JUAN ANTONIO GAYA TOVAR, médico, REPUBLICANO, asesinado por delincuentes franquistas en Soria en 1936: La FOSA de los ILUSTRES

Juan Antonio Gaya Tovar ilustres word pressJuan Antonio Gaya Tovar nació en Tardelcuende (Soria) en 1876, pertenecía a la burguesía ilustrada. Ejerció como médico rural en la provincia de Soria, y a partir de 1920 en la capital donde se trasladó con sus hijos Benito, Juan Antonio y Amparo. Allí fue también fue profesor de gimnasia del Instituto de enseñanza secundaria, presidente del Colegio de Médicos y cofundador del diario La Voz de Soria. Fue concejal en el ayuntamiento de Soria durante la década de 1920. Miembro del Partido Republicano Radical Socialista y después de Unión Republicana, y compromisario para la elección de Presidente de la República en abril de 1936.

Su formación humanística y su inquietud intelectual, le llevaron a interesarse por los problemas de la sociedad española desinteresadamente. Su sentido de la ética y de la justicia no estaban conformes con una situación social de carácter regresivo, sentía las exigencias de actualizar las estructuras socio-económicas y culturales estancadas desde hacía decenas de años. Gaya no era un revolucionario, sino un Republicano reformista que creía en avanzar por cauces legales, respetando los intereses legítimos, para conseguir una España más justa, más progresiva, más solidaria.

Con el golpe fascista de julio de 1936, los requetés tomaron Soria el 21 por la tarde. El gobernador Alvajar y el diputado Artigas huyeron a Madrid. Gaya permaneció hasta el último momento al lado de las instituciones Republicanas. Asistió a la última reunión en el Gobierno Civil, ya prácticamente perdida la última oportunidad de resistir, con el corazón atenazado por el dolor de ver cómo una obra positiva y una esperanza cierta de regeneración iban a desaparecer por la sinrazón de la fuerza. El teniente coronel de la guardia civil Ignacio Muga controlaba la plaza. El 22 de julio de 1936 el doctor Gaya fue reclamado para atender a un herido, fue delatado, detenido y trasladado al Cuartel de Santa Clara, y el 1 de agosto a la prisión provincial.

Al tiempo irrumpieron un grupo de requetés gritando ¡Viva Cristo Rey! en el domicilio del doctor Gaya, donde se encontraba su esposa, un hijo paralítico y su hija Amparo, joven estudiante de bachillerato. Registraron violentamente el domicilio, arrojaron muebles a la calle, destrozaron otros, insultaron groseramente al joven incapacitado y a las 2 mujeres. Sus vecinos, el profesor de francés Alfredo Gómez y su esposa, profesora de Magisterio, doña Manolita Asenjo, religiosos y derechistas, pidieron inútilmente de rodillas a los fascistas que cesaran los destrozos, jurando que la familia avasallada era digna del mayor respeto.

Aunque fue liberado provisionalmente, un día después, la noche del 16 de agosto de 1936 fue de nuevo arrestado. En el violento zarandeo al doctor se le cayeron las gafas. Al reclamarlas, quien fuera alumno suyo en el instituto le espetó: «Sepa, profesor, que a donde va no las necesita». Gaya rebuscó en su bolsillo un documento que le exoneraba de responsabilidades. De nada le sirvió mostrarlo. De madrugada los camisas azules lo subieron junto a otros detenidos a una camioneta que rápidamente los dejó en las tapias del cementerio del Espino. Allí Juan Antonio Gaya fue fusilado sin juicio previo.

Junto a Gaya fueron asesinados Aurelio Bourgeal Vázquez, 64 años, casado y con 4 hijos, jefe de Telégrafos, Republicano no adscrito a ningún partido. Anastasio Vitoria García, 53 años, casado y con 3 hijos, alcalde de Ágreda, conocido abogado, pertenecía a Unión Republicana. Manuel Blanco Sampedro, 29 años, casado y padre de los artistas Reden y Ulises Blanco; fotógrafo y director del periódico anarquista ‘Trabajo’. Militaba en la CNT. Jesús Chicote de Pablo, 31 años, practicante, vicepresidente del PSOE, vocal de la Junta de la Casa del Pueblo; presidente de la Agrupación de Oficios Varios de UGT. Nicasio Nájera Blanco, ferroviario de 28 años y Joaquín Ranz Borjad, delegado de hacienda de 41 años. Los cuerpos de todos ellos fueron arrojados a la “FOSA común de LOS ILUSTRES”. En ella siguen, sin exhumar, sin recibir digna sepultura.

Después de asesinado, en 1937 los franquistas declararon a Gaya incurso de responsabilidades políticas. Los bienes de su familia fueron embargados y se le impuso una multa de 7000 pesetas, cuyo abono se realizó malvendiendo instrumental médico y alhajas familiares. Juan Antonio Gaya Tovar, un hombre machadianamente bueno, era padre del historiador y escritor, el ilustre Juan Antonio Gaya Nuño, autor del mejor libro escrito sobre Soria y todavía no superado, y del lingüista Benito Gaya Nuño.


Referencias: Wikipedia. Heraldo-Diario de Soria (HDS y José María Martínez Laseca). Desde Soria. Y el libro “La represión en Soria durante la Guerra Civil” de Gregorio Herrero Balsa y Antonio Hernández García


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