Capitán ANTONIO FENOLL CASTELL, un brillante profesional, REPUBLICANO, FUSILADO por agentes franquistas en Granada en 1936

Antonio Fenoll Castell word pressAntonio Fenoll Castell, era natural de Orihuela, hijo de José y de Concepción. Fue un oficial genuinamente comprometido con la causa Republicana, con una dilatada y brillante hoja de servicios: más de 24 años de profesión militar, sobresalió por sus dotes de mando, eficacia, disciplina y eficiencia en la instrucción, con cualidades excepcionales en orden de batalla, como pudo comprobarse en la campaña de Marruecos, que le hizo acreedor de recibir la Cruz de Primera Clase de Mérito Militar con distintivo rojo como oficial del Tercio, así como la Medalla militar de Marruecos, entre otras distinciones.

Fenoll era desde 1930 capitán en el Regimiento de Infantería Lepanto nº 5 (Córdoba nº 10) con mando en Granada. Fue su último destino, fue separado del mando y detenido en prisión militar el 25 de julio de 1936. El falangista José Valdés Guzmán, comandante sublevado de Intervención y flamante gobernador civil de Granada desde 20 de julio 1936 (por “autoproclamación”), fue uno de los principales testigos de cargo contra Fenoll Castell. En la instrucción de la causa Valdés y otros oficiales de Infantería afirmaron: “que respecto al Capitán Fenoll sabe que es de ideas izquierdistas, de todo tiempo que lo conoce llegando a su conocimiento, sin que pueda precisar por qué conducto, el que en la Sala de Banderas en ocasión de audiciones de radio había hecho algunas manifestaciones en que calificaba de descabellado el movimiento militar”.

Cuando Arjimo Hach Ali, esposa de Antonio Fenoll, intuyó las consecuencias dramáticas de la detención y procesamiento de su esposo, se personó en las dependencias del Gobierno Civil (Duquesa). Allí se produjeron instantes de máxima tensión protagonizada por Valdés y la compañera de Fenoll que reclamaba, en vano, la libertad y clemencia para con el padre de sus hijos. Arjimo Hach llegó a “zarandear” a Valdés, en tono amenazante, por la impotencia de la situación. Valdés, fríamente, reaccionó: “Que me la quiten de enmedio también”. Pero, según recuerda su hija Purificación Fenol, “..no se atrevieron por miedo a las repercusiones de haber fusilado a una mujer musulmana..”

Antonio Fenoll y el resto de procesados, militares leales a la República (Oterino, Martínez Álvárez-Valcárcel y Muñoz Punzano, de Infantería y el capitán de Intendencia Bonifacio Jiménez Carrillo) se negaron a acudir el 17 de agosto de 1936 al lugar fijado para la vista militar “en protesta por la falta de garantías en el procedimiento”. Fueron obligados finalmente a comparecer y, con entereza, Fenoll les habría lanzado: “Solo soy un militar y soy inocente de los delitos que se me imputan”.

Pero la sentencia venía ya hecha. Todos los procesados fueron condenados a la máxima pena por considerárseles autores (¡del delito de traición!, pena que le fue conmutada por prisión perpetua a Bonifacio Jiménez Carrillo), con accesorias de degradación de sus insignias militares porque formaban un comité dentro del Cuartel del Regimiento celebrando entre sí frecuentes reuniones y manteniendo relaciones con el espía marxista (Alejandro Otero), cooperando todos ellos dentro de su esfera y a la medida posible a cada uno en el suministro de datos de necesario conocimiento a las fuerzas marxistas.

Se casó con Arjimo Hach-Blach horas antes de ser asesinado. El 18 de agosto de 1936 Antonio Fenoll fue fusilado, tenía 48 años. Terminaba así una brillante carrera militar. Atrás dejaba 4 hijos menores y una esposa a los que se les obligó a partir “con lo puesto y sin medios económicos” al destierro en Larache, hasta su retorno a Granada en 1945. Pudieron rehacer sus vidas gracias a la solidaridad de gentes de bien que admiraban la valía de un prestigioso militar injustamente fusilado que nunca fue olvidado, aunque llorado en silencio.

Purificación Fenoll rememora con ternura y admiración a su madre quien educó a ella y hermanos en el respeto alejándoles del odio estéril y del rencor paralizante. Les supo insuflar el valor de principios ciudadanos nobles y el valor del esfuerzo y de la educación. Con las dificultades obvias de ser “hija de rojo” culminó sus estudios y consiguió una cátedra universitaria, puesto en el que se jubiló.


Extractado del artículo de Rafael Gil Bracero en Granada Hoy


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