Los FUSILAMIENTOS de REPUBLICANOS de Ateca (Zaragoza) por rebeldes franquistas en el barranco de la Bartolina en 1936

Ateca word pressAteca (Zaragoza) fue tomada en Julio de 1936, por tropas insurrectas, guardia civil y falangistas. Hubo numerosas detenciones de Republicanos que acabaron retenidas en el ayuntamiento. El 18 de agosto de 1936 la población de Ateca fue congregada en la plaza para hacer un “acto de sumisión a la patria y a los representantes legales”. Los discursos de los franquistas no presagiaban nada bueno. La soflama del párroco Mosén Benigno insistía en separar “la mala hierba de la simiente”.

Muchos asistentes suplicaron entre lágrimas que no los ejecutaran. La sensación era de fatalidad, rayana en el pánico generalizado. Los detenidos fueron introducidos en camiones, y los rebeldes informaron que iban a ser conducidos a un acto propagandístico en Calatayud. Con ese pretexto obligaron también a gran número de los concentrados en la plaza a subir a otros camiones. Los escasos 15 km que hay hasta Calatayud se vivieron con gran angustia. Se respiraba una tensión irrespirable. Todos creían que el “paseo” acabaría en un fusilamiento general.

Por fin la mayoría de los camiones llegó a la Plaza del Fuerte de Calatayud. Los últimos camiones, entre los que se encontraba el de los detenidos, se retrasaron intencionadamente. Algunos pudieron ver que, una vez pasado Terrer, giraron a la izquierda internándose en el barranco de la Bartolina. Allí fueron fusilados 13 atecanos afiliados a Izquierda Republicana, al PSOE, la UGT, las Juventudes Socialistas y a la CNT. La guardia civil los describirá más tarde en sus informes como “agitadores y extremistas peligrosos” y “contrarios al movimiento patriótico nacional”. También les acusará de haber proferido gritos de desafección y levantar el puño en alto cuando a principios del mes los reclutas de Ateca fueron despedidos en la estación de ferrocarril para incorporarse a sus destinos en el servicio militar. Hijos muchos de ellos de atecanos de izquierdas, sus padres intentaron evitar que fueran a engrosar el ejército que se había rebelado contra la República.

Los atecanos que llegaron a Calatayud fueron obligados a presenciar, como en tiempos que creían pasados, una ejecución pública. En medio de la plaza se había levantado un patíbulo. A un lado, formados militarmente, los soldados, falangistas y requetés. Al otro, no menos de 2.000 civiles de Calatayud y de otros pueblos de la comarca. Por un papel tirado en el suelo se enteran de que el que va a ser ajusticiado es Francisco Bueno Herrero, el Estirao, conocido socialista bilbilitano al que apresaron días antes en Sediles. El papel es una de las muchas octavillas repartidas para convocar a los bilbilitanos a la ejecución.

Una descarga cerrada de los fusiles del pelotón abatió al dirigente socialista. La sentencia se ha cumplido. Tras la ejecución, a ritmo de marchas militares, los vecinos de Ateca fueron obligados a desfilar por delante del reo, como espectáculo y escarmiento popular. También desfilaron centenares de señoritas de Ateca y varones que, en manifestación, habían venido a Calatayud. Las ovaciones al Ejército, los vivas a España y mueras a los traidores fueron enormes.

Después del desfile los vecinos de Ateca comprobaron horrorizados que el camión que transportaba a sus paisanos detenidos llegaba vacío. El viaje de retorno a Ateca se hizo en medio del silencio y el desconcierto. Nadie alberga dudas sobre cuál ha sido su destino. Al llegar, algunos se acercan a cumplir el penoso deber de informar a sus familias. Más tarde se supo que uno de los fusilados en el barranco de la Bartolina, el primer teniente de alcalde y vicepresidente de la UGT de Ateca, Antonio Alvaro, había conseguido arrastrarse malherido hasta la carretera y pedir ayuda en una casa. Nadie le auxilió, por miedo a las represalias. Tras 12 horas de agonía en soledad, un tiro de “gracia” a bocajarro acabó con su sufrimiento. Tenía 43 años. A día de hoy se ignora qué hicieron con sus restos.

La macabra historia era contada siempre en voz baja en las casas. El barranco de la Bartolina se fue convirtiendo en el mayor y el más activo cementerio de la comarca de Calatayud. Jamás se sabrá cuántos Republicanos de Ateca y de los restantes pueblos de la comarca hay enterrados en él, fueron innumerables los detenidos en cada población que jamás volvieron a sus casas. En Ateca se realizaron varias “acciones de limpieza” más, como el fusilamiento del alcalde, Agustín Ayerbe, el 29 de octubre. Tenía todos los números para ser asesinado pues había incomodado a muchos que no veían con buenos ojos su afán por deshacer las injusticias y llevar a cabo sus ideales republicanos y socialistas. Los últimos fusilamientos parece que se realizaron en el mes de noviembre.

Algunos pudieron huir, como Enrique Bendicho, alcalde de Ateca durante el primer bienio republicano tuvo que huir, posiblemente el 19 de julio de 1936, pero terminó en un campo de concentración francés, país donde falleció. El asesinato de su hijo por los fascistas fue su venganza por no haber encontrado al padre, algo de lo más habitual en aquel verano del 36 del “terror caliente”.


Original de Daalla (Fusilados de Torrellas), según el libro de Javier Alvaro, “Segunda República y Represión franquista en Ateca (Zaragoza). La historia oculta de una fosa común del barranco de la Bartolina”, al que pertenecen las imágenes y también en el libro “República y Republicanos. Socialistas y republicanos de izquierda en Zaragoza y provincia (1931-1936)”, de E. Bernad, E. Casanova, R. Ceamanos, J. Cifuentes, J.L. Ledesma, V. Lucea y P. Maluenda.


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