TERRORISMO falangista en Salamanca

TERRORISMO falangista en Salamanca word pressTantos años sabiendo que el cuerpo del padre, del hermano, del marido, yacen mal enterrados al borde de cualquier camino; años de rabia contenida y miedo desbordado. Salamanca conoce muy bien la historia de aquellos falangistas que no fueron a montar guardias junto a los luceros porque lo suyo no era la trinchera, sino el robo, el asesinato y la violación. Doña Fe, viuda del diputado José Andrés y Manso, presidente de la Federación Provincial Obrera (UGT), contaba que “..le dije a mi marido que nos fuéramos, pero el me contestó que nada malo había hecho y que debía quedarse en Salamanca, no creía que le fueran a hacer nada, siempre había actuado transparente y todos conocían su honestidad.

Se equivocó: nos saquearon la casa y a el se lo llevaron preso. Fue a buscarlo a la cárcel Bravo, que luego seria director del periódico «La Gaceta Regional» y alcalde franquista de Salamanca. Bravo explicó a mi marido y a Prieto Carrasco, que había sido alcalde durante la República, que los trasladaban a Valladolid. Mi marido le dijo a Prieto: No necesitamos equipaje. Nos llevan a fusilar..¿Confesarse, dice usted? ¡ Esto es un cuento! Mire, yo soy muy cristiana, la historia de que mi marido pidió confesar es mentira. Mi marido tenia la conciencia tranquila, era un hombre bueno que siempre ayudó al débil y por eso le asesinaron..”. El general Cabanellas dio el visto bueno, sacaron de la cárcel a José Andrés y Manso y a Prieto Carrasco, y sin juicio ni diligencia alguna el día 24 de julio de 1936, se los llevaron al monte, a La Orbada, y allí al borde de un camino los asesinaron juntos.

Doña Fe contó muchas más cosas de aquella juerga sucia que fue la represión franquista en Salamanca. Habló y no acabó de ese personaje con nombre de tebeo, Diego Veloz, hijodalgo neófito y terrateniente, que asoló con sus hordas falangistas los humildes hogares del campo salmantino. Historias rezumantes de odio y sangre. El Golpe de Estado rápido había fracasado y los militares necesitaban una retaguardia que no crease problemas; lo más fácil era cerrar los ojos ante el terrorismo falangista.

Contaba la viuda de José Caballero: “..El 9 de agosto por la mañana vinieron a buscar a mi marido. Armaron mucho alboroto, mi hijito lloraba y al padre le dieron una patada tremenda porque les dijo que no asustaran al niño. Se llevaron en un camión hasta el Pedroso de la Armuña a Valentín Póveda Gallego, Paulino Póveda Gallego, Salvador González Gómez, Agustín González Herrero, José Caballero, Manuel Martín y Simón Rodríguez. A los 4 primeros los asesinaron en el monte de La Orbada; el resto los llevaron a la cárcel de Salamanca, donde fueron entregados al Capitán Centellas, que era el padre o el hermano de Don Manuel, el cura de aquí, y el canalla dijo: «¿A qué me traes carne viva?». Aquella misma noche los asesinaron en la Fuente de la Platina, en las tapias del cementerio de Salamanca. No tuvo mejor suerte Manuel Herrero, fusilado tras un conciso juicio de un tribunal militar. Cuando nos enteramos, hacia 2 días que estaban muertos y los habían dejado sin sepultura: después de muertos les habían pasado un camión por encima… yo vi las marcas de las ruedas en el pantalón de mi José..”. Los crímenes de estos 8 hombres se reducían a su condición de izquierdistas; en El Pedroso ni siquiera había habido enfrentamientos sociales graves.

Los asesinos fueron Don Manuel, cura párroco; Marcelino García, que fue alcalde; Agustín Franco y Emilio Martín. El cura Don Manuel, aseguraba la viuda de José Caballero, “..fue una piel de las malas, fue el peor, daba misa en la iglesia de San Juan Bautista en Salamanca..”. El escritor Agustín Salgado en su novela «La Grama» sobre los asesinatos del Pedroso explica :”..La responsabilidad de don Manuel fue enorme: él llamó a los falangistas y él confesó o trató de confesar a los 8 detenidos. El cura negó que confesase a aquellos hombres, decía que él no sabía que los fueran a fusilar pero, aún así, tuvo la responsabilidad de no haber impedido que se los llevaran..”

La viuda de Salvador González, la señora Rosaura Gómez no podía hablar sin lágrimas en los ojos: “..A Salvador lo vinieron a buscar, a las 10 de la mañana los falangistas y 2 de la «guardia cívica» del pueblo, eran Segundo Rodríguez y Emilio Martín, que se retiró de sargento de la guardia civil. Al cruzar la plaza se topó con 2 del pueblo, Baltasar García y Teodoro Rodríguez, que dijeron a los falangistas que «ése es de los peores» y le llevaron detenido. Le llevé algo de dinero, un papel y un lapicero, para que me escribiera desde donde fuera a estar; se abrazó de mí y del niño que tenía 9 meses. Por la tarde los subieron atados a un camión, los falangistas se reían de ellos y les cantaban el «réquiem», pobrecillos. Los asesinaron al borde de un camino. A varias hijas de los fusilados las raparon y las hacían cantar el «caralsol»; lo mismo que a la viuda de Manuel Martín, que un día le cambiaba los pañales a su hijo y decía en voz alta: «¡Que por 4 sinvergüenzas te tengas que ver tú así!» y se la llevaron al ayuntamiento y la ataron a una columna y tuvo que ir su padre a ponerse de rodillas para que la soltaran, pues tenia que dar el pecho al niño”


Documentos: Foro por la memoria, Intervíu nº 177, 4-10 octubre 1979 (Ángel Montoro). Memorial de la Orbada. Imagen, El Norte de Castilla (Víctor Antoraz)


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