El teniente del Ejército de la 2ª REPÚBLICA Española, FRANCISCO MOLINA OLMOS, fue ASESINADO en cámara de gas por los nazis en el campo de concentración de Gusen

Francisco Molina Olmos word pressFrancisco Molina Olmos nació en 1917 en Olivares de Moclín (Granada). Fue el menor de 8 hermanos, que crecieron entre los olivares del río Frailes. Con 17 años, tras la proclamación de la República, se afilió al sindicato AS de Granada y trabajó de funcionario en el Ayuntamiento de Moclín. Cuando se produjo el golpe de Estado del 36 se alistó voluntariamente en las filas Republicanas junto con sus hermanos Juan y Miguel.

Francisco y Juan formaron parte de la 93ª Brigada Mixta. Lucharon en la Batalla del Ebro y en 1938 alcanzaron el grado de sargento. La 93ª B.M. fue diezmada por la aviación rebelde durante su retirada hacia la frontera. En febrero de 1939, Francisco pasó a Francia junto a su hermano Juan. Los 2 estuvieron prisioneros en Argelès-sur-Mer. Francisco tuvo que alistarse en una compañía de trabajadores Españoles del ejército francés, Juan fue contratado por una granjera para trabajar tareas agrícolas. Francisco estuvo abriendo trincheras y fortificaciones en los Alpes franceses y posteriormente en Verdún y Colmar. Fue apresado por las tropas alemanas en junio de 1940, días después de que Hitler iniciara la invasión de Francia.

Los nazis le trasladaron al campo de prisioneros de Sagan, el stalag VIII-C, donde permaneció cerca de un año. Después fue enviado junto con otros 12 Republicanos, vía Breslau, hasta el campo de concentración de Mauthausen, donde llegó el día 17 de septiembre de 1941, con el nº de prisionero 5.910. Ninguno de los 13 españoles de ese convoy sobrevivió a su deportación. El otoño e invierno de 1941 a 1942 fue el más letal para los españoles.

Un mes después de su llegada a Mauthausen, el 20 de octubre de 1941, fue trasladado al subcampo de Gusen con el nº de prisionero 14.071. Junto a él, fueron enviados otros 1.200 prisioneros españoles de Mauthausen. Uno de ellos, Enrique Calcerrada, describió así aquel funesto viaje en el que tuvieron que recorrer a pie 5 kilómetros: “El alboroto de la guardia, mezclado con los aullidos de los perros, lanzados al mismo tiempo o por separado, formaban una diabólica comunión, mezclándose con una salsa de patadas, culatazos, mordiscos de perro en las piernas de los más enfermos y débiles, que de mal modo podían seguir la marcha infernal de la columna. Algunos infortunados caían al suelo, impotentes o heridos, dando lugar con ello a nuevos lotes de humillaciones e insultos por parte de los guardias que custodiaban la columna.

Para muchos infelices era el comienzo de su fin; sus cuerpos continuaban el viaje colgados de los hombros de sus camaradas que a duras penas podían con los suyos propios. La caravana se estiraba provocando la enloquecida cólera de los guardias, que repartían rociadas de golpes, cada vez con mayor intensidad, en un viaje que no terminaba nunca. Con el peso de los heridos y enfermos, los últimos cientos de metros tuvieron que hacerlos apoyándose los unos en otros, empujados por el pelotón de SS que golpeaban y gritaban como diablos enfurecidos. El recibimiento en Gusen fue aún peor según explicó otro deportado español, el zamorano Ricardo Rico, que ya se encontraba allí: “como los pocos empleos y oficios del Campo habían sido ya cubiertos con expediciones anteriores, estos hombres fueron, en su mayoría, afectados a las canteras.. Fueron eliminados con una rapidez vertiginosa”.

Francisco murió un día después de cumplir 25 años, el 14 de enero de 1942. La causa oficial que los SS consignaron en el “libro de los muertos” fue una pulmonía. Un superviviente aseguró a su hermano Juan que Francisco había muerto en la cámara de gas, probablemente murió gaseado en el llamado “camión fantasma” o por cualquier otro terrible procedimiento de aniquilación empleado por los SS.

El 1 de mayo de 2016, se inauguró un monolito en Olivares, recordando a los 2 vecinos del municipio que fueron asesinados en los campos de concentración nazis: Francisco Molina Olmos y Juan Jiménez Herrera, otro vecino de una pedanía cercana que corrió la misma suerte que Francisco y del cual nada se sabía, aunque tras muchas gestiones se consiguió localizar a los nietos y al viudo de su única hija. Desgraciadamente hay muchos “héroes olvidados”.

La historia de Francisco Molina ha sido recogida en el libro “La carta que nunca pude enviar” escrito por su sobrina Ana Molina, que ofrece más información en este vídeo:


Documentos originales de Ana Molina en Deportados, Molina-miscosas, y Cazarabet


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