 1885 en Estella. Casado con Erenia Barandiarán Barandiarán en 1906, tuvieron 3 hijos y 3 hijas, una religiosa, 2 nacidos en Ilo-Ilo (Filipinas), Joaquín, sacerdote, en Ataun (1909) y los 3 siguientes (Sabino e Iñaki, asesinados) en Bilbao. Toda la familia sabía Euzkera, eran católicos practicantes. Lizarraga era hombre práctico y realista, humanitario, abierto generosamente a las reivindicaciones obreristas, según testimonio de todo el pueblo de Alsasua, en línea con las corrientes católico-sociales. Sabino manifestaba que no se arrepentía de sus convicciones nacionalistas, y socialmente por contrarrestar “la obra antisocial y anticristiana de otras tendencias irreligiosas”.

En 1917, con 22 años, Joaquín era vicepresidente interino del Centro Industrial de Vizcaya y en 1919 consiguió por oposición ser director gerente del Depósito Franco del Puerto de Bilbao. En 1922, presidía el consejo de administración de Fundiciones de Vera y era consejero en Fundiciones de Alsasua, también era alto empleado de la Siderúrgica del Mediterráneo y Presidente de la Legión Católica de Bilbao. En 1933 era apoderado de La Instrucción Pública, empresa propietaria de los centros de enseñanza de los Hermanos de La Salle en España.

El alzamiento sorprendió al padre en San Sebastián.Tras la toma de la capital guipuzcoana por los rebeldes, Joaquín Lizarraga viajó a Alsasua en septiembre por creerse allí más seguro, y se incorporó a la empresa en que desarrollaba su actividad. Su hijo Sabino ya estaba encarcelado allí. Joaquín se presentó a Ramón Solchaga, comandante militar de la zona, pero su ideario nacionalista no era de recibo para quienes decidían sobre la vida y la muerte. Lizarraga declaró cuáles eran sus ideas, aportó detalles de aquéllos a cuyo favor había mediado ante las autoridades Republicanas en San Sebastián. No le sirvió de salvoconducto, al contrario, Solchaga consideró que Lizarraga habría gozado “de gran prestigio y consideración entre los rojos” una buena excusa para su ejecución. Fue encarcelado en la prisión local, probablemente en fechas anteriores a la muerte de su hijo Iñaki.

Joaquín y Sabino fueron sacados de la cárcel de Alsasua, quizá no el mismo día, pero sí entregados al mismo grupo de asesinos, con base en Olazagutia. La decisión fue tomada en Alsasua por la Junta Carlista local y/o por Ramón Solchaga, cuya aprobación era imprescindible. El padre, 51 años, fue asesinado en Alsasua el 9 de octubre de 1936, Sabino, 24 años, lo sería en Olazagutía 2 días más tarde, y sus cadáveres arrojados a la sima de Otsoportillo. La ejecución del otro hijo, Iñaki, 23 años, habría sucedido 2 semanas antes, el 24 de septiembre, seguramente en San Sebastián.

Es imaginable el enorme dolor causado a la esposa, Erenia Barandiarán. El mismo ejército golpista movilizó a Joaquín, hijo y hermano de los asesinados, como capellán castrense por su condición de sacerdote, con el grado de alférez. Acabada la guerra, continuó su vida sacerdotal y en 1980 concelebró una misa junto a la sima donde reposaban los restos de los suyos y de otras víctimas.

El asesinato de los Lizarraga fue un crimen de odio. Ningún reproche podían hacerles a las víctimas los que, mediante un levantamiento armado, decían defender a Dios, a la religión y a la propiedad privada. El prestigioso componente religioso de los Lizarraga no evitó el triple asesinato. La entrada en el accionariado de Fundiciones de Alsasua de ilustres personajes del bando ganador, alguno de los cuales se mantuvo en el consejo de administración hasta finales de los años 70, constituye una prueba de que la eliminación del adversario por parte de los rebeldes carlofascistas tuvo muchas aristas, añadiendo el expolio económico en contextos agrarios y en ámbitos industriales, al igual que las ventajas obtenidas en la esfera de lo económico por quienes detentaron el poder institucional en exclusiva durante 40 años.

LA VERDAD es un derecho imprescriptible, imprescindible para aplicar justicia y reparación, base del cuerpo histórico y solo de su conocimiento puede derivarse una didáctica preventiva para evitar los sentimientos, delitos y crímenes de odio venideros, La VERDAD no ha sido ni es prioritaria tras mas de 80 años, en este y en muchos de casos de represalias individuales ocurridas en los años 1936-1939. Limitarse a sumar estas 3 unidades a las estadísticas de represaliados en inventarios y placas, no alcanza ni el nivel de sucedáneo, aunque resulte muy económico, como si las víctimas carecieran de vida, sentimientos, ideales, familias, misión social. La investigación de los crímenes de odio de 1936 es laboriosa, se retrasa, es cara, exige muchas horas, es molesta, emergen antepasados indeseables. Pero el derecho a la verdad de cada uno de esos crímenes de odio es imprescriptible. Para los familiares y para la sociedad.


Documentos: Deia (Balbino García de Albizu Jiménez). Aberriberri (Fernando Mikelarena)


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