La dignidad del maestro LIBERTARIO, FRANCISCO PORTALES SIRGADO, ASESINADO de una paliza por criminales franquistas en Valladolid en 1941

Francisco Portales Sirgado word pressMaría Luisa pudo por fin encontrar los restos de su bisabuelo 82 años después del golpe rebelde fascista. Llevaba más de un año dando palos de ciego, preguntando en puertas equivocadas, rastreando en archivos de media España y persiguiendo rastros incompletos: «En mayo de 2017, visitando el cementerio de Zahínos, municipio de la provincia de Badajoz, vi la lápida de mi bisabuela, Luisa, pero no estaba la de él. Pregunté y me dijeron que lo habían matado después de la Guerra, cuando iba en una cuerda de presos en Guadalajara. Pero otros me decían que murió en Valladolid. Y comencé a buscar».

El bisabuelo Francisco no era un hombre que pasara desapercibido. Nacido el 10 de mayo de 1871 en Zahínos, había recibido de sus padres la vocación por la enseñanza, que comenzó a ejercer como interino en la escuela de su pueblo, pero también el compromiso político. Como recuerda el Grupo de Memoria Histórica de la CNT de Valladolid, que ha reconstruido su biografía, fue elegido concejal en 1902 y 1906 y ejerció la Alcaldía en dos ocasiones, en 1909 y entre enero de 1910 y diciembre de 1911. También tuvo tiempo de participar en la creación de la Sociedad Civil ‘El Progreso’, fundada en 1902, y de ejercer la vicepresidencia en su junta directiva.

Padre de 14 hijos –no todos llegarían a la edad adulta–, les inculcó sus ideales progresistas y libertarios al tiempo que ejercía la docencia como maestro nacional en Santas Martas (León), Sesnández de Tábara (Zamora) y, finalmente, en Guadalajara, donde le sorprendió el estallido de la Guerra Civil. Una de sus hijas, Suceso Portales Casamar, afiliada a la CNT desde 1934, participó en la fundación de Mujeres Libres. Francisco se afilió al sindicato único de enseñanza de CNT a finales de julio de 1936 y a la FAI en octubre de 1938, en plena contienda, y participó al lado de las autoridades republicanas hasta la definitiva caída de Guadalajara, el 28 de marzo de 1939, en manos de las tropas franquistas.

Por eso no pudo escapar. Desde la prisión de Brihuega fue conducido a la de la capital guadalajareña. Sometido, en mayo de 1940, a un implacable Consejo de Guerra, argumentos como haberle visto con un gorro anarquista fueron suficientes para condenarle a 20 años y un día de prisión por el delito de «auxilio a la rebelión». Un mes más tarde, el Ministerio de Educación ratificaba su separación definitiva de la profesión. Al menos le conmutaron la pena por la de 12 años y un día. El 10 de marzo de 1941 se ordenó su traslado a la colonia penitenciaria de la Isla de San Simón, frente a la ría de Vigo, junto a otros 5 presos.

Pero en la prisión vallisoletana donde ingresó como preso en tránsito, varios guardias le propinaron una brutal paliza por enseñar a leer a otros presos. Era el 18 de marzo de 1941. Falleció ese mismo día a las 3 de la madrugada. Sus restos fueron depositados en la fosa de los pobres del cementerio municipal de El Carmen. Y a continuación, el silencio y el silencio. Su bisnieta, María Luisa Hernández Portales, vino a Valladolid con un ramo de flores y una doble petición para el Ayuntamiento: exhumar sus restos para darles una sepultura digna y colocar una placa conmemorativa en la antigua Cárcel Nueva en homenaje a las víctimas del Franquismo.

Una demanda interpuesta ante el Juzgado de Instrucción solicitando la exhumación de los restos de su bisabuelo fue sobreseída y archivada. Lejos de arredrarse, María Luisa sigue fiel a su cometido y está siendo apoyada por el Grupo de Memoria Histórica de la CNT vallisoletana, aprovechando las actuaciones que el consistorio vallisoletano, por medio de la ARMH, está realizando en el cementerio de El Carmen. María Luisa ha recurrido también a la justicia argentina. Dice que no se rendirá, que removerá lo que sea necesario para restañar la dignidad herida de su bisabuelo, el maestro libertario.


Referencia original: El Norte de Castilla (Enrique Berzal). Francisco Portales Sirgado, El maestro libertario (Grupo de Memoria Histórica de CNT Valladolid)


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