TERROR franquista contra los REPUBLICANOS de Soria durante la guerra de España. Parte 1: La REPRESIÓN

Soria 1 word pressEn Soria no hubo guerra. Los Republicanos sorianos, desarmados e inermes, nada pudieron hacer para oponerse a la sublevación. Fueron exterminados casi 600 Republicanos aceptando estoicamente su imprevisible destino. La represión en Soria fue sistemática y fríamente calculada. Casi todos los fusilados pasaron antes por las cárceles de Soria, Agreda, Almazán, El Burgo de Osma, Berlanga, etc., y de ellas no pudieron ser extraídos por incontrolados: Las órdenes de ejecución salían de los centros de poder.

El 22 de julio todo cambió súbitamente y empezó a correr la sangre de inocentes Republicanos, que mantuvieron una actitud digna, de rechazo y de repulsa, hacia la represión. Para quienes no se subieron al carro del vencedor se impuso deliberadamente el miedo, la crueldad, el terror el odio, buscando el aplastamiento de la clase obrera y el aniquilamiento de toda oposición a la sublevación y al régimen fascista. Dentro de la clase trabajadora, los ferroviarios y los maestros fueron el blanco preferido. Aunque las cárceles se llenaban, iban quedando huecos para otros infortunados a medida que se sucedían los fusilamientos. Agosto fue el mes negro de la Guerra Civil en Soria, aunque los fusilamientos continuaron hasta las navidades. Luego vendrían las sacas de los prisioneros de Sigüenza.

Los responsables de la represión eran las ‘fuerzas vivas”: propietarios, profesiones liberales y comerciantes, algunos se enriquecieron rápidamente con negocios fáciles y manejos de influencias. Aunque todos habían pasado por escuelas de “pago” y ninguno había padecido hambre o sufrido persecuciones, tuvieron una influencia determinante en la represión. Ignoraron la piedad, pudo más el fanatismo y el odio, no consideraron que los condenados “a dedo”, no eran personas violentas ni hablan cometido delito alguno. El gobernador civil de Soria, de triste recuerdo, Enrique Casado, fue el máximo responsable de la represión, junto a su comité de asesores, Saturnino Ridruejo, Alfonso de Velasco, un registrador de la propiedad llamado Quiroga, un ingeniero de montes apellidado Monzón, Marrón, el director del banco Hispano y un tal Martínez.

El exterminio de Sindicalistas, Socialistas, Republicanos y simplemente liberales, fue masivo. Por no ir a misa o leer periódicos republicanos de izquierda, o estar enemistados con el cacique de turno. En muchos pueblos, la intervención o pasividad del cura fue determinante. Algunas jóvenes, Soledad Pesquera, con 16 años, la señorita Hernández (su hermano Víctor estaba en la cárcel) y 2 peluqueras, desde entonces conocidas como “las Pelonas”, fueron rapadas al cero y obligadas a presentarse diariamente en el Gobierno Civil, siendo objeto de mofa y escarnio durante el trayecto por los patriotas cristianos. También se usó el aceite de ricino en numerosas ocasiones. Los familiares de los fusilados tenían prohibido vestir luto.

Cuando los familiares de los presos iban a visitarles a la cárcel se encontraban a veces con una angustiosa sorpresa: Su esposo, hijo o hermano, ha sido “trasladado”, sin añadir ningún dato más. La noticia escueta del “traslado” significaba la confirmación de la ejecución del preso. Por el Collado de Soria pasaba con frecuencia una camioneta llamada “la Cordera” camino de la cárcel o de regreso cargada de presos para fusilar. Llevaba como adorno un corderito en el tapón del radiador, y en los laterales sendas calaveras pintadas.

Se fusilaba en cualquier sitio, al borde de las carreteras preferentemente y cerca de algún pueblo, avisando después, aunque no siempre, a los vecinos para que los enterraran. Más de una vez se dijo: “y si no los enterráis, mejor; que se los coman los perros”. Hubo lugares en los que los fusilamientos fueron constantes y repetidos. Así en Soria, la Venta de Valcorba y sus alrededores, los llanos de Chavaler, el cementerio de Las Casas y el cementerio de la capital. En la Venta de Valcorba, los sepultureros, algún alguacil y un bombero se encontraron a 9 personas con las cabezas machacadas.

En la provincia, fueron lugares predilectos para los fusilamientos, la Cuesta del Temeroso, el llamado llano de la muerte de Bayubas de Abajo y un lugar cerca de Calatañazor. donde en solo día fueron fusilados alrededor de una docena de personas. El lugar que bate el récord fueron las “Matas de Lubia”, donde entre sorianos y prisioneros de Sigüenza, descansan varios cientos de personas, entre ellas algunas mujeres. “Hoy hemos toreado 32 becerros y una novilla”, dijo un bárbaro, a la puerta del Casino de la Amistad.

Tras la victoria fascista, siguió una represión inmisericorde, fría, calculada, sistemática. Según José Miguel Naveros, entre abril de 1.939 y 1.945 perecieron más de 200.000 Republicanos Españoles, víctimas de los consejos de guerra y de los campos de concentración, sin contar los muchos miles que fueron ejecutados sin juicio.

Continúa en la Parte 2: Los CRÍMENES


Documento original: El libro “La represión en Soria durante la Guerra Civil” de Gregorio Herrero Balsa y Antonio Hernández García


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