DOMINGO LASAOSA MORER, Administrador de Correos, REPUBLICANO, fusilado por los franquistas en Huesca en 1936

Domingo Lasaosa word pressDomingo Lasaosa Morer (Huesca, 11-II-1899), estaba casado con Basilisa Lafarga Cabrero con la que tuvo 2 hijas. Hombre de convicción republicana, no era persona que buscara notoriedad social, a pesar de desempeñar un alto cargo en la oficina de Correos en Huesca y tener la oportunidad de relacionarse con lo más granado del mundo funcionarial y aun profesional de la ciudad. Apenas encontramos referencias a su persona en la prensa de la época, más allá de alguna nota oficial relativa al servicio. Sí aparece su elección en el comité local del Partido Radical Socialista en julio de 1931, como vocal, junto a Sebastián Mompradé Pardo, a quien los franquistas fusilaron en Huesca el 21 de octubre de 1936, y el médico Juan Arenas. Posteriormente militó en Izquierda Republicana, partido que aglutinó a concejales, diputados y alcaldes de la ciudad y la provincia.

Participó en el entierro de los capitanes Galán y García Hernández, sublevados en Jaca y fusilados en Huesca el 14 de diciembre de 1930, suceso que conmovió a la opinión pública y dejó una honda huella en la personalidad política y sensibilidad de Domingo Lasaosa. Su incorporación a la manifestación Republicana pudo influir en el ánimo de algún denunciante próximo a su ámbito profesional, al menos así lo ha tenido por cierto la familia. Entre el funcionariado del Cuerpo de Correos, el republicanismo se hallaba muy extendido, por lo que fue un estamento muy perseguido por el régimen franquista. Su compañero, el inspector provincial y amigo Julio Nogués también fue fusilado, 3 días después que Domingo Lasaosa.

Domingo Lasaosa fue destituido en el momento mismo del arranque del golpe de Estado. Correos era considerado un centro neurálgico y por tanto todos los responsables debían ser de la máxima confianza de los militares sublevados. Le sustituyó León Corella, hombre del naciente Movimiento. Lasaosa se refugió en su casa oficial en el propio edificio de Correos, donde fue detenido el 19 de julio y conducido a la prisión provincial, pero debido al hacinamiento de la prisión el día 20 fue puesto en libertad. Sin embargo el 22 de septiembre fue nuevamente detenido por orden de la Comandancia Militar.

En la cárcel encontró a muchos presos conocidos, entre ellos su compañero Julio Nogués, al que a diario obligaban a picar trincheras en los perímetros de la ciudad. Fue precisamente el testimonio de Nogués el que refiera a sus propios familiares que el 14 de octubre, Domingo Lasaosa fue llevado ante el pelotón de fusilamiento en el cementerio de Las Mártires, y cómo los verdugos dijeron a los presos que habían olvidado las llaves de las esposas y hubieron de cortar las manos a Lasosa para recuperar los grilletes ensangrentados.

Es de señalar en este punto la coincidencia del macabro relato con el testimonio contenido en una pieza separada del consejo de guerra contra Eufrasio Bujeda González, fusilado el 23 de noviembre de 1939. Adelina Díaz Ordóñez fue testigo «en los primeros días del Glorioso Movimiento, de ese guardia de Asalto, acompañado de unos falangistas; llevaban a un detenido y tan apretadas le pusieron las esposas, que las llevaba metidas en la carne y para quitárselas le pusieron las manos encima de un tronco de árbol frente a la puerta de su casa, y con un hacha le cortaron las muñecas para quitarle las esposas».


El texto está extractado de un fragmento de «Todos los nombres. Víctimas y victimarios (Huesca, 1936-1945)» de Víctor Pardo y Raúl Mateo, según Todos los nombres, o Diario del aire


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