ESTEBAN ZULOAGA MAÑUECO, MASÓN, abogado defensor de REPUBLICANOS, fue ASESINADO de múltiples disparos por criminales falangistas en León, en 1936

Esteban Zuloaga word pressEsteban Zuloaga había sido defensor de Alfredo Nistal, líder de la Revolución del 34 en León, realizó donaciones a la causa sublevada. Juan Manuel Roa, hijo del ex alcalde monárquico Francisco Roa de la Vega, escribió en en su libro ‘La memoria olvidada’: “Tal fue el caso del Abogado del Estado don Esteban Zuloaga, que sufrió el más humillante de los paseos, por no hacer caso a los consejos que le dio mi padre, al que le llegó el soplo de que D. Esteban no se recataba de hablar en cualquier parte reprobando en voz alta las atrocidades que en León se cometían.

Fue el mes de agosto del 36 cuando más cadáveres aparecían en las carreteras leonesas, y en el que mi padre se presentó en casa de Zuloaga. Le aconsejó, sin poder disimular el apremio, que saliera de León lo más pronto posible. Don Esteban Zuloaga respondió: ¿pero qué te crees? ¿piensas que me van a matar? No hubo manera de convencerlo de que en León corría un serio peligro, y mi padre fue a decirle a D. José Pallarés, cuya esposa era hermana de Enriqueta, la mujer de Esteban, para ver si ellos conseguían vencer la tenacidad de su cuñado, porque estaba seguro de que su compañero y amigo corría un gran peligro. No pudieron con él”.

Alfonso Camín, en su obra “España a hierro y fuego”, escrita en 1938, cuenta lo siguiente:

“..Entran los automóviles de la muerte que llevaban adentro los hombres atados, para abandonarlos más adelante, con unos tiros en la cabeza y unos bayonetazos en las espaldas. No me engañé. Al día siguiente la noticia corría, incendiada, como la pólvora gruesa: Anoche apareció muerto el abogado Zuloaga. ¿Lo sabía usted? ¿Dónde? Ahí, en las afueras. Estaba todo deshecho: 14 tiros. Zuloaga, al decir de los propios leoneses, era una de las primeras figuras de León. Hombre de rango intelectual y social. Cargado de amistades y de respetos. Era, además, Administrador de las Aguas de León. Había paseado hasta las 9 de la noche con sus amigos, gentes de leyes, de banca y de letras, por la calle de Ordoño II entre la muchedumbre que hasta esa hora llena el paseo. A esa hora partió a su casa para cenar. Se disponía a comer, cuando llamaron a la puerta, evocando el nombre de uno de sus viejos amigos:

-Venga usted en seguida! Se ha puesto enfermo de repente. No pierda tiempo. No se moleste en buscar coche. Aquí tiene el nuestro. Ante aquella premura el hombre salió en pijama. Se trataba de un gran amigo. ¡Sin perder tiempo! le dijeron al chófer. Pero apenas se asomó al coche, fue empujado hacia adentro por los “negros” armados. Lo amordazaron y, bien sujeto, rodeado de pistolas, partió el automóvil hacia las afueras. Doblaron un camino y, sin más preámbulos, lo asesinaron. ¡Ahí tiene usted el amigo! Entre borbotones rojos, allí cayó el cuerpo del abogado. Tal como lo encontraron en la mañana los propios asesinos, que son los mismos que dan la noticia, y la comentan en los lugares de reunión de esta canalla dorada: ¡Chico! ¡Qué bárbaros! Lo dejaron como una arpillera. Los ciudadanos más conservadores andan con la cabeza baja. No comprenden la muerte de Zuloaga. La gente escarba y no encuentra más que estos motivos: Creo que era masón. Protegía las Bibliotecas Públicas, el Sindicato de Obreros y la “Fundación Azcárate”, sostenida por hombres liberales..”.

La noticia del asesinato conmocionó a la ciudad. El asesinato a tiros de un abogado del Estado, que no parecía ser enemigo declarado sino simple servidor de la Administración, demuestra que cualquier excusa era válida para las ejecuciones extrajudiciales. Sólo haber defendido al líder de la Revolución del 34 en León, aparte de otras circunstancias y odios personales, serviría para condenarlo. Y, de paso, atenazar a toda la población leonesa para que se mantuviese sumisa a la nueva ‘causa’.

Esteban Zuloaga Mañueco fue una de las víctimas de los abogados del Estado. Manuel Santamaría Andrés entre los catedráticos de Instituto. Aquilino Huerta del Río en el Ayuntamiento y otros tantos. Ahí residía la idea, porque las víctimas no fueron elegidas al azar. Así funciona el terror, como si se tratara de “una inevitable, aséptica y quirúrgica amputación que evitará que el cáncer se extienda por todo el cuerpo (o nación)”, según palabras de los militares sublevados.


Documentos: Ileón (Francisco Javier González Fernández-Llamazares). Y la obra de Alfonso Camín, “España a hierro y fuego


Viva la República Española. Por el reconocimiento de los Soldados Republicanos Españoles, que sufrieron ejecuciones y exterminio tras su heroico combate contra el franquismo. En Europa se les honra por su lucha contra el nazismo, pero en España siguen olvidados, FIRMA Y COMPARTE AQUÍ 

Anuncios