SILENCIO y TUMBAS, la deplorable PRISIÓN franquista de mujeres REPUBLICANAS de Saturrarán

saturraran word pressUnas 4.000 mujeres, de entre 16 y 80 años fueron privadas de la libertad entre 1937 y 1944 en la cárcel franquista de Saturraran, entre Mutriku y Ondarru (Gipuzkoa). Algunas estaban embarazadas o con hijos de pocos meses. Eran custodiadas por monjas Mercedarias, de la vigilancia exterior se encargaban soldados y guardias civiles. La monja teresiana Carmen Castro Cardús dirigió con mano de hierro la prisión tras la fundación del penal. Las Republicanas fueron sometidas a durísima disciplina por las monjas, que hasta negaban la leche a los niños pequeños. Especialmente cruel era la superiora sor María Aranzazu Vélez de Mendizábal. “..sor Pantera blanca, tenía los hábitos blancos pero el corazón muy negro..casi todas las monjas eran como demonios..”. Hubo una monja que, viendo las condiciones infrahumanas en que vivían las prisioneras, decidió abandonar los hábitos mercedarios.

Cada presa disponía de unos 45 centímetros de suelo, en el que tuvieron que pasar la mayor parte de su tiempo, repartidas en 3 pabellones distintos que albergaban a madres, ancianas, y las más jóvenes. Su único delito: ser esposas, madres, hijas, novias, de algún Republicano, detenidas como chantaje o castigo hacia sus familiares, acusadas de “no haber sabido contener a sus hombres”, “haberse mantenido fieles al orden legal de la República, delito de rebelión”, muchas habían destacado por su fidelidad Republicana. Fueron clasificadas de «extremadamente rebeldes y peligrosas» para el “nuevo orden de España”.

Balbina tenía 16 años cuando fue detenida en 1937 por falangistas en Bilbao, se encontraba jugando a ‘la cuerda’ con sus amigas. Permaneció encarcelada en Saturraran 5 años, 4 meses y 10 días. Ana Morales tenía 17 años cuando la denunciaron por ser espía comunista. Ella lo negó todo. Ingresó en prisión embarazada. En la cárcel de Ventas (Madrid) dio a luz a su hijo y fue trasladada a Saturraran junto a otras 25 madres con sus 25 niños. Carmina Merodio acababa de cumplir 16 años, fue detenida, querían saber los nombres de los rojos significativos de Panes (Asturias). Carmina no sabía nada, la amenazaron con fusilarla llevándola al cementerio. Igualmente fue a parar a Saturraran.

Las presas de Saturraran no tenían baño, hacían sus sus necesidades en cubos aguantando el fétido olor durante días. Los niños dormían en los brazos de sus madres, literalmente amontonadas en el escaso espacio de las celdas. El párroco hacía fotos a las presas, obligadas a salir bien vestidas, sonrientes, dando una imagen de armonía y bienestar. Enviaba las fotos a los periódicos de la época para dar una buena imagen de la prisión. Las puertas de sus celdas tenían un agujero por el que las monjas podían observarlas, la presión como castigo. Las presas y sus hijos pasaban mucha hambre, las monjas les robaban la comida, confiscaban los alimentos que enviaban las familias de las presas o familias solidarias de Ondarroa, Mutriku y Deba, para venderlo en el mismo economato de la cárcel o en el estraperlo en el exterior. Jamás vieron la carne ni el azúcar, todas las mañanas se levantaban con el olor a tocino y huevos fritos, alimentos que nunca probaban. Comían mendrugos de pan, plato de patatas o lentejas, con gusanos.

El estudio de Emakunde señala que “las prisioneras recuerdan el frío y la humedad de las celdas de castigo, que se encontraban a la altura del río, siempre había un palmo de agua en el suelo que alcanzaba casi el metro cuando subía la marea; con marea alta penetraba en la celda, las reclusas debían subirse a altillos para no mojarse. Así y todo, a veces el agua les llegaba a la cintura“. Fueron sometidas a jornadas de trabajo interminables, prohibiéndoles cantar, reír y hablar euskera. Les obligaban a rezar el rosario fueran o no creyentes. A las más ancianas las obligaban a pasear con una lata de 5 kilos hasta que desfallecían. Encerraban a las presas durante 15 días a pan y agua, descalzas, semidesnudas.

Todas callaban agachaban la cabeza, por miedo, a que les quitaran a sus hijos, a las celdas de castigo. Muchos de sus hijos fueron entregados a familias franquistas. Otros fueron a parar al Auxilio Social desconociéndose su destino. Contaba Carmina Merodio que “Lo que pasaron aquellas pobres mujeres con sus hijos fue espantoso, las presas temían que las monjas se los robaran con el pretexto de llevar a los niños al médico. Lo más terrible eran las muertes continuas de niños, las monjas hasta les negaban la leche. Quien es capaz de quitar la comida a un niño es capaz de todo».

Un día las madres salieron al patio con sus hijos, vinieron unas monjas Teresianas en un autocar y mandaron a las mujeres a lavar al río. Les dijeron que los mayores de 5, 6 y 7 años, un centenar, iban a pasar un reconocimiento médico. Cuando las madres volvieron los pequeños ya no estaban, no los recuperaron nunca. En el mejor de los casos, familias de localidades vecinas se hicieron cargo de las criaturas. Otros acabaron en la inclusa de las religiosas y fueron dados en adopción. Según el historiador Ricard Vynyes, “la legalidad franquista propiciaba que los padres de los niños perdieran la patria potestad, que pasaba al Estado o a una familia siempre que ésta fuera profundamente católica y adepta al Régimen” .

Un fatídico atardecer del año 1944, decenas de niños entre 3 y 5 años fueron arrancados a golpes de los brazos de sus madres presas en Saturraran, para ser enviados a un destino incierto a bordo de un tren. Cuenta Vinyes en su obra Presas Políticas. “Funcionarias y religiosas ordenaron a las presas que entregasen a sus hijos. Hubo un alboroto considerable, palizas y castigos. Teresa Martín tenía 4 años y sólo recuerda estar siempre con su madre: “..Siempre o en brazos de mi madre o de la mano de mi madre. Sólo nos separaron una vez, pero fue para siempre..”.

En esas abyectas condiciones murieron 57 niños por diversas enfermedades, tifus, sarna, difteria; sus madres no pudieron hacer nada para evitarlo. Murieron igualmente 116 mujeres, enfermas, agotadas, maltratadas, asesinadas, macabro balance de esta historia sin sentido. Las rosas de Saturraran fueron mujeres como Marcelina Felgueroso, María Martín, Dionisia Chérvoles, Antonia Cuartero, Felicidad González, Lucrecia Martínez.. Así, hasta 116 mujeres. Un listado de las defunciones se encuentra en Asturias Republicana.

Ante el temor de que la derrota de los nazis pusiera fin a la dictadura fascista en España, el régimen decidió cerrar el penal en 1944, siendo las reclusas trasladadas a otras prisiones. El doctor de la prisión, Luis Arriola les comentó: “Pueden dar gracias ustedes a la situación internacional, si no, no hubiera salido ninguna de aquí. La que hubiera salido habría ido a Alemania, pero de aquí no hubiera salido ninguna viva”.

En 2007, en el primer homenaje institucional a las Rosas de Santurraran, la asociación Ahaztuak denunció los canallas objetivos del franquismo : «Plan de exterminio: arrasar la hierba, arrancar de raíz hasta la última plantita todavía con vida, regar la tierra con sal, después matar la memoria de la hierba. Para colonizar las conciencias, suprimirlas; para suprimirlas, vaciarlas de pasado. Aniquilar todo testimonio de que en la comarca hubo algo más que silencio, cárceles y tumbas. Está prohibido recordar».


Documentos: Moon Magazine ( Pilar Molina García). Las Merindades en la Memoria. El Correo (Itsaso Álvarez). Público (Alejandro Torrús). Situación penitenciaria de las mujeres Presas en la Cárcel De Saturraran. Eva Jiménez, Ander León, Izaskun Orbegozo, Laura Pego, Ana Isabel Pérez, Laura Vozmediano. Gara (Jon A. Larreategi)


Viva la República Española. Por el reconocimiento de los Soldados Republicanos Españoles, que sufrieron ejecuciones y exterminio tras su heroico combate contra el franquismo. En Europa se les honra por su lucha contra el nazismo, pero en España siguen olvidados, FIRMA Y COMPARTE AQUÍ