PEDRO URIGUEN PEREA, combatiente REPUBLICANO del Ejército de Euzkadi, ASESINADO por los franquistas en Mendata en 1937

Pedro Uriguen Perea word pressPedro Uriguen Perea era natural de Amorebieta-Etxano (Bizkaia). Pertenecía al batallón Otxandiano del Eusko Gudarostea (Ejército de Euzkadi). Durante el bombardeo de la aviación legionaria italiana sobre Durango, el 31 de marzo de 1937, cayó herido en la rodilla por metralla. Mataron a más de 30 de ellos y dejaron malheridos a otros tantos en una de las zonas que protegían a Bilbao en el denominado Cinturón de Hierro. Para entonces, Gernika ya no tenía defensa, aunque poco podían haber hecho ellos, salvo entorpecer, quizás un día o dos, el avance de las tropas nazionales equipadas con artillería y carros pesados.

El frio que pasó después, y los últimos kilómetros de caminata en columna, entre los comentarios fatales y el recuerdo confuso todavía, pero grave, del bombardeo de Gernika, el primero contra población civil en una de las llamadas guerras modernas, fue un mal presagio. El camino que siguió Pedro entre el monte Oiz y el caserío Goitia en el barrio de Marmiz, en Mendata, en el extremo sur de la comarca de Gernika-Bermeo, fue el último que hizo en defensa de la libertad, de la República española y de Euskadi. Aquel 28 de abril de 1937, 2 días después del bombardeo de Gernika, no le quedó más remedio que quedarse junto a aquel árbol esperando la muerte. Las heridas eran tan graves, tan profundas, y el batallón había quedado tan diezmado que ya no había opción para que se produjera el milagro de un traslado a un puesto médico.

Todavía se escuchaban los motores de los aviones nazis alejándose después de destrozar la columna de gudaris del batallón Otxandiano que se acercaba a Gernika para intentar cortar el paso a los nazionales. Posiblemente en ese último abrazo sintió el calor de su amigo Julián, quien también, con lágrimas en los ojos, intentaba convencerle para llevarle, aunque fuera a rastras, a un lugar más seguro. “Vete Julián, márchate, que estos van a venir otra vez”. Julián le contó a su hijo Vicente, que Pedro le soltó los brazos para que pudiera escapar y salvar la vida; que le dejó allí, y que después de tanto sufrimiento y tanta desgracia, abandonar a su amigo a una muerte segura era un dolor que todavía le embargaba cada mañana, cada vez que miraba a los montes de Marmiz, cada puesta de sol. Pedro Uriguen Perea se quedó apoyado en un árbol, con unos enormes agujeros en su cuerpo y a punto de morir.

Cuando los rebeldes franquistas pasaron la zona fue hecho prisionero donde estaba oculto tratando de recuperarse de sus heridas. Un mando del ejército franquista, tratando de hacerse el héroe ante sus soldados, sacó su pistola reglamentaria y se la puso en la cabeza. El rebelde sabía perfectamente por el uniforme y las insignias que llevaba, que el soldado era un soldado vasco, un gudari, y que para los nazionales todo lo vasco era “ rojo separatista” y “antiespañol”. Le quiso obligar por 2 veces que dijera “ Viva España” y por dos veces obtuvo el silencio como respuesta y a la tercera en una explosión de valentía y arrojo viendo que su fin era inmediato, Pedro dijo en alto “ Gora Euskadi Askatuta” (Viva Euskadi Libre) e inmediatamente el franquista le descerrajó un tiro en la cabeza matándolo allí mismo.

Cuando Pedro Uriguen Perea fue asesinado tenía 25 años. Un casero, con mucho miedo pero con determinación, robó a hurtadillas su cadáver del árbol en el que pasó las últimas horas, y lo enterró en una tumba anónima mirando al Gorbea, hacia las tierras más secas del sur, hacia Álava. Posteriormente, envió de forma anónima a un convento de Zornotza la documentación del soldado muerto. Varios monjes conocidos de Uriguen recibieron de esta forma clandestina las indicaciones del lugar donde estaba enterrado. El secreto lo compartieron sus familiares más directos con las indicaciones de dónde había sido enterrado, colocando en el lugar una cruz y una fotografía en el que depositaban cada año un ramo de flores para honrar su memoria. Cada año le lloraban sin que se notara su sufrimiento. Esa tumba ha permanecido oculta durante décadas en un cómplice secreto.

El pasado 27 de agosto su cuerpo, enterrado en una fosa en una ladera de Mendata, fue exhumado mediante prospección realizada por la la Sociedad arqueológica de Ciencias de Aranzadi. La tumba estaba rodeada de laurel y aquel día de sus 6 sobrinas. Una vez desenterrados los restos óseos se tomaron muestras de ADN para su identificación y hacer entrega a sus familiares. Cuenta José de Arteche en su libro “el Abrazo de los Muertos”: “Hombres instalados en sus criminales puntos de partida. Nadie dice que hay que rectificar. Nadie dice que hay que pedir perdón”.


Originales: Crónicas a pie de fosa, incluyendo imágenes (Jesús Pablo Domínguez Varona, Aiyoa Arroita Lafuente). El País (Pedro Gorospe, Gorka Lejarcegi)


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