MACARIO RODRÍGUEZ GARCÍA y su mujer, ÁNGELA RODRIGO BEROJO, embarazada, ASESINADOS por guardia civil y falangistas en Aranda de Duero en 1936

Ángela Rodrigo Berojo, y Macario Rodríguez García word pressMacario Rodríguez García, un peluquero natural de la localidad burgalesa de Campillo de Aranda, y su mujer, Ángela Rodrigo Berojo, “La Sinoforosa”, fueron detenidos en su domicilio el 17 de agosto de 1936 por miembros de la guardia civil al mando del capitán Enrique García Lasierra y de falange, y conducidos a los calabozos de la cárcel de Aranda de Duero (Burgos). Dos días después el matrimonio y otro detenido más fueron “sacados”, y llevados a un lugar conocido como La Lobera. “A mi abuela –que estaba embarazada–, la violaron, le abrieron el vientre y a los hombres les pegaron un tiro. Los tres fueron enterrados en esa fosa.

Estos graves delitos dirigidos por miembros de la guardia civil, además de los más de 3.000 asesinatos de Navarra, deben ser considerados crímenes de lesa humanidad o genocidio. Enrique García Lasierra fue responsable de la muerte de más de 700 vecinos de Aranda de Duero y la comarca, siendo recompensado por estos hechos ya que la guardia civil le ascendió «o premió los crímenes que cometió contra la población indefensa» con el grado de general de brigada. Poco después sería nombrado hijo adoptivo de Aranda, título que aún conserva.

Teófilo Goldaracena, nieto de Macario y Ángela, lleva años luchando por recuperar su memoria. Teófilo recurrió a la vía judicial para intentar recuperar su cadáver después de contactar con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que en diciembre de 2006 presentó varias denuncias con el mismo objetivo. Los restos de Macario y Ángela fueron recuperados en 2005 durante los trabajos de exhumación de las fosas comunes del paraje de La Lobera, apareciendo además 46 cadáveres. Goldaracena ha aportado el informe de la exhumación llevada a cabo por un equipo científico de la Universidad de Burgos. Queda claro que murieron asesinados por arma de fuego en agosto de 1936.

El informe dice que a Ángela la enterraron viva, ya que el tiro «entró y salió por la mandíbula». Según testimonios orales: «Estando atado el abuelo junto a otro vecino en el campo, los falangistas procedieron a violar a mi abuela delante de su marido, que estaba embarazada, para posteriormente abrirle la tripa y mofándose de su acción mataron a mi abuelo y a la otra persona que fueron enterrados en la misma fosa». «En Aranda se decía que todo pudo venir porque al terrateniente Aurelio Rojo, le gustaba Ángela, intentó quitarse de en medio a su rival, al final, les costó la vida a los dos».

Teófilo Goldaracena interpuso una denuncia contra la guardia civil por crímenes de lesa humanidad, no para perseguir y condenar a los autores, que en su gran mayoría ya han muerto, sino por la memoria a los muertos, que se aplique justicia, se declare responsable al Estado y se repare a las familias. La solución no pasa por recibir una cantidad económica, sino que se reconozca la verdad. «Es una historia de marginación y miedo. “Pretendo restituir el buen nombre de mis abuelos, que se conozca la verdad de lo que ocurrió –contó Teófilo–, la única hermana de mi abuelo, que aún vive, está aterrorizada porque teme que me ocurra algo por estar removiendo este asunto”.

Sus abuelos fueron víctimas de un crimen masivo que se produjo en la primera quincena de agosto de 1936 en Aranda de Duero, junto a otros muchos ocasionados en aquellas fechas y en otros lugares de España». Muchos asesinatos no se registraron para no dejar huella de lo que se estaba haciendo, y numerosas familias aún estén pendientes de recuperar los cuerpos. Teófilo considera al instituto armado responsable «de sembrar el terror en miles de familias de Navarra y Burgos, y en el Estado español, a través de la persecución y posterior asesinato masivo de miles de ciudadanos indefensos, que solo querían mejorar su calidad de vida, con el solo objeto de hacer imperar el miedo, provocando la Dictadura de Franco, derrotando al sistema legítimo del pueblo español, como fue y posiblemente volverá a serlo la República». Teófilo califica a la guardia civil de institución«terrorista» y cuestiona que siga «viva, activa y armada», se dedicó a matar y a perseguir demócratas y efectuar ejecuciones obedeciendo órdenes de la cúpula franquista, entre ellas las de sus familiares con el agravante de violación incluida.

Los crímenes franquistas no prescriben porque por su carácter sistemático y masivo constituyen crímenes de lesa humanidad. No es aceptable que a estas alturas en un régimen democrático sigan existiendo desaparecidos. «La condena a los etarras por crímenes de lesa humanidad debe hacerse extensiva a la guardia civil, a este asesino, que fue el que dio la orden de matar a casi todas las víctimas de la Ribera. La institución no solo no se ha arrepentido por esta reprobable actuación sino que ocho décadas después aún no ha pedido disculpas a las miles de familias españolas que continúan viviendo con el miedo y el terror que la guardia civil sembró».


Documentos: Tiempo de Hoy (Carlos Fonseca y Alejandrina Gómez). Diario de Burgos (J.C.O.). Errepublika


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